lunes, 28 de septiembre de 2009

Los dueños de la fe

Llevo ya algunos años de seguimiento del Señor y no dejo de asombrarme de ciertas actitudes que a mí me parecen por lo menos chocantes en el ambiente de fe. He titulado este artículo "Los dueños de la fe" para hacer alusión a algunos creyentes o grupos de creyentes que terminan adueñándose de las cosas de la fe, las convierten en sus armas y llegan a considerarse muy por encima de todos los demás, jerarquía incluída, creyéndose poseedores de una extraña e indocumentada infalibilidad.

Caso 1:
Los celosos cuidadores de la fe.
Es un grupo de personas mayores, que por diversas circunstancias de la vida hoy por hoy son los celosos guardianes de las "santas" costumbres de fe: ellos saben todo acerca de la historia de cada florero del templo, de cada imagen, de cada altar. Están atentos a cualquier peligro de modificación, de cambio de ubicación de floreros-imágenes-altares. Ellos son los sempiternos encargados de tal y cual procesión, ellos conocen los secretos arcanos de cómo se hace tal o cuál rito. Están siempre atentos a eliminar, enfrentar o denunciar cualquier "novedad". Nada ni nadie los puede detener: en misa estarán medio cabizbajos, medio dormidos, pero alzarán las cejas apenas adviertan que hay "peligro" de ofensa a sus "santas" costumbres. Allí están, agazapados y atentos, ellos son los cuidadores de la fe.

Caso 2:
Los "Cristianeitors" (equivalente cristiano del "Terminator").
Estos son un poco más agresivos. Usan una espada afilada que llaman "Tradición". Si tuvieran que vestirse consecuentemente, tendrían que usar botas, cotas de malla de acero, escudos, lanzas y andarían montados en caballos, es decir serían cruzados modernos. Son los defensores natos de "la fe", imbuidos de un extraño celo cristiano que les hace actuar anticristianamente: mienten, difaman, calumnian por lo bajo contra quienes les parecen enemigos.

Caso 3:
Los "auténticos católicos". No son tan agresivos pero se creen los dueños de la fe, los dueños del grupo, de la asociación, de la manzana, del barrio, de la parroquia, de La Iglesia. Gracias a ellos muchos aprenden a ser virtuosos pero estos "auténticos católicos" son un mal marketing para nuestra fe, porque generalmente se vuelven antipáticos y provocan la repulsa de los demás.

En fin, yo he individuado estos grupos de "dueños de la fe", seguramente Uds. podrán identificar también otros "dueños". Yo pienso que hoy como ayer siguen siendo necesarias la humildad y la sencillez para guardarnos de caer en estos errores. Porque si hay algo que caracteriza a los dueños de la fe es la poca humildad que respiran y el mucho orgullo que les atrapa. Y, agrego más, me permito decir que estos fenómenos los he visto más entre laicos y seglares que entre clérigos y religiosos.

Qué bueno volver a escuchar en el evangelio a Jesús que nos invita a ser como niños, a aceptar el Reino con el corazón de niños. Sí, porque Él también sufrió el ataque de los dueños de la fe de su tiempo, el ataque de fariseos, escribas y maestros de la ley.

Que Él nos conceda sencillez y humildad, oro fino en el campo de la virtud.

2 comentarios:

Ana dijo...

Sí me he chocado con algunos que se creen dueños de todo, porque estuvieron más tiempo en determinado cargo, o porque fueron los fundadores, o porque estuvieron años realizando tal o cual labor, perennizados, detenidos en el tiempo, con costumbres y hábitos que repiten al pie de la letra. Cuando se les sugiere alguna innovación o cambio elevan sus voces diciendo que es imposible o se escandalizan. Hasta para cambiar de lugar un ornamento o mueble se oponen menos aun si se trata de un rito o ceremonia.
Pero debo admitir que muchos padres de familia -y me incluyo- no incentivamos a nuestros hijos a que innoven y queremos muchas veces que sigan haciendo las cosas de idéntica manera como nosotros las realizamos y cuando hacen algún cambio (sobre todo en el hogar) pecamos en recriminarles, de repente de ahí viene nuestra mala costumbre de ser reacios a los cambios, a las novedades, se nos vuelve más cómodo repetir y repetir y sin querer vamos cortando las alas a la creatividad, al cambio.

P. Israel Martínez, O.S.J. dijo...

Es verdad. Como que a veces el ambiente que respiramos, tan contradictorio, se vuelve reacio a la creatividad, opuesto a la inventiva también. A mí me parece que Jesucristo, el Dios verdadero, nunca deja de ser una sorpresa y su palabra nunca deja de ser novedad, pero qué mal juego le hacemos cuando nos estancamos en lo que creemos saber (¡cuánto orgullo y autosuficiencia!). Sin embargo, si Dios nos llama a convertirnos constantemente debemos estar abiertos al cambio de vida, de mentalidad, para aceptar la novedad del único Evangelio.
Gracias Ana, Dios te guarde.