sábado, 3 de octubre de 2009

Nixon Leodán

Desde hace más de año y medio que soy párroco en una extensa provincia andina del Perú. No he llevado la cuenta de cuántos bautismos habré celebrado en estos meses pero calculo que son varios cientos. Una de las cosas que a veces me ha sorprendido, pero más: divertido, es el hecho de tener que escribir y escuchar ciertos nombres que los papás, gente muy humilde, ha decidido poner a sus hijos.
Recuerdo aquella vez que bauticé a Ronaldinho, un niño que no tenía ningún parecido con aquella estrella del fútbol pero que así se llamaba. Y aquella tarde en la que me encontraba cansado y debía bautizar a una fila de niños pequeños entre los cuales estaba esperando su turno Zinadine Zidane... Un colega me refirió que una vez en una comunidad tuvo que bautizar a Nolberto Solano (por lo menos era producto peruano).
Pues, hace poco en una comunidad muy pobre me encontré bautizando a: Nixon Leodán. Cuando lo bautizaba me puse a pensar que seguramente su mamá era admiradora de aquel presidente norteamericano o que quizá su papá era un fanático melancólico del cantante chileno que ahora está calvo y bien gordo. Bueno, el hecho es que Nixon Leodán algún día será grande y no sé si le gustará su nombre, quizá sí, quizá no.
Nuestra gente sencilla tiene una lógica muy curiosa al poner nombres a sus hijos. Muchos ponen nombre a sus hijos recordando las personas que les han ayudado, personas a las que admiran, incluso personajes de la televisión, del mundo de la farándula, del fútbol, de la música; también hay papás que en sus hijos quieren de algún modo inmortalizar hechos o acontecimientos relevantes, como aquel padre de familia que le puso a su hijo: Conflicto, en aquellos años en que el Perú tenía un conflito fronterizo con el Ecuador...
Recuerdo haber tenido yo una confusión de sentimientos al haber escuchado los nombres de ciertas señoras ya mayores tales como: Erótida y Circuncisión.
Pero por otro lado, no pocas veces los nombres que los padres modernos ponen a sus hijos reflejan una cierta alienación cultural. Conocí hace un tiempo a un niño que se llamaba: Shuázneger (supongo que aludiendo al actor de Terminator), y aquella vez que un papá furioso quiso que su niña se llamase: Venus (por la tenista norteamericana). Hay varios Jackson y Taylor diseminados en nuestros pueblos andinos y puede ser que contemos decenas de Sharon entre nuestras niñas. Recuerdo que el primer nombre extraño que oí de niño fue: Aysenjahuer (supongo que aludiendo a un histórico mando militar norteamericano).
Pienso que el nombre de algun modo describe a la persona y es de validez eterna. Seremos juzgados por Dios según nuestro nombre, Él nos conoce por nombre y así nos llamará por la eternidad.
Yo no sé cómo responderán muchos padres de familia que a la hora de buscar nombres a sus hijos parece que lo toman a broma o les parece que están nombrando a una mascota de la casa. Porque si hay que decir algo más, algunos nombres creo yo que son una tremenda falta de caridad de parte de los progenitores. Y no voy a enumerar en este momento por no hacer sentir mal a nadie más.
Me gusta llamarme Israel, se lo agradezco a mi padre, aunque durante varios años tuve problemas emocionales por mi segundo nombre, pero gracias a la fe y a la teología creo que los he superado. Deo Gratias por ser Serafín.
Qué bueno saber que Dios nos ama y nos llama por nuestro nombre.

2 comentarios:

Ana dijo...

He recordado un hecho anecdótico. Sucede que a mis dos primeros hijos mi esposo les escogió sus nombres entonces a la última decidimos que sea yo quien escoja, busqué en una revista donde figuraban los nombres y su significados. Ahí se leía muy cláramente que Claudia significaba "guerrera". Así que escogí ese nombre y mi esposo añadió Mercedes por la Virgen de las Mercedes.
A pasado el tiempo y buscando en internet los significados de los nombres me doy con la sorpresa de que Claudia significa "coja". Lo cual me generó cierto remordimiento e incomodidad.
Un buen día escucho que mis dos últimos pequeños estaban discutiendo sobre los significados de sus nombres, el segundo le decía a la pequeña que su nombre Pedro, significaba piedra y que además era el nombre del primer Papa, que había sido discípulo de Jesús; y se burlaba diciéndole que en cambio el de ella significaba "coja" con las consiguiente muecas y sorna. Pero Claudia muy segura de sí y sin inmutarse le contestó: Depende de como lo mires porque la "piedra" no tiene vida, no es un ser viviente. En cambio "coja" puede ser un ser viviente que tiene inteligencia y puede decidir; Así que quien sale perdiendo, le dijo...
Mi hijo Pedro no supo que contestar ante tan contundente observación.
Y desde ahí me siento menos culpable por mi equivocación, o en todo caso la de la revista.
Pero quisiera añadir que los padres deberían tomar más en serio la elección de los nombres de sus hijos, indagar sus significados y explicar el por qué escogieron tal o cual nombre; ya que así seremos llamados por toda la eternidad.

P. Israel Martínez, O.S.J. dijo...

Eso es Ana, debemos recordar que los nombres que nos ponen en el bautismo tienen validez eterna. Ojalá entendamos mejor aquello.
Gracias.