jueves, 19 de junio de 2014

DEJEN LAS LENTEJITAS EN PAZ, POR FAVOR.

Hace algún tiempo, cuando un amigo me contaba las “creencias” propias de su pueblo natal, quedé muy sorprendido al escuchar, por ejemplo, que sus paisanos solían comer lentejitas los días lunes y la razón era muy simple: atraían dinero para la casa.  Traté de sonreír discretamente y me di cuenta de que hace rato también las lentejitas entraron al mundo de las supersticiones populares.  Y como las lentejitas, hay muchos otros alimentos y cosas que se usan o que se evitan para que todo “vaya bien” y para que no nos pase nada “malo”.

¡Si nuestras vidas dependieran de unas lentejas…!  De fondo está el tema tan extendido de las supersticiones.  “Creencias”, les dicen.  Es una absoluta verdad que la Sagrada Escritura, la Biblia, condena firmemente este tipo de “creencias”.  Algunas personas han llegado al extremo de unir incluso este tipo de cosas con elementos de religiosidad católica. Y claro, los detractores de la fe católica se llenan la boca afirmando que nuestra fe impulsa y ama las supersticiones.  Y nada puede ser más falso e injusto.

Cierto que nos falta instrucción de fe.  Y claro, cuando no hay experiencia auténtica de Jesucristo, llenamos el corazón y el ansia religiosa con una increíble variedad de “creencias”, que más que eso son supersticiones. 

Una vez un amigo ingeniero me contaba que muchos de sus colegas han optado, cuando construyen un edificio, en obviar el piso número 13.  Claro, el número 13 es, según estás “creencias”, de mala suerte.  Y ciertamente, quieren ahorrarse un “mal destino”.

Lo más triste y nefasto de las supersticiones es que se concede a ciertos objetos, gestos o ritos “poderes”, “fuerzas” o “virtualidades” que de hecho no tienen.  En una palabra: divinizamos las cosas, gestos o ritos.  Y divinizar una cosa creada es ofender gravemente a Dios.  Porque es afirmar tácitamente que algo que Él ha creado tiene más poder y más inteligencia que Él mismo.  Se confía más en una creatura que en el Creador.  Se llega a depender de una cosa, de un gesto o de un rito.  Acabamos esclavizados, dependientes, confiados en cosas que no nos dan la salvación. 

Las supersticiones:
-          infunden temor,
-          cortan la visión de eternidad: nos hacen pensar sólo en esta vida, en esta tierra, en las cosas que vemos;
-          nos hacen fijar la atención más en la “suerte” que en la salvación eterna;
-          se piensa en cómo vivir sin fatalidades más que en vivir santamente;
-          se piensa que la muerte es como un monstruo malvado y no una simple puerta a la eternidad, como en verdad lo es para un seguidor de Jesucristo. 
-          ya no hay pecado en el horizonte, simplemente se habla de “mala suerte”;
-          ya no hay necesidad de salvación, sino de “protección”;
-          ya no hay campo para la oración, sino para “invocaciones”;
-          ya no importa la conversión personal sino el “cumplimiento exacto” de ciertos ritos, gestos o el uso exacto de objetos que traen “suerte”;
-          ya no hay mandamientos divinos que cumplir sino “cábalas” y “ritos” que realizar sin falta ni tardanza;
-          ya no hay libertad personal sino un “destino” que depende de los astros, de las cosas, de los colores, de los alimentos o de los números;

Pienso que como verdaderos católicos, deberíamos hacer una especie de limpieza total de supersticiones.  Yo propongo que un buen día nos atrevamos a renunciar a cualquier creencia absurda y supersticiosa que en el fondo nos aparta de la confianza en el verdadero y único Dios Vivo: Jesucristo. 

Todo lo que los Evangelios no consideren como válido para salvarnos, no lo debemos aceptar.  Para ello ciertamente habrá que estudiar más la Palabra de Dios, realizar más seguido –si es posible diariamente- la Lectio Divina, por ejemplo.

Cuántas veces he observado que algunas personas que se dicen muy de fe están tan apegadas a ciertas “creencias” que más son supersticiones y necedades.  ¡Cuánta confianza se pone en aquello que no salva ni da vida eterna!  ¡Cuánto tiempo gastado en supercherías!  ¡Cuánto dinero desperdiciado en necedades!  ¡Cuánto miedo y esclavitud por aferrarse a cosas que desagradan a Dios y que son abominación! 

Y no hemos hablado mucho de los famosos horóscopos, absurdas invenciones, necias programaciones, estúpidas predicciones que arrastran a tanta gente a una vida dependiente de cosas que nunca les salvarán ni les darán vida eterna.  Y tantos fetiches, amuletos y demás cosas que se llevan entre las prendas con la finalidad de que todo nos “vaya bien”.  ¡Tanta inútil creencia en energías, chakras, vibraciones, magnetismos, áureas!

Definitivamente, cuando se saca a Jesucristo del corazón, de la propia vida, se vende el futuro a charlatanes y se embarga la vida en supercherías.  También el internet está plagado de cosas así.  Me sonrío al ver o al recibir a veces algunas fotos con mensajes que terminan así: “Envíala a tus contactos en este momento y en nueve segundos recibirás una bendición”.  Lo más probable es que recibas una buena descarga de virus.

Jesucristo ha venido a darnos vida y vida en abundancia, no permitamos que ciertas “creencias” sin fundamento arruinen nuestro camino de salvación y distraigan nuestro espíritu de su empeño por vivir una vida auténticamente santa y ofrendada al Señor.


1 comentario:

danna chavez gamarra dijo...

Padre eso de las lentejitas es un mita de mi familia ahora por ud, he aprendido que lentejitas se prepara cualquier dia y eso he escho esta semana ya no hize un lunes por eso y muchas cosas mas quiero darle las gracias a ud, y a la madre Karina por todas las cosas k nos enseñan domingo a domingo, gracias por todo Padre quisiera imitarlos aunque sea un poquito para estar y agradarle a Dios y a nuestra Reyna de la Paz,