miércoles, 9 de enero de 2008

«La niña del corazón bueno»

Un día como hoy, 9 de enero, hace dos años, pasó de este mundo al Padre una chiquilla que a muchos que de algún modo le hemos conocido nos ha dejado el aroma de un alma buena y muy de Dios; se llamaba Dami. A continuación y recordándola con gratitud reproduzco algo que escribí a poco de su fallecimiento y doy gracias a Dios por el don de su vida entre nosotros que aunque breve fue muy intensa y fecunda en amor y fe para gloria de Dios.

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Hace poco tiempo que Dami nos dejó para irse con el Buen Dios. Los que hemos tenido la gracia de conocerle "más de cerca" nos damos cuenta de que en ella Dios nos ha enviado un tremendo regalo.
Pocas veces he podido "ver en vivo y en directo" un corazón tan grande y generoso y a la vez tan normal y tan de carne.
La Providencia hizo que la conociese, aunque sea sólo vía Internet. Debo decir que al principio, cuando me refirieron sus padecimientos y sus cruces sentí desgano por decirle algo, no porque no quisiera ayudarla sino porque en realidad no sabía cómo podría ayudarla. De hecho, no quería decirle frases de cumplido o repetirle versículos bíblicos tan sólo. Luego de un primer mensaje que lo escribí más por un impulso del Buen Dios, ella tuvo la gentileza de responderme y con mucha amabilidad.
Desde entonces me asombró en gran medida su inobjetable madurez y su realismo al aceptar todo lo que le iba pasando. No era Dami una de esas personas que han crecido entre rezos y oraciones, tampoco era una chiquilla descreída, era una jovencita normal, muy normal, con su fe, con sus dudas, con sus lícitas ilusiones y también con su propia cruz. Cierto: habían momentos en que llevada por sus sufrimientos (los sufrimientos de ver sufriendo a los suyos por su causa...) protestaba y se quejaba. Jamás pensé que esos fugaces arrebatos proveniesen de un corazón mezquino, la trataba de comprender: una juventud hermosa truncada por un cáncer, unos ideales nobles que se iban al agua, una familia muy bonita que ella no quería dejar... y pienso que en todo ello tenía gran parte de razón. Alguna vez creo que le dije no había ningún problema si ella le discutía y protestaba a Dios, que yo también lo suelo hacer de cuando en cuando (disculpen si escandalizo a alguien, gracias). Tenía sus momentos "depresivos", claro que sí. Pero se reponía y buscaba a sus amigos.
Alguna vez creo que le dije: "Dami, te han quitado las piernas, pero no te han cortado el alma, sé lo que eres, sé lo que debes ser, ensancha el corazón..." Reíamos virtualmente y también enjugábamos alguna lágrima ante la pc.
Le pude hablar de mi Jesucristo, las palabras fluyeron sin esfuerzo. Percibí que ella estaba ávida de conocerLe. Le hablé de la gloria eterna y yo mismo me sentí reconfortado. Ella me decía que se sentía muy bien al escuchar mis "rollos". Me alegró bastante saber que todo ello le hacía bien al corazón. Me consuelo también saber que en especial en los últimos años fue asidua a recibir los sacramentos: la Reconciliación, la Eucaristía y la Unción.
Hace algunos años yo escribí un opúsculo titulado "Sólo para corazones generosos". Se suponía que yo dominaba (por lo menos teóricamente) el arte de la generosidad. Pero desde que fui conociendo a Dami me dí cuenta que ahora era yo el que estaba recibiendo invalorables cátedras de esa misma generosidad.
No escribo esto porque alguien me lo haya pedido, tampoco lo he prometido a nadie, pero creo que (espero que Dami esté de acuerdo conmigo) todos tenemos derecho a beneficiarnos de los buenos ejemplos de nuestros hermanos mayores en la fe.
Y es que Dami, según la conocí, fue sencillamente generosa de corazón. Y creo que ahora, estando en Dios no puede sino ser hermana mayor en la fe. No hablo de santificaciones o canonizaciones. Simplemente hablo de dar a fondo perdido, de olvidarse del propio sufrimiento para pensar en los demás, de saber ocultar las penas para que los otros estén felices, de sonreír cuando cuesta mucho hacerlo, de hacer bromas hasta en el mismo punto de muerte, de tener un corazón sano y puro.
Creo que Dami sabe bien de qué estoy hablando y Uds., amigos, lo intuyen bien (en especial las mujeres, que son campeonas para eso).
Sí. Para mí fue una gracia tremenda conocerle, por lo menos por Internet.
Cuando uno conoce personas así de generosas, de corazón amplio, de alma grande, de ideales nobles, uno siente que todavía hay esperanza, que es posible vivir al estilo de Jesús, aún cuando la nuestra sea una sociedad mezquina y pretendidamente laica, que la gracia puede triunfar en nuestras vidas.
Hace unos días, mientras me venía de Italia y hacía escala en Barajas (España) al subir al avión que me traería al Perú, un muchacho (¿de cuántos años? ¿20-22?) y una chica (¿de 20 años?) se me acercaron a conversar. Españoles los dos. Mientras me iban haciendo algunas preguntas me quedé observando sus ojos y sus gestos. Me sentí contento al ver en uno y en otra una tremenda pureza de alma, casi una candidez e ingenuidad que raramente se ve hoy (con tantos niños y niñas agrandados...) Mostraron un gran respeto por mi condición sacerdotal. Luego nos despedimos, les traté de dar mi mejor sonrisa y agradecí a Dios por ellos. Luego de unas horas de avión me puse a pensar que posiblemente Dami tendría un aspecto así. Debo decir que llegando a nuestro destino ya no los ví más...
Quizá fue alguna señal de Dios para mí (Suelo entender a destiempo y mal las señales que Él me envía).
Para concluir: Agradezco a Dios por el don de la alegría, de la paz y de la pureza de alma de Dami y porque los que la pudimos conocer tenemos una nueva ilusión por vivir y dar lo mejor de nosotros allí donde El Señor nos ha puesto.
Las verdaderas amistades se conocen porque su trato nos deja más grande y limpio el corazón, nos ensanchan el horizonte y nos hacen respirar más hondo. Gracias, Señor, gracias Dami.
Es mi modesto homenaje a la memoria de la niña del corazón bueno, nuestro ángel, por quien seguimos rezando.
Un abrazo a todos.

3 comentarios:

Consuelo dijo...

GRACIAS, P.Israel.
Después de morir Dami, me enviaron una carta suya, la única que he tenido, tengo y tendré de su puño y letra, y en ella hay unos renglones para Vd. Su gratitud era grande.
Yo tambien me uno a la accion de gracias de Dami, por que sé como le ayudaron sus consejos, sus oraciones y su cercania. Decía que había sido un regalo de Dios encontrarle. Será siempre una perla en su corona, Padre, cuando Dios coronarle

Max Edgardo dijo...

Es grato para mi conocer acerca de Dami,por internet, me llena de emociòn, se parece mucho a familiares que por el destino de la vida ya fallecieron,pero dejaron huellas profundas en mi alma y cada vez que me acuerdo de ellos, lo hago con mucha alegrìa y emociòn.

P. Israel dijo...

Max, tenemos cerca de nosotros varias de esas almas buenas que viven a plenitud lo que les toca vivir, almas generosas que a veces muy desapercibidas, dan gloria a Dios y hacen mucho bien a muchos. Dios te guarde.