jueves, 11 de septiembre de 2008

Lluvia, barro, resbalones y un fierrazo.... (conclusión)

A la mañana siguiente tenía que visitar una comunidad que ya conocía y que estaba relativamente cerca de la sede parroquial. Hacía un sol envidiable, el cielo despejado, buena música católica en la camioneta y en fin, ¡vida y paz!
Pero como varias veces digo, no puede ser posible tanta felicidad junta en esta tierra. No le había dado mucha importancia al hecho de que el día anterior había "volado" un tornillo del arco de protección de la tolva posterior de la camioneta. Con todos los baches de la carretera seguramente el arco de fierro con su peso habría ido aflojando los demás tornillos y cuando estaba cerca de mi lugar de destino sucedió lo que iba a suceder: se safó totalmente el arco de fierro y lo ví ceder para atrás por el retrovisor. Fue entonces que pensé: ahora rompe las luces de atrás. Frené sin precaución y sin recordar las leyes de la física y el resultado fue muy sencillo: el armazón de fierro se vino contra el parabrisas posterior y lo hizo añicos. Todo en cuestión de segundos. Me quedé atontado por lo que veían mis ojos. Tuve que recoger el armatoste y tratar de meterlo en la tolva o en la cabina, pero no entraba en ningún lugar. Luego de unos malabares lo acomodé como carga de último momento y, con los asientos polvorientos y con muchos restos de parabrisas llegué a mi destino del día.
Un descuido, poca experiencia, y todo lo demás originó esa explosión en mis oídos en un zas. Fue allí que comenzó mi meditación de ese día: cuántos fierrazos en la vida que en unos segundos nos destrozan el esquema, cuán fuertes y firmes debemos ser para poder afrontarlos sin deprimirnos, sin rrenegar demasiado, sin perturbar nuestra paz, sin arruinar cosas bellas que tenemos a mano. Mientras sacaba restos de vidrio y miraba empolvada la camioneta pensaba en todo lo que es necesario limpiar en mi propia vida...
Llegué a la capilla señalada y me dispuse a comenzar la Eucaristía: si eran cinco personas ya era demasiado. Pensaba en la poca efectividad de nuestro esfuerzo. Y mientras elevaba el Cuerpo de Cristo recordé que la última cena fue ante todo un momento familiar, entre pocos, en pobreza y en medio del peligro inminente y que a Jesús ese día se le había roto una gran amistad y ese dolor él lo llevaba adentro, se le había ido uno de sus amigos.
Y concluí la gira pensando en lo pasajero que es todo, excepto aquellos momentos de eternidad donde Dios es el protagonista.
Volví a la sede paroquial con mis vidrios y fierro rotos, empolvado y pensando en que es necesario romper la vida para ofrendarla a Dios.
Y pedí a Jesucristo que nunca se me rompa su amistad.

5 comentarios:

voyageur dijo...

magníficos relatos Padre Israel.
Nos mantenemos unidos en el amor misericordioso de Dios.

Esos senderos que Ud. relata, son fenomenales, sinceramente amo y alabo a Dios por haberme dado la oportunidad de recorrer.

Animo misionero, Dios te ama y va contigo.

Un fuerte Abrazo

P. Pablo.

annabel dijo...

P. Israel: feliz Domingo en el SEÑOR. Que bueno que al abrir mi correo lo primero que me encuentro es con su Blog. Y este acontecimiento que le pasò, es como cuando uno dice " ME LO MANDO DIOS", puès ayer tuve una dificultad y me acostè molesta por eso, y era una tonterìa. Ahora, Ud fue su instrumento para que me de cuenta una vez màs que SOLO DIOS BASTA. Un abrazo Padre y mis mejores deseos para Usted. Annabel Barrios ( Venezuela)

Fabiola Cuba dijo...

P. Israel, gracias por transmitirnos su experiencia, cuan importante es relacionar todo lo que nos acontece con una visión y mentalidad kerygmática. su experiencia me ha hecho recapacitar en que todo lo que hacemos o dejamos de hacer tiene trascendencia y consecuencia.
y sólo cuando se nos viene encima el fierraso recien recapacitamos. Gracias por sus enseñanzas.
Que nuestra Madre lo guarde bajo su velo de Virgen bajo su manto de Reina y en su corazón de Madre.
Fabiola
Renovacion Carismatica Católica

P. Israel Martínez, O.S.J. dijo...

Gracias amigos por sus palabras. Sólo Dios sabe el bien que podemos hacer por un gesto, una palabra, un "Ánimo". El Reino de Dios se construye desde lo pequeño de cada día y se forja en las almas, cualquier cosa cotidiana puede ser objeto del Reino, puede hacer parte de los intereses de Jesús.
Dios les acompañe y bendiga P. Pablo, Nikkita, Fabiola y Annabel.
Hasta pronto.

Anónimo dijo...

El verdadero sentido del amor es renuncia y entrega total. Mas allá de lo que demostró Jesús cuando estuvo aquí, pienso que nos enseñó lo incondicional que debe ser el AMOR.
Saludos

Daniel