El evangelio de esta mañana (Lc 14, 12-14) me ha cuestionado profundamente. La Lectio Divina se me volvió increíblemente provocadora, tremenda. Dios es bueno conmigo y me tiene tanta misericordia al enseñarme algo nuevo cada mañana, al hacerme saber que tiene Él una infinita capacidad para sorprenderme cada vez.
Y hoy creo que Jesús me ha retado a la GRATUIDAD. Hace algun tiempo leí algo sobre el tema -que dicho sea de paso muy pocos lo tratan-. La síntesis es ésta, según veo: DAR POR EL HECHO DE DAR. DAR POR EL GUSTO DE DAR. DAR CON EL ÚNICO INTERÉS DE DAR.
Y qué bello que Dios sea así. Porque Dios tiene la hermosa capacidad de dar sin más interés que alegrar a los demás, sin esperar nada... Dios domina el arte de dar con la ilusión de dar, dar por dar.
Jesús -en el evangelio de hoy- cuestiona al que le invitó a comer: "Amigo, debes aprender a dar sin más, dar a fondo perdido". Por ello, a Jesús no le parece ningún atrevimiento el invitar a los pobres a comer, porque ellos no tienen como recompensar a su benefactor. Ahí está lo bueno, pensaría Jesús.
Y cuánto debemos aprender este arte de DAR SIN MÁS.
Cuántas caridades interesadas podemos detectar y descubrir en nosotros. Porque sí, porque nos detenemos demasiado en calcular, en medir, en sopesar, en proyectar las gratitudes de los demás. Damos con interés a futuro. Pobres de nosotros cuando perdemos así el tiempo y la vida: En medio de cálculos mezquinos y ridículos.
DAR a fondo perdido es al final la lógica del mismo Amor de Dios. Porque: ¿Qué beneficio propio podía haber previsto Dios amándonos a nosotros, los humanos? Ninguno. ¿En qué se beneficia Él amándonos? En nada. Él es grande e inmenso porque no tiene interés personal, porque es... LIBRE.
Y cuánto tenemos que superar el amor carnal, egoísta e interesado. Hasta nos han educado así. Hasta en nuestras familias la lógica dominante es: Ama a quien lo merece. Ama a los que nos caen bien. Ama a los buenos. Ama a los de tu propia sangre. Ama a tus amigos (y su contrario: Odia a tus enemigos). Por ello crecemos y nos educamos con esa soterrada y horrible lógica: "Qué saco yo de esto", "Cuánto voy a recibir", "Qué beneficio me trae", "Cuanto hay si hago esto o lo otro". Y hasta hemos hecho de este modo egoísta de pensar, nuestro sistema de vida: Así vivimos, así rezamos, así nos tienen por inteligentes, así nos felicitan, así tenemos títulos, así sufrimos, así amamos, así llevamos la vida, así tenemos hijos, así nos apegamos a las cosas, así también pretendemos ser santos, así creemos ser también cristianos perfectos, así creemos agradar a Dios, así... morimos.
La mujer que se ha convertido en madre, ama mucho al hijo de sus entrañas, eso es bueno sí, pero también está la contraparte: Cuando aquel niño o niña crezca, su mamá también irá anidando -a veces más, a veces menos- la secreta esperanza de que aquel hijo o hija luego le recompensará todo lo sufrido, todo lo pasado, todo lo llorado por su causa. Y luego no será raro escuchar a madres llorosas y quejumbrosas que entre dientes lloran la "ingratitud" de sus hijos, porque les "han fallado", porque no cubrieron sus "expectativas" de retribución (económica, las más de las veces). Y al final, aquella señora quejumbrosa no sabrá jamás lo qué era amar sin interés... porque amó a su hijo con un secreto interés: Que el hijo le retribuya en su ancianidad.
Pero felizmente Dios no es así, Dios supera infinitamente el amor de una madre. Dios ama a fondo perdido: Ama sin interés, ama sin necesitar nada, ama por el gusto de dar. ¡Qué bello es Dios, qué hermoso es Dios, qué magnífico es Dios, qué deslumbrante, que inmenso!
Enséñanos Jesús a amar a tu estilo. Permítenos superar la mirada pequeña, el egoísmo enquistado en el alma, la mezquindad que como una bilis invade nuestro interior. Purifícanos, Señor y ayúdanos a entender el valor de la gratuidad.
Amén.
¡La paz contigo! En este blog encontrarás artículos y reflexiones de Fr. Israel del Niño Jesús, R.P.S. Que todo lo que leas te lleve a desear y buscar a Jesucristo, Camino, Verdad y Vida.
lunes, 5 de noviembre de 2012
jueves, 30 de agosto de 2012
Sentir con La Iglesia
Shalom!
Los últimos acontecimientos que van ocurriendo en el Perú, más en concreto: en Lima, me llevan a escribir esta reflexión, sobre todo cuando está de por medio La Iglesia en la persona de algunos de sus pastores.
Y de fondo está en juego la vivencia de un principio de fe y un criterio de discernimiento básico que muchas veces se olvida por la vorágine de cosas que se suceden y que no dan pie a ninguna reflexión tranquila, dando paso a expresiones más emotivas y apasionadas que razonables y serenas.
- El caso de la ex PUCP y la intervención de La Iglesia. Lo que ha pasado con la citada universidad, ex católica y ex pontificia, es, según veo, un indicativo de lo que en verdad ocurre hoy en día con muchas personas e instituciones que se dicen católicas pero que en verdad hace mucho que dejaron de serlo, o a lo sumo pretenden serlo pero muy "a su modo". Catòlicos por la libre, dirían algunos.
La ex PUCP fue fundada por religiosos católicos en un preiod donado para ese fin y asumiendo desde su fundación unas normas que la harían católica y de rango pontificio. Eso estuvo muy claro por lo menos hasta hace treinta y cinco o cuarenta años. Lamentablemente desde la década de los setentas del pasado siglo, aquella casa de estudios sufrió una progresiva transformación ideológica y se conviritó en un centro de estudios que originó una buena parte de las mentes más contestatarias o más diametralmente opuestas a la fe católica de siempre.
Desde hacía varios años los arzobispos de Lima intentaban reordenar o reorientar el curso ideológico de la ex- PUCP. Los resultados fueron casi siempre los mismos: rechazo, contestación, rebeldía, escándalo público y mediático. La directiva de la ex-PUCP no pudo encontrar mejor motivo para su rebeldía cuando el actual arzobispo de Lima y primado del Perú, decidió intervenir más enérgicamente y con las suficientes bases legales, históricas y canónicas pertinentes. Ya desde hacía varios años cierto sector de la opinión pública le había puesto al cardenal Cipriani el "sambenito": de autoritario, oscurantista, ultraconservador o estrecho de mente. Se armó entonces el argumento pasional y emotivo del asunto a favor de las pretenciones de la Ex-PUCP: El Cardenal Cipriani, a nombre de una Iglesia Católica oscurantista y autoritaria, conservadora y estrecha de mente, quiere despojar a esta universidad de lo que le pertenece e instaurar el reino de la oscuridad en sus claustros.
¿Qué queda de fondo? El sabor amargo de constatar hasta qué punto puede avanzar en su radio de influencia sobre los jóvenes e intelectuales peruanos un pretendido "catolicismo no católico", una "pontificidad sin pontífice".
Y este problema es también y lamentablemente, un indicativo de lo que pasa en la calle con muchas personas que afirman sin dudar que son católicos pero que a su vez no se sienten para nada ligados a un párroco, ni a un obispo ni menos todavía, a un Sumo Pontífice. Y son también católicos que para nada se sienten identificados con La Eucaristía ni con la práctica de los demás sacramentos. Católicos que pretenden ser parte de La Iglesia pero que a su vez no ven para nada necesario pensar como piensa La Iglesia sobre el mundo, sobre el ser humano y sobre Dios mismo. En resúmen, estamos ante la triste realidad de los: Católicos anticatólicos. Me viene a la mente el caso del potecito de "Manty" que ya no dice "mantequilla" sino sólo "esparcible", pero eso sí, con color y sabor de mantequilla (Sólo que los fabricantes de "Manty" son más honestos que los actuales directivos de la ex-PUCP, ya que ellos han preferido cambiar la palabra "mantequilla" por "esparcible", admitiendo que ya no es mantequilla lo que nos venden. La Ex-PUCP tiene ante la opinión pública el deber de dar una lección de honestidad y nobleza al cambiar su logo y su letrero y poner en lugar de "Pontificia Universidad Católica del Perú", que ya no lo es ni de hecho ni de corazón, un logo y un letrero que diga algo así como: "Universidad Librepensadora del Perú").
Si queremos llamarnos católicos debemos asumir nuestro deber de pensar y sentir con La Iglesia. No existe el católico a su modo o a su manera. Si no estamos dispuestos a la obediencia a los legítimos pastores (El Papa, los Obispos) pues no seamos católicos, hay muchas sectas para escoger y al gusto del cliente.
- El caso del P. Garatea. Hace unos meses el Arzobispado de Lima decidió no renovar las licencias ministeriales al P. Gastón Garatea. Para tomar semejante medida las autoridades eclesiásticas tomaron en cuenta diversos factores que quedan en reserva. Él es miembro de una comunidad religiosa que deberá destinarlo a prestar servicio en otra diócesis. Sin embargo me resulta sorprendente la reacción del propio P. Garatea, que frente a esta situación toma la actitud de víctima, acude a unos medios de comunicación para "denunciar" que no se le puede "expectorar" tan fácilmente y gana luego protagonismo como héroe que se enfrentó a una organización -otra vez- opresora y autoritaria.
Es una pena que el P. Garatea halla olvidado sus clases de teología. O quizá la teología de pensar en paralelo le ganó la cabeza sin darse cuenta él mismo. Todo religioso y sacerdote católico sabe que la obediencia religiosa y el sentido de comunión eclesial rechaza por principio todo sentimiento de victimismo y todo afán de protagonismo. Todo aquel que pronuncia sus votos religiosos es conciente de ello y para eso se prepara no un día ni dos, sino un año o más, por lo menos.
Cuando la fe es poca o es nula, toda visión sobrenatural desaparece y nace el sentimiento de ser perseguidos injustamente, ya no se ve al pastor, al Obispo, como alguien que -incluso a veces severamente- nos corrige o enseña el camino, sino que se termina viendo al opresor, al amo injusto, al explotador, alguien frente al cual siempre debemos estar en contra, diga lo que diga.
Muy mala demostración de fe católica, P. Garatea. Pésimo ejemplo de fe y de virtud religiosa. Mal ejemplo de trabajo por la comunión eclesial.
No se puede ser católico a contraposición de los legítimos pastores, el Papa y los Obispos.
- La intervención, en algunos medios, de Mons. Bambarén calificando el comunicado de los Obispos del Perú. Este es un caso aún más delicado y también doloroso. Se trata de un obispo emérito que en un medio de comunicación "levanta su voz" en contra del último comunicado del Consejo Permanente de los Obispos de la Conferencia Episcopal Peruana.
Según Mons. Bambarén, es un hecho vergonzoso el que los miembros de la Comisión Permanente de la Conferencia Episcopal Peruana hayan "declarado públicamente" su adhesión al Señor Cardenal sobre el tema de la Ex-PUCP.
Evidentemente se trata ahora de un pastor, aunque jubilado, de La Iglesia. Un Obispo que, según el informe periodístico y el texto de su carta, no está de acuerdo en la resolución de este tema.
¿Qué decir? ¿Cómo interpretar esta carta y declaración? Creo yo que el enemigo de nuestra salvación, el diablo, es un experto en hacer pelear a los hermanos para escándalo de los fieles. Y si los que se "pelean" son dos obispos, más ganancia para el enemigo.
Bajo el mismo principio de Sentir con La Iglesia prefiero, católicamente hablando, estar de lado del Sumo Pontífice, El Papa (no sólo es la voz del Cardenal Cipriani, sino que es la voz que viene de Roma, del Papa). Hace muchos años un venerando sacerdote dijo en una discusión muy candente sobre temas teológicos: "Prefiero estar en el error con El Papa que estar en la verdad con los galos". Yo diría lo mismo, aún respetando y orando por Mons. Bambarén.
Creo que es evidente que La Iglesia no es un partido político ni es una secta más entre otras. Es la misma institución de Jesucristo. Y -como dijo un obispo español- La Iglesia no es un molusco, tiene sus espinas y hay que saber digerirla, porque esa es la voluntad del Señor.
Ser católico es estar en comunión con el Santo Padre, con nuestro Obispo y evitar todo sentimiento de rivalidad, todo sentimiento de grupo, todo sentimiento de persecución. El centro no somos nosotros, es Jesucristo. Cuando hay fe verdaderamente evangélica puede entenderse la obediencia y la comunión fraterna.
Que El Espíritu Santo nos ayude a construir comunión en La Verdad.
Los últimos acontecimientos que van ocurriendo en el Perú, más en concreto: en Lima, me llevan a escribir esta reflexión, sobre todo cuando está de por medio La Iglesia en la persona de algunos de sus pastores.
Y de fondo está en juego la vivencia de un principio de fe y un criterio de discernimiento básico que muchas veces se olvida por la vorágine de cosas que se suceden y que no dan pie a ninguna reflexión tranquila, dando paso a expresiones más emotivas y apasionadas que razonables y serenas.
- El caso de la ex PUCP y la intervención de La Iglesia. Lo que ha pasado con la citada universidad, ex católica y ex pontificia, es, según veo, un indicativo de lo que en verdad ocurre hoy en día con muchas personas e instituciones que se dicen católicas pero que en verdad hace mucho que dejaron de serlo, o a lo sumo pretenden serlo pero muy "a su modo". Catòlicos por la libre, dirían algunos.
La ex PUCP fue fundada por religiosos católicos en un preiod donado para ese fin y asumiendo desde su fundación unas normas que la harían católica y de rango pontificio. Eso estuvo muy claro por lo menos hasta hace treinta y cinco o cuarenta años. Lamentablemente desde la década de los setentas del pasado siglo, aquella casa de estudios sufrió una progresiva transformación ideológica y se conviritó en un centro de estudios que originó una buena parte de las mentes más contestatarias o más diametralmente opuestas a la fe católica de siempre.
Desde hacía varios años los arzobispos de Lima intentaban reordenar o reorientar el curso ideológico de la ex- PUCP. Los resultados fueron casi siempre los mismos: rechazo, contestación, rebeldía, escándalo público y mediático. La directiva de la ex-PUCP no pudo encontrar mejor motivo para su rebeldía cuando el actual arzobispo de Lima y primado del Perú, decidió intervenir más enérgicamente y con las suficientes bases legales, históricas y canónicas pertinentes. Ya desde hacía varios años cierto sector de la opinión pública le había puesto al cardenal Cipriani el "sambenito": de autoritario, oscurantista, ultraconservador o estrecho de mente. Se armó entonces el argumento pasional y emotivo del asunto a favor de las pretenciones de la Ex-PUCP: El Cardenal Cipriani, a nombre de una Iglesia Católica oscurantista y autoritaria, conservadora y estrecha de mente, quiere despojar a esta universidad de lo que le pertenece e instaurar el reino de la oscuridad en sus claustros.
¿Qué queda de fondo? El sabor amargo de constatar hasta qué punto puede avanzar en su radio de influencia sobre los jóvenes e intelectuales peruanos un pretendido "catolicismo no católico", una "pontificidad sin pontífice".
Y este problema es también y lamentablemente, un indicativo de lo que pasa en la calle con muchas personas que afirman sin dudar que son católicos pero que a su vez no se sienten para nada ligados a un párroco, ni a un obispo ni menos todavía, a un Sumo Pontífice. Y son también católicos que para nada se sienten identificados con La Eucaristía ni con la práctica de los demás sacramentos. Católicos que pretenden ser parte de La Iglesia pero que a su vez no ven para nada necesario pensar como piensa La Iglesia sobre el mundo, sobre el ser humano y sobre Dios mismo. En resúmen, estamos ante la triste realidad de los: Católicos anticatólicos. Me viene a la mente el caso del potecito de "Manty" que ya no dice "mantequilla" sino sólo "esparcible", pero eso sí, con color y sabor de mantequilla (Sólo que los fabricantes de "Manty" son más honestos que los actuales directivos de la ex-PUCP, ya que ellos han preferido cambiar la palabra "mantequilla" por "esparcible", admitiendo que ya no es mantequilla lo que nos venden. La Ex-PUCP tiene ante la opinión pública el deber de dar una lección de honestidad y nobleza al cambiar su logo y su letrero y poner en lugar de "Pontificia Universidad Católica del Perú", que ya no lo es ni de hecho ni de corazón, un logo y un letrero que diga algo así como: "Universidad Librepensadora del Perú").
Si queremos llamarnos católicos debemos asumir nuestro deber de pensar y sentir con La Iglesia. No existe el católico a su modo o a su manera. Si no estamos dispuestos a la obediencia a los legítimos pastores (El Papa, los Obispos) pues no seamos católicos, hay muchas sectas para escoger y al gusto del cliente.
- El caso del P. Garatea. Hace unos meses el Arzobispado de Lima decidió no renovar las licencias ministeriales al P. Gastón Garatea. Para tomar semejante medida las autoridades eclesiásticas tomaron en cuenta diversos factores que quedan en reserva. Él es miembro de una comunidad religiosa que deberá destinarlo a prestar servicio en otra diócesis. Sin embargo me resulta sorprendente la reacción del propio P. Garatea, que frente a esta situación toma la actitud de víctima, acude a unos medios de comunicación para "denunciar" que no se le puede "expectorar" tan fácilmente y gana luego protagonismo como héroe que se enfrentó a una organización -otra vez- opresora y autoritaria.
Es una pena que el P. Garatea halla olvidado sus clases de teología. O quizá la teología de pensar en paralelo le ganó la cabeza sin darse cuenta él mismo. Todo religioso y sacerdote católico sabe que la obediencia religiosa y el sentido de comunión eclesial rechaza por principio todo sentimiento de victimismo y todo afán de protagonismo. Todo aquel que pronuncia sus votos religiosos es conciente de ello y para eso se prepara no un día ni dos, sino un año o más, por lo menos.
Cuando la fe es poca o es nula, toda visión sobrenatural desaparece y nace el sentimiento de ser perseguidos injustamente, ya no se ve al pastor, al Obispo, como alguien que -incluso a veces severamente- nos corrige o enseña el camino, sino que se termina viendo al opresor, al amo injusto, al explotador, alguien frente al cual siempre debemos estar en contra, diga lo que diga.
Muy mala demostración de fe católica, P. Garatea. Pésimo ejemplo de fe y de virtud religiosa. Mal ejemplo de trabajo por la comunión eclesial.
No se puede ser católico a contraposición de los legítimos pastores, el Papa y los Obispos.
- La intervención, en algunos medios, de Mons. Bambarén calificando el comunicado de los Obispos del Perú. Este es un caso aún más delicado y también doloroso. Se trata de un obispo emérito que en un medio de comunicación "levanta su voz" en contra del último comunicado del Consejo Permanente de los Obispos de la Conferencia Episcopal Peruana.
Según Mons. Bambarén, es un hecho vergonzoso el que los miembros de la Comisión Permanente de la Conferencia Episcopal Peruana hayan "declarado públicamente" su adhesión al Señor Cardenal sobre el tema de la Ex-PUCP.
Evidentemente se trata ahora de un pastor, aunque jubilado, de La Iglesia. Un Obispo que, según el informe periodístico y el texto de su carta, no está de acuerdo en la resolución de este tema.
¿Qué decir? ¿Cómo interpretar esta carta y declaración? Creo yo que el enemigo de nuestra salvación, el diablo, es un experto en hacer pelear a los hermanos para escándalo de los fieles. Y si los que se "pelean" son dos obispos, más ganancia para el enemigo.
Bajo el mismo principio de Sentir con La Iglesia prefiero, católicamente hablando, estar de lado del Sumo Pontífice, El Papa (no sólo es la voz del Cardenal Cipriani, sino que es la voz que viene de Roma, del Papa). Hace muchos años un venerando sacerdote dijo en una discusión muy candente sobre temas teológicos: "Prefiero estar en el error con El Papa que estar en la verdad con los galos". Yo diría lo mismo, aún respetando y orando por Mons. Bambarén.
Creo que es evidente que La Iglesia no es un partido político ni es una secta más entre otras. Es la misma institución de Jesucristo. Y -como dijo un obispo español- La Iglesia no es un molusco, tiene sus espinas y hay que saber digerirla, porque esa es la voluntad del Señor.
Ser católico es estar en comunión con el Santo Padre, con nuestro Obispo y evitar todo sentimiento de rivalidad, todo sentimiento de grupo, todo sentimiento de persecución. El centro no somos nosotros, es Jesucristo. Cuando hay fe verdaderamente evangélica puede entenderse la obediencia y la comunión fraterna.
Que El Espíritu Santo nos ayude a construir comunión en La Verdad.
miércoles, 21 de marzo de 2012
¿Y por qué no la castidad?
¿Y por qué no la castidad?
Sí, escribo este artículo exponiéndome -entre otras cosas- a la risita burlona, al sarcasmo o incluso frente a la posibilidad de que alguien me enrostre el caso de cierto curita o monjita que no cumple bien este compromiso hecho con voto religioso.
¿Y por qué no la castidad?
Eso es lo que me pregunto, por ejemplo, ante el tema punzante del SIDA. Con la debida disculpa de los productores y vendedores (Químicas y Farmas incluídas...) de toda clase de preservativos, jebes, pastillas, tapones, píldoras del día siguiente o de la noche anterior. Claro, promover la castidad como forma de prevenir el SIDA les malograría el negocio redondo, eso sí (Aunque varios de estos grandes señores creen que todos los sacerdotes católicos nos chupamos el dedo oyendo el discurso de los "derechos sexuales" cuando en el fondo -lo sé- sólo es un buen argumento para defender las millonadas de plata que ganan gracias a convertir a nuestros adolescentes y jóvenes en animalitos de distinto tamaño que ya que no pieden usar el cerebro ni la razón usan la píldora y el condón)
¿Y por qué no la castidad?
Es lo que me pregunto yo al ver a parejitas de enamorados y novios, lindos ellos, que comenzaron siendo Romeo y Julieta y ahora "ya no es como antes". Claro, creyeron que "era necesario" conocerse también sexualmente para "fortalecer" su amor. Pero ahí los veo, con un astío, con un sentimiento de frustración, con una muy escondida tristeza al ver de que "el amor" de sus vidas acabó por robarles la inocencia: ¿Qué curioso "amor" no? Claro, después cantarán en el karaoke que el amor no existe, que es una ilusión, etc. ¿Por qué no la castidad?
¿Y por qué no la castidad?
Es lo que me pregunto al ver muy de paso la televisión, esa caja boba que embrutece a miles cada día y que va metiendo en las mentes de grandes y chicos que aquello de la castidad es sólo un sueño, a lo sumo un discurso para bebés o niños inocentes.
¿Y por qué no la castidad?
Es lo que me pregunto al ver que en la internet no pocas chiquillas, jovencitas y señoras se esfuerzan tanto en parecer atractivas, provocadoras, desenvueltas, "sexys" y por eso aparecen en poses "sugerentes' (que sus amiguísimas generalmente califican como "lindas"), medio vestidas medio desvestidas, medio coquetas medio insinuantes..... (¿Es que nadie les habrá enseñado cómo funciona la psicología y la afectividad varonil?) (A propósito: ¿De qué les hablarán a los chicos en la secundaria en el famoso curso de "Persona Familia y relaciones sociales"?) ¿Por qué no la castidad?
¿Y por qué no la castidad?
Es lo que me pregunto yo viendo en varios distritos limeños y en varias urbanizaciones otrora residenciales el pulular de hoteles, hostales, hospedajes, "hosteles" sin mencionar los burdeles declarados, los bares con foquito verde, las discos y los lupanares conocidos por muchos.
¿Y por qué no la castidad?
La castidad no cuesta monedas ni billetes del bolsillo.
La castidad no provoca resacas ni del cuerpo ni del alma.
La castidad no provoca tristeza.
La castidad no te convierte en fugitivo de tu propia conciencia.
La castidad no te provoca dolores de cabeza, ni de corazón ni de alma.
La castidad no te hace esclavo de nada ni de nadie.
La castidad no te obliga a buscarte cosas para olvidar.
La castidad no te hace agachar la cabeza y sentirte mal cuando se habla de inocencia.
La castidad no te trae vergüenza cuando debes vestirte de blanco.
La castidad no te trae problemas de embarazos no deseados.
La castidad no te ata a una persona que sólo busca tu cuerpo.
La castidad no te obliga a ir al psicólogo o al terapeuta para traerte paz.
La castidad no te provoca ninguna enfermedad ni en el cuerpo ni en el alma.
La castidad no te hace escapar de la presencia ni de la santidad de Dios.
Pero aún así, sé muy bien que ni las autoridades ni los gobiernos de nuestro país y de nuestro continente temdrán el valor de promover la castidad, no les resulta rentable... y como tampoco les interesa verdaderamente el progreso moral de sus conciudadanos, tampoco le darán importancia: "asunto religioso" dirán.
¿Y por qué no la castidad?
Tú tienes la respuesta.
Sí, escribo este artículo exponiéndome -entre otras cosas- a la risita burlona, al sarcasmo o incluso frente a la posibilidad de que alguien me enrostre el caso de cierto curita o monjita que no cumple bien este compromiso hecho con voto religioso.
¿Y por qué no la castidad?
Eso es lo que me pregunto, por ejemplo, ante el tema punzante del SIDA. Con la debida disculpa de los productores y vendedores (Químicas y Farmas incluídas...) de toda clase de preservativos, jebes, pastillas, tapones, píldoras del día siguiente o de la noche anterior. Claro, promover la castidad como forma de prevenir el SIDA les malograría el negocio redondo, eso sí (Aunque varios de estos grandes señores creen que todos los sacerdotes católicos nos chupamos el dedo oyendo el discurso de los "derechos sexuales" cuando en el fondo -lo sé- sólo es un buen argumento para defender las millonadas de plata que ganan gracias a convertir a nuestros adolescentes y jóvenes en animalitos de distinto tamaño que ya que no pieden usar el cerebro ni la razón usan la píldora y el condón)
¿Y por qué no la castidad?
Es lo que me pregunto yo al ver a parejitas de enamorados y novios, lindos ellos, que comenzaron siendo Romeo y Julieta y ahora "ya no es como antes". Claro, creyeron que "era necesario" conocerse también sexualmente para "fortalecer" su amor. Pero ahí los veo, con un astío, con un sentimiento de frustración, con una muy escondida tristeza al ver de que "el amor" de sus vidas acabó por robarles la inocencia: ¿Qué curioso "amor" no? Claro, después cantarán en el karaoke que el amor no existe, que es una ilusión, etc. ¿Por qué no la castidad?
¿Y por qué no la castidad?
Es lo que me pregunto al ver muy de paso la televisión, esa caja boba que embrutece a miles cada día y que va metiendo en las mentes de grandes y chicos que aquello de la castidad es sólo un sueño, a lo sumo un discurso para bebés o niños inocentes.
¿Y por qué no la castidad?
Es lo que me pregunto al ver que en la internet no pocas chiquillas, jovencitas y señoras se esfuerzan tanto en parecer atractivas, provocadoras, desenvueltas, "sexys" y por eso aparecen en poses "sugerentes' (que sus amiguísimas generalmente califican como "lindas"), medio vestidas medio desvestidas, medio coquetas medio insinuantes..... (¿Es que nadie les habrá enseñado cómo funciona la psicología y la afectividad varonil?) (A propósito: ¿De qué les hablarán a los chicos en la secundaria en el famoso curso de "Persona Familia y relaciones sociales"?) ¿Por qué no la castidad?
¿Y por qué no la castidad?
Es lo que me pregunto yo viendo en varios distritos limeños y en varias urbanizaciones otrora residenciales el pulular de hoteles, hostales, hospedajes, "hosteles" sin mencionar los burdeles declarados, los bares con foquito verde, las discos y los lupanares conocidos por muchos.
¿Y por qué no la castidad?
La castidad no cuesta monedas ni billetes del bolsillo.
La castidad no provoca resacas ni del cuerpo ni del alma.
La castidad no provoca tristeza.
La castidad no te convierte en fugitivo de tu propia conciencia.
La castidad no te provoca dolores de cabeza, ni de corazón ni de alma.
La castidad no te hace esclavo de nada ni de nadie.
La castidad no te obliga a buscarte cosas para olvidar.
La castidad no te hace agachar la cabeza y sentirte mal cuando se habla de inocencia.
La castidad no te trae vergüenza cuando debes vestirte de blanco.
La castidad no te trae problemas de embarazos no deseados.
La castidad no te ata a una persona que sólo busca tu cuerpo.
La castidad no te obliga a ir al psicólogo o al terapeuta para traerte paz.
La castidad no te provoca ninguna enfermedad ni en el cuerpo ni en el alma.
La castidad no te hace escapar de la presencia ni de la santidad de Dios.
Pero aún así, sé muy bien que ni las autoridades ni los gobiernos de nuestro país y de nuestro continente temdrán el valor de promover la castidad, no les resulta rentable... y como tampoco les interesa verdaderamente el progreso moral de sus conciudadanos, tampoco le darán importancia: "asunto religioso" dirán.
¿Y por qué no la castidad?
Tú tienes la respuesta.
jueves, 15 de marzo de 2012
¿Quién te hizo creer eso?
Este artículo es el resultado de varias constataciones hechas "en el camino". Y es que estoy impresionado, muy impresionado, al escuchar por aquí y por allá, en boca de chicos y chicas de varias edades una -a veces velada, a veces abierta- afirmación que no me la trago desde ningún ángulo, por donde se mire.
¿Qué afirmación? Algo más o menos así: "Yo no estoy hecho para eso" "¿Yo santo?, nooooo pues" Es decir, parece que se han encargado de convencernos de que no tenemos arte ni parte en la candidatura a la santidad de vida. Pero no sólo se trata de terminar convenciéndose de que nunca se terminará en plenos altares laterales de iglesia, rodeados de flores y velitas sino que, ante todo, se trata de una malévola convicción de que no estamos hechos ni siquiera para una vida moralmente coherente con el Evangelio. Ese "algo" que nos hace pensar que no estamos hechos para cosas altas sino para cosas bajitas, las cosas de siempre, las cosas que todos hacen sin más cuestionamientos.
El tema se pone peor cuando, por ejemplo, se le propone a un chico o chica la posibilidad de ser un consagrado al Señor en vida religiosa.... Ya he perdido varios amigos y amigas por el sólo hecho de haberles hablado "a bocajarro" sobre su vocación religiosa.
Y ahí está ese bicho, acaso ese parásito mental o espiritual, que nos hace pensar que nosotros no somos santos ni buenos, que no estamos hechos para cosas más grandes que la mediocridad reinante en nuestro medio.
Y ese mismo bicho mental o espiritual nos va comiendo por dentro en medio de una vida mediocre, sea en medio de la pobreza o en medio de una vida burguesa y egoísta pero con fachas de "vida recta".
¿Quién nos hizo creer eso? ¿Quién nos convenció de que no podemos sino limitarnos a caminar por los caminos que otros ya han caminado? ¿Quién nos llenó de miedo?
Abrirse y superar el miedo a la propia superación, abrirse y superar el miedo a lo nuevo de Dios, abrirse y creer en los propios sueños, abrirse y creer en lo imposible es convertirse.
En esta cuaresma podemos dar ese paso: abrirnos y convertirnos.
Abrirnos y convertirnos de verdad a Dios, abrirnos y convertirnos a la aventura del Evangelio, abrirnos a la vida nueva de Jesucristo.
Porque, digámoslo claramente: existe uno (ya sabes quién es) que susurra a los oídos de los sencillos esas palabritas que dañan en alma, que le hacen olvidar al águila sus alas y le convencen de que nació para ser gallina de corral y nada más. Convertirse es escuchar la voz del Señor que nos dice "Levántate y ponte a andar".
¿Qué afirmación? Algo más o menos así: "Yo no estoy hecho para eso" "¿Yo santo?, nooooo pues" Es decir, parece que se han encargado de convencernos de que no tenemos arte ni parte en la candidatura a la santidad de vida. Pero no sólo se trata de terminar convenciéndose de que nunca se terminará en plenos altares laterales de iglesia, rodeados de flores y velitas sino que, ante todo, se trata de una malévola convicción de que no estamos hechos ni siquiera para una vida moralmente coherente con el Evangelio. Ese "algo" que nos hace pensar que no estamos hechos para cosas altas sino para cosas bajitas, las cosas de siempre, las cosas que todos hacen sin más cuestionamientos.
El tema se pone peor cuando, por ejemplo, se le propone a un chico o chica la posibilidad de ser un consagrado al Señor en vida religiosa.... Ya he perdido varios amigos y amigas por el sólo hecho de haberles hablado "a bocajarro" sobre su vocación religiosa.
Y ahí está ese bicho, acaso ese parásito mental o espiritual, que nos hace pensar que nosotros no somos santos ni buenos, que no estamos hechos para cosas más grandes que la mediocridad reinante en nuestro medio.
Y ese mismo bicho mental o espiritual nos va comiendo por dentro en medio de una vida mediocre, sea en medio de la pobreza o en medio de una vida burguesa y egoísta pero con fachas de "vida recta".
¿Quién nos hizo creer eso? ¿Quién nos convenció de que no podemos sino limitarnos a caminar por los caminos que otros ya han caminado? ¿Quién nos llenó de miedo?
Abrirse y superar el miedo a la propia superación, abrirse y superar el miedo a lo nuevo de Dios, abrirse y creer en los propios sueños, abrirse y creer en lo imposible es convertirse.
En esta cuaresma podemos dar ese paso: abrirnos y convertirnos.
Abrirnos y convertirnos de verdad a Dios, abrirnos y convertirnos a la aventura del Evangelio, abrirnos a la vida nueva de Jesucristo.
Porque, digámoslo claramente: existe uno (ya sabes quién es) que susurra a los oídos de los sencillos esas palabritas que dañan en alma, que le hacen olvidar al águila sus alas y le convencen de que nació para ser gallina de corral y nada más. Convertirse es escuchar la voz del Señor que nos dice "Levántate y ponte a andar".
martes, 24 de enero de 2012
Con la bulla adentro
Con la bulla adentro, afuera, por todos lados.
Creo que esa es una imagen frecuente en nuestras calles, en nuestro mundo.
Gente que camina con celulares y audifonos conectados, otros con aparatitos en las orejas, otros con el celular sonando música desde la cadera, etc. También los hay que se hacen notar cuando pasan raudos en sus atomóviles con la música que hace vibrar la pista y la vereda misma.
Y están los que en sus casas ponen el máximo volúmen a su equipo de sonido...
Terrible me parece el chiquillo o la muchacha que están atados a sus mp3, mp4 o demás aparatos que dejan escuchar claramente a los demás lo que sus oídos están oyendo directamente de los audífonos pegados a sus cabezas.
Pero está también otro tipo de bulla, de ruido.
Y es que habemos muchos que para no bajar hasta el corazón preferimos nunca parar, nunca detenernos, nunca quedarnos ante nuestra propia verdad en silencio. Por eso hablamos, escribimos, enviamos mensajes, reímos, hacemos gestos, nos hacemos notar, hambreamos o mendigamos un consuelo en medio de todo. Y si no lo conseguimos tiramos barro a los demás para que participen del "embarramiento" moral o espiritual en que estamos metidos.
Pero eso sí: Silencio, jamás. Detenerse, jamás. Encontrarse con la propia verdad, jamás.
¿Orar? ¿Hablar con Dios? ¿Escuchar a Dios? ¡Qué te pasa! ¡Eso es aburrido! ¡Paso!
Y es verdad: Tenemos mil maneras de escapar a nuestra realidad.
Y casi siempre tenemos una verdad que muerde en el corazón: El haber traicionado, quien más quien menos, nuestra inocencia primera (la pureza del alma, la vida de gracia -para decirlo cristianamente-).
Y por ello nos engolosinamos con mentiras, con cosas que nos adormecen, que nos hacen olvidar un poco los problemas no resueltos, las heridas no curadas, los dolores no superados, las mentiras consentidas aunque no admitidas de cara a los demás. Paseamos en silencio el vacío camuflado, la propia verdad traicionada, la desgracia moral que nos envuelve, la mediocridad de nuestras situaciones vitales, nuestros afectos torcidos y enfermos, nuestros apegos esclavizantes, nuestros amoríos claramente pecaminosos pero disimuladamente aceptados y consentidos...
Y poco a poco nos vamos haciendo a la idea de que: "La vida es así" "Al final todo aquello que soñábamos de niños era eso, sueño de niños y nada más". Y hasta celebramos nuestro fracaso moral, nuestro interior quebranto, nuestra pureza pisoteada. Nos juntamos con otros para celebrar macabramente que: "Esta vida no vale nada"
Y nos metemos bulla, bulla de todo tipo, desde dentro y desde fuera.
Huir, huir, huir, huir....
Hablar de todo, menos de lo realmente importante.
Discutir de todo, menos de lo que realmente nos sirve y nos salva.
Creer en todo, menos en Aquel que sí da la vida eterna.
Seguir cualquier principio, cualquier pensamiento, cualquier moda, cualquier idea predominante, todo menos averiguar y seguir realmente lo que Aquel nos viene diciendo hace más de dos mil años.
¿Hasta cuándo? Tampoco lo queremos pensar, sólo se trata de vivir el presente, (Carpe diem, alguien dijo).
Disimular y ya está: La apariencia bonita que oculta la desgracia y el desgarro interior. La vanidad atractiva que disimula la confusión y el tormento interior. La apariencia descarada que trata de pisotear la voz interior que aún resuena diciendonos: "Ese no es el camino".
Y, cómo no, se desatan también las ganas de desaparecer, de no ser encontrado por nadie ni por uno mismo.
Y aún así, hay una luz muy pequeña al fondo del túnel.
Y ahí está el Viejo Bueno. Al fondo, bien al fondo del alma. Con las pantuflas de siempre, con la mantita caliente, con el rostro del cariño primero que ha sido traicionado una y mil veces, pero con el mismo cariño de siempre. Y te mira y me mira con los ojos tiernos de Buen Padre. El Viejo Bueno, el que le decíamos Papá Lindo, ¿te acuerdas?. Ahí está, pidiendo por tí. Mirándote en tus extravíos, en tus infinitas actuaciones bien hechas y logradas. Mirándote en todas tus disimulaciones.
Y no te juzga y no te condena... Él sufre aún más que tú. Porque sabe que tú eres su obra y tú le has costado la sangre de Su Único Hijo. Y te ama igual que ayer. Te ama igual que cuando aún tenías la inocencia del bautismo.
Y ahí está esperándote.
Y siempre lo estará.
Ahí, en el fondo de tu alma, detrás de todo lo que has puesto para esconderlo.
Ahí.
Y te mira.
Y te ama.
Y espera que dejes toda esa bulla.
Y que llegues a Él.
Creo que esa es una imagen frecuente en nuestras calles, en nuestro mundo.
Gente que camina con celulares y audifonos conectados, otros con aparatitos en las orejas, otros con el celular sonando música desde la cadera, etc. También los hay que se hacen notar cuando pasan raudos en sus atomóviles con la música que hace vibrar la pista y la vereda misma.
Y están los que en sus casas ponen el máximo volúmen a su equipo de sonido...
Terrible me parece el chiquillo o la muchacha que están atados a sus mp3, mp4 o demás aparatos que dejan escuchar claramente a los demás lo que sus oídos están oyendo directamente de los audífonos pegados a sus cabezas.
Pero está también otro tipo de bulla, de ruido.
Y es que habemos muchos que para no bajar hasta el corazón preferimos nunca parar, nunca detenernos, nunca quedarnos ante nuestra propia verdad en silencio. Por eso hablamos, escribimos, enviamos mensajes, reímos, hacemos gestos, nos hacemos notar, hambreamos o mendigamos un consuelo en medio de todo. Y si no lo conseguimos tiramos barro a los demás para que participen del "embarramiento" moral o espiritual en que estamos metidos.
Pero eso sí: Silencio, jamás. Detenerse, jamás. Encontrarse con la propia verdad, jamás.
¿Orar? ¿Hablar con Dios? ¿Escuchar a Dios? ¡Qué te pasa! ¡Eso es aburrido! ¡Paso!
Y es verdad: Tenemos mil maneras de escapar a nuestra realidad.
Y casi siempre tenemos una verdad que muerde en el corazón: El haber traicionado, quien más quien menos, nuestra inocencia primera (la pureza del alma, la vida de gracia -para decirlo cristianamente-).
Y por ello nos engolosinamos con mentiras, con cosas que nos adormecen, que nos hacen olvidar un poco los problemas no resueltos, las heridas no curadas, los dolores no superados, las mentiras consentidas aunque no admitidas de cara a los demás. Paseamos en silencio el vacío camuflado, la propia verdad traicionada, la desgracia moral que nos envuelve, la mediocridad de nuestras situaciones vitales, nuestros afectos torcidos y enfermos, nuestros apegos esclavizantes, nuestros amoríos claramente pecaminosos pero disimuladamente aceptados y consentidos...
Y poco a poco nos vamos haciendo a la idea de que: "La vida es así" "Al final todo aquello que soñábamos de niños era eso, sueño de niños y nada más". Y hasta celebramos nuestro fracaso moral, nuestro interior quebranto, nuestra pureza pisoteada. Nos juntamos con otros para celebrar macabramente que: "Esta vida no vale nada"
Y nos metemos bulla, bulla de todo tipo, desde dentro y desde fuera.
Huir, huir, huir, huir....
Hablar de todo, menos de lo realmente importante.
Discutir de todo, menos de lo que realmente nos sirve y nos salva.
Creer en todo, menos en Aquel que sí da la vida eterna.
Seguir cualquier principio, cualquier pensamiento, cualquier moda, cualquier idea predominante, todo menos averiguar y seguir realmente lo que Aquel nos viene diciendo hace más de dos mil años.
¿Hasta cuándo? Tampoco lo queremos pensar, sólo se trata de vivir el presente, (Carpe diem, alguien dijo).
Disimular y ya está: La apariencia bonita que oculta la desgracia y el desgarro interior. La vanidad atractiva que disimula la confusión y el tormento interior. La apariencia descarada que trata de pisotear la voz interior que aún resuena diciendonos: "Ese no es el camino".
Y, cómo no, se desatan también las ganas de desaparecer, de no ser encontrado por nadie ni por uno mismo.
Y aún así, hay una luz muy pequeña al fondo del túnel.
Y ahí está el Viejo Bueno. Al fondo, bien al fondo del alma. Con las pantuflas de siempre, con la mantita caliente, con el rostro del cariño primero que ha sido traicionado una y mil veces, pero con el mismo cariño de siempre. Y te mira y me mira con los ojos tiernos de Buen Padre. El Viejo Bueno, el que le decíamos Papá Lindo, ¿te acuerdas?. Ahí está, pidiendo por tí. Mirándote en tus extravíos, en tus infinitas actuaciones bien hechas y logradas. Mirándote en todas tus disimulaciones.
Y no te juzga y no te condena... Él sufre aún más que tú. Porque sabe que tú eres su obra y tú le has costado la sangre de Su Único Hijo. Y te ama igual que ayer. Te ama igual que cuando aún tenías la inocencia del bautismo.
Y ahí está esperándote.
Y siempre lo estará.
Ahí, en el fondo de tu alma, detrás de todo lo que has puesto para esconderlo.
Ahí.
Y te mira.
Y te ama.
Y espera que dejes toda esa bulla.
Y que llegues a Él.
sábado, 24 de diciembre de 2011
Hay un Niño que está llorando... es Navidad.
El siguiente artículo fue publicado en el Boletín de Children of Medjugorje, organización dirigida por Sor Emmanuel Mayllard, gran propagadora de los mensajes de la Reina de la Paz. Este artículo que creo conveniente publicarlo tal cual, no tiene pierde. Que nos sirva de meditación en esta Navidad.
Esta imagen del Niño Jesús posee una historia poco banal. Un franciscano de Cava dei Tirreni (cerca de Salerno, Italia) va a Israel en octubre de 2010, encuentra esta imagen y la compra de inmediato. Una vez de regreso en Italia, deja el paquete en una habitación del convento y se acuesta. Al día siguiente, una voz muy suave lo despierta: “¡Ábreme, me ahogo!”. Se turba, pensando que es la voz de su difunta madre. Después abre el paquete que había traído de Israel. ¡Y hete aquí que la imagen había llorado lágrimas de sangre! Llama a su obispo, que aquel día estaba justamente en el convento. También él constata las lágrimas bien frescas que surcan el rostro de Jesús. De inmediato se convocan a las autoridades, expertos, etc.… Se efectúan minuciosos análisis que comprueban la autenticidad del hecho. No hay truco alguno. Se trata de verdadera sangre humana, con las mismas características que la del Santo Sudario de Turín. Un año más tarde, el 24 de octubre de 2011, la imagen es expuesta para la veneración de los fieles.Se aproxima la Navidad y ya hemos preparado el pesebre. El Niño Jesús será colocado allí y nos reuniremos en familia para venerarlo, adorarlo y maravillarnos por su venida entre nosotros. ¡Sin embargo, hace un año, este Niño lloraba lágrimas de sangre! ¿Por qué se ahogaba en su caja? Dijo: “Lo que hagan al más pequeño de los míos, a mí me lo hacen”. ¿Qué hemos hecho? o ¿qué hemos omitido?
Hemos hermoseado la historia de Navidad, engalanamos el pesebre con guirnaldas, lo iluminamos con luces de colores (no había luz allí), lo hemos convertido todo en algo muy agradable de contemplar. Pero podemos cuestionarnos: “Niño Jesús, tú, si nos hablaras hoy, ¿qué nos dirías? ¿por qué lloras? ¿qué nueva angustia mortal te hace derramar lágrimas de sangre? ¿en qué nuevo Getsemaní está sumergido tu adorable corazoncito que no es más que amor?Cada uno imaginará su respuesta. Pero estas lágrimas no deben escapársenos, ¡nos sacuden! Sí, ¿qué hemos omitido? ¡Más que nunca tenemos ocasión para enjugar el rostro de este Niño! Todos podemos secarle al menos una de sus lágrimas de sangre. Y esto simplemente por una oración hecha con el corazón, por un ayuno ofrecido por una madre que piensa abortar a su bebé, por una visita a un vecino afligido por la soledad, por una ofrenda discreta a una madre de familia que pasa necesidad… El Niño Jesús es tan humilde que lo acepta todo, ¡hasta el más mínimo gesto de afecto! El 25 de diciembre, ¿no es por cierto SU aniversario? ¿No tiene acaso derecho a ocupar el primer lugar en nuestras celebraciones y a que los regalos más hermosos que rodeen nuestro árbol de Navidad sean los suyos?
Niñito Jesús, por tu inocencia, ¡ven a sanar nuestros corazones que asfixiados por las vanas preocupaciones del mundo! No queremos dejarte gimiendo encerrado en tu caja mientras nos pavoneamos lejos de ti. Todo lo contrario, ¡te abrimos nuestras puertas de par en par! Queremos que estés con nosotros en todo tiempo y lugar, queremos llevarte en nuestro corazón herido como el Niño de la casa del cual estamos orgullosos. Porque “eres el más bello de los hijos de los hombres y en tus labios se derrama la gracia” (Sal 44,3). No tengas miedo, Niño Jesús, no te haremos ningún daño, quédate con nosotros, ¡sin ti estamos acabados! ¡Tú eres nuestra alegría y nuestra gloria!
(Sor Emmanuel)
viernes, 9 de diciembre de 2011
¡Por favor, cuida el rebote!
Creo que este artículo debí escribirlo y publicarlo hace ya un buen tiempo. Hace varias semanas que lo tenía en la mente pero... Que bueno que ahora lo pueda plasmar en este blog.
¡Por favor, cuida el rebote!
Sí, así se llama el artículo y eso es lo que quiero decirles a muchos jóvenes, chicos y chicas que se lanzan disparados a la vida luego de haber permanecido por varios años cual resorte comprimido u oprimido por manos de aquellos que decían quererlos mucho.
No, no hablo ni escribo en chino mandarín ni en aymara. Me explico un poco más. Estoy pensando en este momento en varios casos muy similares en los que, por poner un ejemplo, está un chiquillo -de colegio o de universidad- que vive con sus padres y que sufre o goza de un agobiante control-persecución-manipulación-chantaje sentimental-espionaje selectivo de su papá.
Creo que cualquier adolescente o joven que sufra esa situación terminará anhelando con toda su alma liberarse de algún modo de esa "opresión" de cualquier manera. Soñará con el día feliz en que pueda él o ella decidir su camino libremente y sin control de nadie. Suspirará con el día en que por fin le tengan confianza y respeten sus decisiones. Deseará ser él o ella misma.
Y como en la vida todo da vueltas, ese día tarde o temprano viene. O si no viene ese bendito día el pobre muchacho o chica oprimida hará que venga o se lo fabricará, se lo inventará y ya está: Somos libres seámoslo siempre y antes niegue sus luces el sol que faltemos al voto solemne que la Patria al eterno elevó...
Y ahí comienza otro drama, es el momento del rebote. A tanta represión u opresión corresponderá una fuerza liberadora variable y tremenda, es el rebote de la vida.
Y aquí se ubica mi preocupación sacerdotal: "¿Qué será del rebote de tal o cual muchacho, de tal o cual chiquilla?" "¿Hasta donde le enviará su rebote?" "¿Dónde terminará después de su rebote?" "Ahora que es libre tal o cual chico o chica, ¿qué será de su libertad ganada o robada por lo bajo?"
Yo no sé qué es lo que pensarán ciertos padres y madres de familia que lo único que saben dar a sus hijos son prohibiciones y amenazas... Hace mucho tiempo que, como educador, aprendí que ese camino no conduce a nada bueno y que lo único que se cosecha de ese modo son racimos de hipócritas solapados o gente sin motivación.
No estoy diciendo que los padres y madres de familia no deben poner normas en sus casas: claro que deben hacerlo y que sean normas bien claras y también humanas y sinceras, acatadas por todos los de la casa. Pero es una cosa de doble filo el andar solamente sospechando de todos, controlándolo todo y prohibiendo todo, más todavía: prohibiendo todo lo que no se conoce.
Pero bueno, existen padres y madres de familia que tienen ese "bendito" deporte, el de hacer la "vida a cuadritos" a sus hijos... quizá como liberación de sus propias frustraciones personales o como una especie de venganza solapada por lo que hicieron con ellos mismos cuando adolescentes o jóvenes. Pero bueno, esos padres de familia ya están hechos así y, salvo alguna terapia psicológico-espiritual, posiblemente mantengan esa conducta toda la vida.
Los que me preocupan más son esos jóvenes, chicos y chicas que luego de cierto tiempo de "opresión" saldrán disparados a la vida. Lo más probable es que se den grandes golpes y trancazos y que luego de tanto golpe, piedras, lodo y todo lo demás se den cuenta de que no cuidaron el rebote.
Conozco varios casos concretos de jóvenes que viven estos dramas y, aunque me dijeron que ellos tenían bien claros sus principios y sabían lo que hacían, luego de un tiempo los he observado derrumbados por sus propios rebotes.
(Claro, si durante el tiempo de tu "opresión" no te mostraron cariño, entonces apenas te liberes te vas a amarrar a la primera persona que te haga sentir amado... y... si esa persona lo único que quiere es apreovecharse de tus sentimientos, de tu cuerpo o de tus caricias pues... ya fuiste. Si durante tu tiempo de "opresión" nunca te dieron libertad para elegir nada, si siempre te marcaron el paso, escogieron por tí y hasta hablaron por tí, apenas te liberes de todo ello entonces harás estreno de tus propias elecciones y decisiones, pero como no tienes experiencia y como siempre estuviste acostumbrado a que otros piensen por tí, vendrá alguien, otra persona, que pensará por tí y va a influir tanto en tu vida que pasarás de una opresión de casa a otra peor y desconocida).
Y quisiera pedirles a todos esos chicos que hoy sufren ciertas "opresiones" paternas o maternas que tengan mucho cuidado, que vayan a los pies de Jesucristo, que se refugien en verdad en Él, que Él sea su baluarte y su fortaleza, que Él les enseñe a sobrellevar correctamente ciertas "opresiones" que la vida nos da y que saquen buen fruto de ese tiempo difícil que llevan o que han llevado.
Y quisiera ver menos jóvenes desbocados o embarrados por sus propios y descontrolados rebotes.
Y quisiera que los que ya se han desbocado por sus rebotes vuelvan a la paz de Dios, que se reconcilien con Él y que perdonen a sus padres, que se perdonen a sí mismos. Y quisiera decirles que tengan el valor y el coraje de salir de sus lodos, porque ahí arriba hay un Padre Bueno que los espera con los brazos abiertos para decirles que todo puede ser reparado, perdonado y purificado y que incluso... todo puede ser mejor... como nunca antes.
¡Por favor, cuida el rebote!
Sí, así se llama el artículo y eso es lo que quiero decirles a muchos jóvenes, chicos y chicas que se lanzan disparados a la vida luego de haber permanecido por varios años cual resorte comprimido u oprimido por manos de aquellos que decían quererlos mucho.
No, no hablo ni escribo en chino mandarín ni en aymara. Me explico un poco más. Estoy pensando en este momento en varios casos muy similares en los que, por poner un ejemplo, está un chiquillo -de colegio o de universidad- que vive con sus padres y que sufre o goza de un agobiante control-persecución-manipulación-chantaje sentimental-espionaje selectivo de su papá.
Creo que cualquier adolescente o joven que sufra esa situación terminará anhelando con toda su alma liberarse de algún modo de esa "opresión" de cualquier manera. Soñará con el día feliz en que pueda él o ella decidir su camino libremente y sin control de nadie. Suspirará con el día en que por fin le tengan confianza y respeten sus decisiones. Deseará ser él o ella misma.
Y como en la vida todo da vueltas, ese día tarde o temprano viene. O si no viene ese bendito día el pobre muchacho o chica oprimida hará que venga o se lo fabricará, se lo inventará y ya está: Somos libres seámoslo siempre y antes niegue sus luces el sol que faltemos al voto solemne que la Patria al eterno elevó...
Y ahí comienza otro drama, es el momento del rebote. A tanta represión u opresión corresponderá una fuerza liberadora variable y tremenda, es el rebote de la vida.
Y aquí se ubica mi preocupación sacerdotal: "¿Qué será del rebote de tal o cual muchacho, de tal o cual chiquilla?" "¿Hasta donde le enviará su rebote?" "¿Dónde terminará después de su rebote?" "Ahora que es libre tal o cual chico o chica, ¿qué será de su libertad ganada o robada por lo bajo?"
Yo no sé qué es lo que pensarán ciertos padres y madres de familia que lo único que saben dar a sus hijos son prohibiciones y amenazas... Hace mucho tiempo que, como educador, aprendí que ese camino no conduce a nada bueno y que lo único que se cosecha de ese modo son racimos de hipócritas solapados o gente sin motivación.
No estoy diciendo que los padres y madres de familia no deben poner normas en sus casas: claro que deben hacerlo y que sean normas bien claras y también humanas y sinceras, acatadas por todos los de la casa. Pero es una cosa de doble filo el andar solamente sospechando de todos, controlándolo todo y prohibiendo todo, más todavía: prohibiendo todo lo que no se conoce.
Pero bueno, existen padres y madres de familia que tienen ese "bendito" deporte, el de hacer la "vida a cuadritos" a sus hijos... quizá como liberación de sus propias frustraciones personales o como una especie de venganza solapada por lo que hicieron con ellos mismos cuando adolescentes o jóvenes. Pero bueno, esos padres de familia ya están hechos así y, salvo alguna terapia psicológico-espiritual, posiblemente mantengan esa conducta toda la vida.
Los que me preocupan más son esos jóvenes, chicos y chicas que luego de cierto tiempo de "opresión" saldrán disparados a la vida. Lo más probable es que se den grandes golpes y trancazos y que luego de tanto golpe, piedras, lodo y todo lo demás se den cuenta de que no cuidaron el rebote.
Conozco varios casos concretos de jóvenes que viven estos dramas y, aunque me dijeron que ellos tenían bien claros sus principios y sabían lo que hacían, luego de un tiempo los he observado derrumbados por sus propios rebotes.
(Claro, si durante el tiempo de tu "opresión" no te mostraron cariño, entonces apenas te liberes te vas a amarrar a la primera persona que te haga sentir amado... y... si esa persona lo único que quiere es apreovecharse de tus sentimientos, de tu cuerpo o de tus caricias pues... ya fuiste. Si durante tu tiempo de "opresión" nunca te dieron libertad para elegir nada, si siempre te marcaron el paso, escogieron por tí y hasta hablaron por tí, apenas te liberes de todo ello entonces harás estreno de tus propias elecciones y decisiones, pero como no tienes experiencia y como siempre estuviste acostumbrado a que otros piensen por tí, vendrá alguien, otra persona, que pensará por tí y va a influir tanto en tu vida que pasarás de una opresión de casa a otra peor y desconocida).
Y quisiera pedirles a todos esos chicos que hoy sufren ciertas "opresiones" paternas o maternas que tengan mucho cuidado, que vayan a los pies de Jesucristo, que se refugien en verdad en Él, que Él sea su baluarte y su fortaleza, que Él les enseñe a sobrellevar correctamente ciertas "opresiones" que la vida nos da y que saquen buen fruto de ese tiempo difícil que llevan o que han llevado.
Y quisiera ver menos jóvenes desbocados o embarrados por sus propios y descontrolados rebotes.
Y quisiera que los que ya se han desbocado por sus rebotes vuelvan a la paz de Dios, que se reconcilien con Él y que perdonen a sus padres, que se perdonen a sí mismos. Y quisiera decirles que tengan el valor y el coraje de salir de sus lodos, porque ahí arriba hay un Padre Bueno que los espera con los brazos abiertos para decirles que todo puede ser reparado, perdonado y purificado y que incluso... todo puede ser mejor... como nunca antes.
martes, 11 de octubre de 2011
"En la cátedra de Moisés se han sentado..." (III parte)
III
No digo que esta triste situación de los "creyentes de cofradía" sea la tónica general entre los fieles católicos de nuestro medio. Lo que sí digo es que esa mentalidad está bien extendida en algunos sectores eclesiales y hace mucho daño al mismo Pueblo de Dios, paraliza la efusión del Espíritu de Dios en medio de nosotros, retrasa por tiempo indefinido el Nuevo Pentecostés al que nos llama insistentemente el magisterio de los últimos Sumos Pontífices. Esta mentalidad ajena y extraña al Evangelio paraliza la fe, bloquea la caridad y nubla la esperanza cristiana, infiltra en las venas de La Iglesia un maligno colesterol espiritual y no permite muchas veces la renovación de elementos y miembros en nuestras asociaciones e instituciones religiosas. Y algo muy triste: esta mentalidad ajena al Evangelio bloquea el ansia de santidad en los jóvenes y en las personas que recién se convierten y se agregan a La Iglesia.
El "creyente de cofradía" es el primero que se opone a la renovación en santidad de La Iglesia. Al aferrarse a sus costumbres humanas y al no querer dar paso a la Palabra de Dios él mismo bloquea la novedad del Espíritu Santo, bloquea la conversión de nuestras comunidades y por ello muchas bendiciones se quedan como suspendidas, muchos milagros de vida nueva quedan bloqueados y no terminan de darse. El "creyente de cofradía" teme lo nuevo, se opone a cualquier cosa que sepa a renovación, tiene mucho miedo a la revisión de la fe y de la vida, teme confrontarse con su verdad, prefiere pensar que nunca se equivoca y hace lo posible para convencerse de que él -o ella- ya lo sabe todo y ya lo ha visto todo. Su lógica dominante es la de la prudencia y la de la experiencia: es el más prudente y el más experimentado de la comunidad. Todo lo juzga desde esas dos categorías: prudencia y experiencia, esa es su máxima sabiduría (sabiduría humana, claro, no divina). Por prudente nunca se aventurará a dar paso al Espíritu Santo, no vaya a ser que le muestre un camino nuevo y más verdadero. Por prudente no se aventurará a lo nuevo y por experimentado y adorador de la "experiencia personal" carecerá de sencillez y humildad y será muy difícil que se abra a La Verdad.
Por todo esto necesitamos hacer crecer el Espíritu en nosotros para que ahogue y saque a flote todo lo carnal que podemos tener anidado en el interior de cada uno. Si los creyentes católicos no asumimos este reto tendremos la grave responsabilidad de haber puesto sobre los hombros de La Iglesia un peso muerto que luego será más difícil de llevar y de remover. Y por sobre todo, le habremos hecho un muy mal marketing a la persona viva e inigualable de Jesucristo Nuestro Señor.
Seguramente nos seguiremos topando con la realidad de creyentes que estando en la Cátedra de Moisés no den -espiritualmente hablando- la medida. Lo nuestro será asumir con sencillez y humildad una nueva actitud, más evangélica y más del agrado de Dios para salvar a más hermanos y hacer más fácil el acceso de todos al Reino de Dios.
¿Estamos dispuestos a tomar este reto?
No digo que esta triste situación de los "creyentes de cofradía" sea la tónica general entre los fieles católicos de nuestro medio. Lo que sí digo es que esa mentalidad está bien extendida en algunos sectores eclesiales y hace mucho daño al mismo Pueblo de Dios, paraliza la efusión del Espíritu de Dios en medio de nosotros, retrasa por tiempo indefinido el Nuevo Pentecostés al que nos llama insistentemente el magisterio de los últimos Sumos Pontífices. Esta mentalidad ajena y extraña al Evangelio paraliza la fe, bloquea la caridad y nubla la esperanza cristiana, infiltra en las venas de La Iglesia un maligno colesterol espiritual y no permite muchas veces la renovación de elementos y miembros en nuestras asociaciones e instituciones religiosas. Y algo muy triste: esta mentalidad ajena al Evangelio bloquea el ansia de santidad en los jóvenes y en las personas que recién se convierten y se agregan a La Iglesia.
El "creyente de cofradía" es el primero que se opone a la renovación en santidad de La Iglesia. Al aferrarse a sus costumbres humanas y al no querer dar paso a la Palabra de Dios él mismo bloquea la novedad del Espíritu Santo, bloquea la conversión de nuestras comunidades y por ello muchas bendiciones se quedan como suspendidas, muchos milagros de vida nueva quedan bloqueados y no terminan de darse. El "creyente de cofradía" teme lo nuevo, se opone a cualquier cosa que sepa a renovación, tiene mucho miedo a la revisión de la fe y de la vida, teme confrontarse con su verdad, prefiere pensar que nunca se equivoca y hace lo posible para convencerse de que él -o ella- ya lo sabe todo y ya lo ha visto todo. Su lógica dominante es la de la prudencia y la de la experiencia: es el más prudente y el más experimentado de la comunidad. Todo lo juzga desde esas dos categorías: prudencia y experiencia, esa es su máxima sabiduría (sabiduría humana, claro, no divina). Por prudente nunca se aventurará a dar paso al Espíritu Santo, no vaya a ser que le muestre un camino nuevo y más verdadero. Por prudente no se aventurará a lo nuevo y por experimentado y adorador de la "experiencia personal" carecerá de sencillez y humildad y será muy difícil que se abra a La Verdad.
Por todo esto necesitamos hacer crecer el Espíritu en nosotros para que ahogue y saque a flote todo lo carnal que podemos tener anidado en el interior de cada uno. Si los creyentes católicos no asumimos este reto tendremos la grave responsabilidad de haber puesto sobre los hombros de La Iglesia un peso muerto que luego será más difícil de llevar y de remover. Y por sobre todo, le habremos hecho un muy mal marketing a la persona viva e inigualable de Jesucristo Nuestro Señor.
Seguramente nos seguiremos topando con la realidad de creyentes que estando en la Cátedra de Moisés no den -espiritualmente hablando- la medida. Lo nuestro será asumir con sencillez y humildad una nueva actitud, más evangélica y más del agrado de Dios para salvar a más hermanos y hacer más fácil el acceso de todos al Reino de Dios.
¿Estamos dispuestos a tomar este reto?
martes, 4 de octubre de 2011
"En la cátedra de Moises se han sentado..." (II parte)
II
Creo que se nos conoce poco a los católicos (fieles, sacerdotes, religiosos y religiosas incluídos) como personas del Espíritu, como hombres y mujeres de Dios. Muchas veces sólo llegamos a dar el testimonio o la imagen de ser personas "dedicadas al tema religioso". Porque estoy seguro de que la distancia que existe entre una persona externamente devota y una persona DE Dios, es muy grande.
Y es aquí donde yo constato con no poco dolor y tristeza una realidad que cunde en algunos sectores de nuestro catolicismo peruano: nos contentamos con ser "creyentes de cofradía". Solemos ser muy "religiosos" pero sabemos poco o nada lo que significa ser gente que vive una seria vida espiritual. ¿Será que los creyentes que quieran vivir una seria vida espiritual están obligados "sí o sí" a migrar a las sectas de tipo oriental donde -entre mantras y yogas- se les infunde una confusa espiritualidad?
...........
¿Y cómo es un "creyente de confradía"? Es un creyente que tiene estos rasgos:
* Sus "creencias" no modifican su vida práctica. Cree en Dios como quien sabe que existe en algún lugar el planeta Júpiter. Su fe es una cuestión teórica, se trata de saber que existe Dios y punto. Pero esa fe no le mueve a cambiar nada de su comportamiento, él o ella piensan: "Una cosa es mi fe y otra cosa es mi vida, son aspectos distintos de la vida de cada quien, cada cosa en su lugar"
* Tiene algunos signos de devoción. Se persigna, reza un poco, lleva algún detente, se pone un hábito cuando se acerca la fiesta de su patrón, puede llevar al cuello una cruz, una medalla, etc. Pero su fe sólo llega ahí y no da para más. Ni que decir que nunca se planteará el dar testimonio de su fe por medio de sus palabras. Se queda mudo ante los demás, no defiende su fe, ni defiende a La Iglesia de quienes la atacan arteramente, es más: será quizá uno de los primeros que hable mal de sacerdotes o religiosas, el primero que se queje de la misma Iglesia (¡!)
* Ama el dinero y sus placeres. Convierte la fe en un buen negocio, busca ocupar los más altos cargos de asociaciones o instituciones religiosas, no tendrá reparo en lucrar con la devoción de la gente que tiene buena voluntad. Pretende servir a Dios y también a sus propios bolsillos... al final sólo cree en el dios-dinero y usará la fe como escudo protector de su negocio vil y asqueroso.
* Ama las procesiones y las imágenes más que a Jesucristo mismo. Es un experto -o experta- en organizar, dirigir y programar procesiones. Sabe arreglar andas, contratar bandas, adornar cuadros, comprar estatuas, edificar altares, mandar hacer urnas, pedestales; sabe vestir y desvestir santos, coleccionar mantos bordados para luego cuidarlos como se cuida la bóveda de un poderoso banco y vivir poniendo sólo en esas cosas su corazón y su fe. Sin embargo le importará poco o nada Jesucristo en la Santísima Eucaristía o en los demás sacramentos, "Esas son cosas del cura y de las monjas" dirá. Por todo ello será el primero en recibir sacrílegamente la Eucaristía (para que todos vean que sí comulga y es "un católico hecho y derecho") No mostrará ningún respeto de las cosas verdaderamente santas: Los sacramentos. Vivirá pegado y prendido de sus yesos y de sus bultos, de sus cuadros y de sus andas, esas cosas tendrán para él más valor que todo lo demás (aún siendo católico terminará siendo un idólatra auténtico). ¿Vivir en gracia? No sabrá lo que es eso ni sabrá lo que es tener vida espiritual. Su fe no será bíblica: sustituirá la Sagrada Escritura por el libro de devociones. Tampoco sabrá leer los Evangelios, ni le interesará formarse en la fe, ni asistirá a retiros ni jornadas de crecimiento en el Espíritu porque él -o ella- ya lo saben todo y nadie les vendrá a enseñar nada nuevo.
* Tiene doble vida. Su conducta externa frente a la comunidad creyente en general le hará aparecer como una persona correcta y de buenas intenciones, pero por lo bajo su vida se manejará según oscuros intereses y pasiones: "Es mi vida privada" se dirá para absolverse a sí mismo. Al final podrá rezar un poco y a la vuelta de la esquina o en la misma Iglesia -y bien bajito- podrá calumniar vilmente; aprenderá el arte de acercarse a las cosas santas con el corazón muy alejado de Dios: combinará la devoción y la brujería, por ejemplo. Combinará el rezo y el chisme, la adoración y el robo, la devoción y el adulterio, el juramento y la mentira, la bendición y la maldición, el elogio y el insulto, la ayuda y la envidia, la confidencia y la intriga, el "Alabaré" y el "atacaré".
* Curiosamente, no pocas veces se presentará como el defensor de "la más genuina tradición católica" y, cual Apóstol Santiago estará a punto de salir a pasear con caballo y espada en mano para cuidar celosamente las "costumbres" católicas frente al asecho de sacerdotes y fieles "modernistas" que hablan más de Jesucristo Vivo que de tradiciones y costumbres humanas (que él considera más santas que el Santísimo mismo). Por ello mismo no pocas veces será un soterrado impulsor de acciones para cambiar, alejar o quitar de en medio a sacerdotes que los enfrentan y desenmascaran en sus doctrinas poco santas y menos evangélicas.
* Es un vanidoso sin alma y sin gracia. Jesús ya había hablado de ellos cuando dijo: "... Todo lo que hacen es para que los vea la gente... Se pasean por las plazas... les gusta que les hagan reverencias... Ya han recibido su paga..." (Cfr. Mt 6,1-4). Ocupan casi siempre los primeros puestos, les gusta los asientos de honor y se ponen fácilmente "en vitrina" con la "cara de yo no fui". Ofrecen el triste espectáculo de malos remedos de santos sobre los escaparates de la fe.
.......
(continuará)
martes, 27 de septiembre de 2011
"En la cátedra de Moises se han sentado..." (I parte)
I
El mundo en que vivimos está en poder del Maligno, que duda cabe. Jesucristo lo había ya advertido en el Evangelio. Él fue muy claro al decir que Su Reino no es de este mundo (Cfr. Jn 18,36) y que Satanás es el príncipe de este mundo (Cfr. Jn 12,31). Es así que el maligno está suelto en el mundo y tiene una cierta libertad para hacer estragos en el Pueblo de Dios.
Es una terrible ingenuidad el pensar que el mundo (según la categoría de San Juan en sus escritos) está de acuerdo con la fe en Jesucristo. El mundo es un aliado estratégico del maligno y juntos tejen mil telarañas para que el Evangelio y la persona misma de Jesucristo no aparezcan ni resuenen en nuestras calles y plazas. Mundo y maligno juntos bajan el volúmen de la Verdad de Jesucristo, ocultan el bien, hacen aparecer imposible la santidad en nuestros tiempos y sacan a la luz las torpezas y desaciertos de los creyentes y los ponen ante nuestros ojos como los únicos frutos de la verdadera fe. Mundo y maligno hacen espacio y fabrican el caldo de cultivo del pecado. Pero el maligno sabe también infiltrarse en las filas de los creyentes y hace estragos.
Uno de los estragos u obras más sutiles y demoledoras que lleva adelante el maligno en nuestras comunidades es adormecer e impedir la conversión del corazón en no pocos creyentes. Y más todavía cuando estos creyentes no convertidos (es decir, que no han conocido el amor de Dios) se transforman en los primeros que detienen el avance del Reino entre nosotros. Podemos tener el nombre de cristianos y católicos pero puede ser que el Evangelio no ha bajado a lo más profundo del corazón y no lo ha transformado.
A mí me resulta evidente esta realidad en el hecho, baste un ejemplo, de que el lider de una comunidad cristiana o eclesial sea el primero en ofender los mandamientos de la ley de Dios y viva una doble moral. O cuando constato que los que dirigen alguna obra evangelizadora o religiosa son los primeros ocupados en satisfacer exclusivamente sus intereses personales, materiales. O cuando quien tiene la obligación de enseñar y guiar en santidad a sus hermanos es el primero en vivir bajo la esfera del pecado y del sacrilegio...
Y por razones como esas es el mismo Reino de Dios el que no echa raíces fuertes entre nosotros y al final se cumplen las palabras de Jesús: "En la cátedra de Moises se han sentado los escribas y fariseos. Hagan pues y observen todo lo que les digan, pero no imiten su conducta, porque dicen y no hacen" (Mt 23,2-3).
Y por ello no pocas veces tenemos un Reino de Dios maniatado, mutilado, amordazado, adormecido y bloqueado. Y por ello muchas veces las mejores iniciativas apostólicas o esprituales quedan bloqueadas, truncadas, frustradas o eliminadas. ¿El enemigo en casa? A veces me parece que sí.
Y también pienso que debemos hacer más fuertes las alas del Espíritu Santo en nosotros para poder romper tantas barreras de incredulidad, indiferencia, cerrazón, autosuficiencia y mezquindad: tanta carnalidad.
Y pienso que la única manera de contrarrestar tanta carnalidad, tanta adoración del "dios vientre" (Cfr. Filp 3,18-19), tanto culto al dinero, tanta adoración de la vanidad, del poder humano, es y será nuestro esfuerzo por dar alas al Espíritu en nosotros.
(continuará)
El mundo en que vivimos está en poder del Maligno, que duda cabe. Jesucristo lo había ya advertido en el Evangelio. Él fue muy claro al decir que Su Reino no es de este mundo (Cfr. Jn 18,36) y que Satanás es el príncipe de este mundo (Cfr. Jn 12,31). Es así que el maligno está suelto en el mundo y tiene una cierta libertad para hacer estragos en el Pueblo de Dios.
Es una terrible ingenuidad el pensar que el mundo (según la categoría de San Juan en sus escritos) está de acuerdo con la fe en Jesucristo. El mundo es un aliado estratégico del maligno y juntos tejen mil telarañas para que el Evangelio y la persona misma de Jesucristo no aparezcan ni resuenen en nuestras calles y plazas. Mundo y maligno juntos bajan el volúmen de la Verdad de Jesucristo, ocultan el bien, hacen aparecer imposible la santidad en nuestros tiempos y sacan a la luz las torpezas y desaciertos de los creyentes y los ponen ante nuestros ojos como los únicos frutos de la verdadera fe. Mundo y maligno hacen espacio y fabrican el caldo de cultivo del pecado. Pero el maligno sabe también infiltrarse en las filas de los creyentes y hace estragos.
Uno de los estragos u obras más sutiles y demoledoras que lleva adelante el maligno en nuestras comunidades es adormecer e impedir la conversión del corazón en no pocos creyentes. Y más todavía cuando estos creyentes no convertidos (es decir, que no han conocido el amor de Dios) se transforman en los primeros que detienen el avance del Reino entre nosotros. Podemos tener el nombre de cristianos y católicos pero puede ser que el Evangelio no ha bajado a lo más profundo del corazón y no lo ha transformado.
A mí me resulta evidente esta realidad en el hecho, baste un ejemplo, de que el lider de una comunidad cristiana o eclesial sea el primero en ofender los mandamientos de la ley de Dios y viva una doble moral. O cuando constato que los que dirigen alguna obra evangelizadora o religiosa son los primeros ocupados en satisfacer exclusivamente sus intereses personales, materiales. O cuando quien tiene la obligación de enseñar y guiar en santidad a sus hermanos es el primero en vivir bajo la esfera del pecado y del sacrilegio...
Y por razones como esas es el mismo Reino de Dios el que no echa raíces fuertes entre nosotros y al final se cumplen las palabras de Jesús: "En la cátedra de Moises se han sentado los escribas y fariseos. Hagan pues y observen todo lo que les digan, pero no imiten su conducta, porque dicen y no hacen" (Mt 23,2-3).
Y por ello no pocas veces tenemos un Reino de Dios maniatado, mutilado, amordazado, adormecido y bloqueado. Y por ello muchas veces las mejores iniciativas apostólicas o esprituales quedan bloqueadas, truncadas, frustradas o eliminadas. ¿El enemigo en casa? A veces me parece que sí.
Y también pienso que debemos hacer más fuertes las alas del Espíritu Santo en nosotros para poder romper tantas barreras de incredulidad, indiferencia, cerrazón, autosuficiencia y mezquindad: tanta carnalidad.
Y pienso que la única manera de contrarrestar tanta carnalidad, tanta adoración del "dios vientre" (Cfr. Filp 3,18-19), tanto culto al dinero, tanta adoración de la vanidad, del poder humano, es y será nuestro esfuerzo por dar alas al Espíritu en nosotros.
(continuará)
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