domingo, 30 de diciembre de 2007

El corazón en la congeladora...

Hace unos días he leído la carta de un muchacho de un país "desarrollado" y me he quedado impresionado, primero por su franqueza y luego por la situación que está atravesando. Este chiquillo cuenta que en medio de todo su mundo él se esfuerza por ser responsable, recto y trabajador, que aunque su ambiente, su barrio, es difícil él trata de caminar en línea recta. Y luego pasa a contar que él se ha mostrado veraz con las chicas que ha conocido, que ha jugado limpio siempre, que las ha respetado, pero que por más que lo ha intentado no acaba de encontrar una sola chica que no piense sino en ir a bailar y pasear en la moto todo o casi todo el día, que no acaba de encontrar una chica que... piense por sí misma y que fije su mirada en algo más que pasarla bien y darse la gran vida. Y él se pregunta: ¿Será justo que uno se esfuerce por vivir en linea recta y sea serio y cultive un alma profunda y no pueda encontrar una persona igual para por lo menos poder conversar sobre algo que valga la pena? ¿Es justo que las cosas sean así? ¿Dónde está la gente con corazón?
Me temo que este buen muchacho tiene razón en su "protesta" si las cosas son así. Pero lo que me deja pasmado es que existan en su entorno tan pocas personas -pocas chicas en este caso- que den la talla, que tengan alma pues. Y no es ésta una crítica de género. Quizá alguna lectora asidua de este blog podrá decir lo mismo con relación a los varones de su entorno y posiblemente no le faltaría razón.
Pero, ¿de dónde sacamos la gente con corazón? ¿De dónde sacamos la gente con alma? ¿Son muchos o pocos los que tienen cierta profundidad de alma? ¿Dónde se origina ese pasotismo como forma de vida, esa superficialidad como modo universal de proceder? ¿Será que hemos puesto el corazón en la congeladora? ¿Eso es "estar al día"?
Hoy celebramos a la Sagrada Familia de Jesús, María y José. Y quizá en esta bendita y feliz familia podemos encontrar alguna respuesta o alguna explicación que nos pueda volver a calentar el alma.
En Nazaret María era el alma de la casa, era el corazón, era el calor y la acogida, la sonrisa y el canto. José era el soporte de todo, la columna vertebral, el apoyo, el timonel, el sustentador (no sólo "nutricio" sino mucho más...). Jesús era la esperanza, la alegría, la vida, el motivo, el entusiasmo, el sentido de todo. Y Dios lo era todo en todos. Y Nazaret era un cielo en pequeño, una maqueta de vida eterna, una maqueta de gloria futura.
Y seguramente María y José habrían sido los forjadores del corazón humano de Jesucristo. Todos nodotros necesitamos de calor de amor, necesitamos de acogida, necesitamos de sabernos amados y aprobados. María habrá hecho experimentar estas realidades a Jesús desde pequeño y seguramente él no habrá aprendido a poner el corazón en la congeladora sino que lo habría usado mucho ya desde tierna edad. Y José daba el soporte en este aprendizaje, la firmeza, la perseverancia, el cariño también fuerte y exigente. Aquellos tres se amaban y con mucha sencillez y sin aspavientos. ¡Qué bello cuadro aquel en el que no se dismulaba el cariño ni la entrega, ¿no es así?! Y cualquier persona que habría pasado por Nazaret lo habría notado y experimentado, el taller de ese pobre artesano era muy especial porque allí se amaba.
No hay duda de que si todas las familias acostumbrasen a sus hijos a vivir en ese estilo sencillo y amable nadie tendría por qué sentirse sólo ni tendríamos el pasotismo y la superficialidad como forma de vida. Y entonces no se formarían generaciones de gente que ha puesto el corazón en la congeladora y a la que le basta con una vida hecha de apariencias.
Y vuelvo a pensar en aquel muchacho al que aludía al comienzo de éste artículo. ¿Será que ahora con el frío familiar cada vez más extenso -divorcios, infidelidades, experimentos "familiares"- en muchos países se están forjando más adolescentes y jóvenes que seguramente tienen el corazón en la congeladora? ¿Llegará un día en el que nuestras sociedades se vuelvan tan frías y superficiales que no puedan soportar a alguien que reclama un poco de autenticidad y profundidad de alma?
Nazaret fue un auténtico HOGAR, es decir, un centro de calor, de calor del corazón en el que todos se podían sentir amados y considerados por ser ellos mismos sin disfraces y sin intereses. Las familias están llamadas a ser HOGARES, centros de amor, de calor y acogida, donde cada quien puede sentirse bien.
¿Y qué pasará si todos corremos tras nuestros intereses personales sin que nos importe en absoluto dar, amar, gastarse por el otro? Si eso sucede, la familia será imposible, será imposible el calor y seremos seres con el corazón congelado disimulando nuestra temperatura interior bajo cero mientras el alma se muere de frío.
Y digo ahora como Esthercita, una niña que conozco: Quiero tener unos brazos graaaandes, graaandes para abrazar a todos los que no se sienten amados y decirles que yo los quiero mucho porque Diosito los quiere mucho.
José bendito y María, Madre nuestra, ayúdennos a dar la vida con corazón grande y a romper las barreras que nuestros egoísmos han levantado y que nos impiden acoger y demostrar cariño a los que nos rodean; concédannos del Buen Dios el coraje y la valentía de tomar la iniciativa para amar a quemarropa, para que podamos descongelar cualquier corazón y así calentar el nuestro también.
Amén.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

San José es un buen ejemplo de verdadero padre, que ama a su hijo, lo educa con el ejemplo, lo protege y no espera que le retribuyan el esfuerzo. Quizá falta que el mundo lo conozca mejor.

P. Israel dijo...

Es que los que no buscan figurar pasan desapercibidos. Sólo son valorados por la gente más honesta y observadora. San José es uno de esos desapercibidos que pueblan el mundo y que hacen mucho bien sin aspavientos. Y es verdad, no se conocen tantos que no esperan que les retribuyan el esfuerzo... no es común tanta generosidad. Debemos dar gracias por San José y los que son como él.
Gracias por tus palabras.