miércoles, 21 de octubre de 2009

"Y el diablo puso su morada"

No resulta muy moderno hablar del diablo, mucho menos resulta tan marketero hablar de sus movidas y maquinaciones. Con todo, aún con el riesgo de sonar medieval, voy a decir algo sobre el enemigo de siempre, el mentiroso por naturaleza.

"Don diablo se ha escapado, tú no sabes la que ha armado..." No sé si Miguel Bosé era totalmente conciente cuando hace buenos años cantaba esa canción pegajosa, pero el hecho es que es así: El diablo anda suelto y su mayor obra es confundir, mezclar lo que no se debe mezclar, teñir de claroscuros lo que antes era meridianamente claro y evidente, bien y mal. No por nada la palabra "diablo" en el original griego denota al que confunde y engaña mezclando las cosas, como aquel pillo que en la feria del pueblo cambia de lugar los vasos en su mesita, para que adivines donde está la moneda que él ha escondido.

Y todo esto sucede en los ambientes más "cool" (el mundo de la moda, de la opinión pública, la farándula, los mass media, etc.) y de esa confusión fabricada y destilada por los medios de comunicación beben y comen miles de miles de personas que no serán tan "cool" pero que son la mayoría de terrestres: los pobres, los ignorantes, los consumistas por adicción, la gente de a pie, esos que nunca nos pareceremos a Angelina Jolie ni a Brad Pitt (no sé si así se escriben esos nombres) pero que somos más humanos y normales que ellos. Y ahí está don diablo y tú no sabes la que ha armado....

Pero es todavía más doloroso constatar que la acción de diablo (demonio, lucifer, luzbel, asmodeo, satán, satanás, il caprone, etc.) se puede anidar fácilmente en el corazón de las personas -no hablamos todavía de la hechicería, la brujería, santería, adivinación, magia, superstición, etc.- cuando optamos por la mentira como estilo para resolver nuestros problemas o sustentar nuestras disimuladas ambiciones personales. Porque si no osamos entrar en cuestiones de satanismo directo, podemos decididamente "coadyuvar" la obra del mal, cuando nos dejamos llevar la mezquindad y la codicia, cuando hacemos de la envidia el leiv-motiv de la vida cotidiana, cuando obramos haciendo realidad ese refrán criollo: "Es el perro del hortelano, que no come ni deja comer"(cambie cada quien el verbo comer por otros tales como: creer, ayudar, apoyar, construir, etc.). Y esto se da en diversos ambientes, de creyentes y no creyentes, de religiosos y laicos, de instruidos e ignorantes, de ricos y pobres.

El diablo pone su morada allí donde hay mezquindad, allí donde la mentira es el estilo de vida aceptado, felicitado y celebrado, allí donde la mediocridad es el único horizonte de la vida cotidiana (ese malnacido: "Con tal que yo esté bien, qué me importa lo demás.... cada uno con su vida").

Y el diablo pone su morada allí donde hay alguien (o un grupo) que detiene el avance del Reino de Dios, allí donde alguien promueve valores ajenos al Evangelio, allí donde hay alguien que pone cortapizas a la verdad, allí donde se obra la injusticia, allí donde se oprime al inocente, allí donde alguien crea el juego, mueve él sólo las fichas, es el único que sabe las reglas y gana el juego al inocente y al pobre.

El diablo pone su morada allí donde el hombre -la mujer- honrado se queda callado por miedo a denunciar lo que debe denunciar. El diablo pone su morada allí donde reina el silencio cómplice, allí donde reina el silencio cobarde.

Y en medio de tantas moradas del diablo, los que queremos ser discípulos de Jesucristo en la verdad y en la justicia vamos caminando como corderos en medio de lobos, enseñando a las ovejas indefensas a gritar y a defenderse y a desenmascarar al lobo, que generalmente esta vestido de oveja.

Y en medio de lobos vestidos de oveja, los que queremos ser discípulos de Jesucristo vamos luchando y esperando el día en que Él venga y separe el trigo de la cizaña.

Ven Señor Jesús, ven, no te tardes demasiado.

No olvides a tus ovejas que deben vivir en medio de lobos.

Ven.

lunes, 12 de octubre de 2009

Llegó Herodes al Perú

Amigos lectores de "Para ser diferentes", les ofrezco este artículo firmado y que considero en este blog sobre este tema triste y delicado: la propuesta del aborto eugenésico en el Perú. Concuerdo plenamente con la opinión de su autor. Sé que en varios países esto se permite pero ojalá para el Perú verdaderamente católico no sea más que una breve pesadilla, una muy mala broma y nada más... ojalá.

A PROPÓSITO DE LA PROPUESTA DE DESPENALIZAR EL ABORTO
¡Llegó Herodes!
Por: Luis Solari de la Fuente*

Un canal de televisión hizo una encuesta sobre la despenalización del aborto de niños por nacer, en casos de detección de alguna discapacidad prenatal y en casos de violación, aprobada por la comisión revisora del Código Penal.
El 79% de las llamadas estuvieron en contra de despenalizar. ¿Cómo así esta amplísima mayoría estuvo representada por la minoría de la comisión? Porque las personas que votaron no han sido elegidas por votación popular. ¿Por qué se permite que los que emiten opinión voten, cuando solo los parlamentarios tienen facultad legislativa?
Dos delegados de los colegios de abogados tuvieron votos opuestos. Sucedió lo mismo con el Ministerio de Justicia. Esto significa que votaron representándose a sí mismos, sin posición institucional.
El delegado de la Asamblea Nacional de Rectores (ANR) votó por la despenalización, sin que ese tema haya sido debatido institucionalmente ni se haya consultado a los rectores. ¿Cómo puede permitir el presidente de la ANR un voto inconsulto? ¿O es que las universidades van a comenzar a enseñar que se pueden incumplir los tratados internacionales que protegen la vida humana desde la concepción?
El delegado del Poder Judicial, que abogó y votó por la despenalización, conoce perfectamente la amplísima protección jurídica que tienen los niños por nacer, que por su debilidad requieren precisamente cautela de su libertad de desarrollo. ¿No es el Estado el primer cumplidor de los tratados internacionales, la Constitución, los códigos y las leyes? ¿Tal voto representa al Poder Judicial o a sí mismo? Es indispensable que esa respuesta la dé el presidente del Poder Judicial.
¿Y cómo votará la Defensoría del Pueblo en la reconsideración planteada? ¿Defenderá al pueblo inocente?
Estos choques intrainstitucionales existen solamente porque se ha permitido votar en esta materia a quienes no hemos elegido para hacerlo. En este tipo de comisiones, cuando en una materia no existe consenso, siempre se ha procedido a consignar en el texto las diversas sugerencias, sin ser votadas, y luego los legisladores debaten y votan con representación popular lícita.
El eugenismo internacional aterrizó en el Perú. Su equipaje: considerar que hay gente “inservible” y que, por tanto, hay que matarla. Lo anticipé hace casi un año en “Tras bambalinas” y luego en “Jalados en conducta”. Parece que Herodes hubiera llegado al Perú, pues plantear que nos convirtamos en un país en el que se dé muerte a las personas con discapacidad antes de nacer, no solo es eugenismo espartano o nazi, sino que pretende implantar una política herodiana en nuestra patria: matar inocentes.
Peor aún, pretender implantar pena de muerte para el niño —que es absolutamente inocente— en los casos en que ni el violador tiene esa pena, sería decirle al mundo que el derecho peruano desprotege, castiga y mata a los débiles e inocentes.
La triste tesis de que legalizar el aborto reduce su frecuencia es más falsa que título de Azángaro. Se “inflan” las cifras, como también se ha hecho en nuestro país (explicado en “No mentirás, no matarás”), para usarlas como argumento. En los países en que se legalizó, se multiplicó.
¿Y quiénes son aquí los primeros promotores de tal eugenismo herodiano? Organizaciones esencialmente financiadas con dinero foráneo, de países que no han suscrito la Convención Americana sobre Derechos Humanos que, pregonando un falso derecho a matar al hijo, en la práctica incitan a las madres a hacerlo en vez de acogerlas, acompañarlas y atender a ambos. ¡Increíble que connacionales se presten a esto!
En realidad, se trata de “abrir” nuevos mercados para toda la reciente generación de productos que ya existen para realizar abortos mediante fármacos. Triste y vergonzoso papel de quienes se prestan a todo esto y consiguen asombrosamente introducir eugenistas —como también está sucediendo en otros países— en las esferas donde se pretenden “adaptar” los códigos y las leyes. ¿Qué prevalecerá: la defensa de los intereses o la defensa de la vida?

(*) Ex primer ministro

sábado, 10 de octubre de 2009

Las hijas de su madre

San José Marello hace más de un siglo escribió que gran parte de los males de nuestra sociedad se debe a la degradación de la figura de la mujer. Él mismo, siendo obispo, llamaba a los padres de familia a educar a sus hijas para ser muchachas discretas, puras, recatadas, sabias. Y agregaba que por cada muchacha así serían varios los varones influenciados positivamente. Porque, lo querramos o no, son las mujeres las que más influencia tienen en la educación de las futuras generaciones. Por eso mismo José Marello no dudaba en afirmar que sobre las rodillas de una madre se forjan los hombres grandes del futuro, se forja su vida entera, se forjan sus almas.
Yo agradezco a Dios el haber tenido desde niño imágenes muy dignas y nobles de mujeres que han colaborado muy positivamente en mi formación humana. Les debo mucho y las valoro.
Es verdad que no debemos generalizar con facilidad, pero como que hoy el ambiente es casi el mismo, sino idéntico, al que José Marello vivió en su tiempo: la imágen de la mujer se degrada con facilidad. Y no hablo todavía de lo que sufren las mujeres por causa de varones, sino antes, de lo que las propias mujeres no saben valorar y respetar en ellas y de ellas mismas.
Alguien dijo por ahí que las mujeres suelen olvidar fácilmente su valor. Me parece que algo -bastante- de cierto hay en esta afirmación.
A mí no deja de soprenderme el hecho de que pocas mamás -mamás modernas, digo- hablen de verdad con sus hijas sobre la vida, sobre el respeto que deben tener por ellas mismas, sobre cómo comportarse con relación a los varones, sobre valores y virtudes que sólo ellas pueden aportar a la sociedad desde su propio ser femeninas. Muchas veces se deja toda esta función al colegio y eso es exponerlas las más de las veces a tristes extravíos morales, espirituales y humanos (Todavía más, con ciertos manuales educativos que poco o nada tienen de trasfondo verdadera y honestamente ético).
Las chicas crecen así guiadas por sus "sentimientos", siguiendo "el corazón".
¿Y dónde va el corazón cuando no está sujeto a la razón?
¿Dónde irá el corazón que ha anulado la razón, que nunca la ha usado, que nunca la ha estrenado?
¿Dónde irán corazón y razón cuando ni siquiera han oído hablar de los valores y virtudes que no pasan de moda, que son patrimonio humano?
¿Dónde irán el corazón , la razón, los valores y virtudes que no pasan de moda cuando no tienen referencia a la Palabra de Dios: Jesucristo?
Y así se irán, siguiendo su "corazón" (sentimientos, emociones, reacciones hormonales, fantasías, curiosidad, afán de novedad, deseo de experimentar "nuevas sensaciones", etc).
Y al final, ellas mismas se harán daño, volverán a creer que no valen nada o casi nada, se encharcarán en sus miserias (de diverso tipo) ¿y después? Después ellas dirán: La vida no vale nada... y vivirán coherentemente con esa conclusión.
¡Cuánto necesitamos de muchachas nobles, puras, decentes, fuertes, sabias, recatadas, dueñas de sí mismas!
A mí me entristece ver muchachas y mujeres que no respetan a sí mismas, me parece un espectáculo deprimente, grotesco, vulgar, revulsivo.
Este artículo alude a un grupo de "bailarinas" que ofrecen su espectáculo "en tiritas" donde les paguen lo que piden (Sé que ellas no son las únicas, las hay más atrevidas todavía y hasta más famosas). Yo no sé cómo se llaman en realidad, tampoco sé si tendrán sus padres vivos todavía. Quizá ellos hasta les apoyen, quizá están convencidos -convencimiento moderno- de que lo que hacen sus hijitas es "arte", "cultura". Pero semidesnudarse, contonearse, moverse provocativamente y luego hacerse ascos cuando algún varón les mira "con malos ojos" me parece que es propio de gente que sólo goza de una neurona en la cabeza (la neurona suficiente que les permite hacer lo que hacen).
Pues, vayan los lectores a saber quién es la madre de esas chiquillas y de otras como ellas. Seguramente son hijas de su madre.
Y con todo esto, me parece muy curioso que ante estas cosas que públicamente degradan a la mujer (por obra de la mujer misma) las feministas agremiadas (manuelas y floras, entre otras) no digan "esta boca es mía". Por lo menos yo no conozco ninguna manifestación feminista en contra de estas degradaciones actuales de la mujer.
¿No les parece señoras feministas que esto es un atentado contra la dignidad de la mujer?
¿No les resulta evidente que esto es convertir a la mujer en una mercancía que se compra, se vende, se alquila, se usa, se goza y luego se bota?
Posiblemente las señoras feministas me dirán que las mujeres tienen todo el derecho de hacer lo que quieran con su cuerpo.
Entiendo, es el mismo argumento que Uds. usan para legalizar el aborto, claro, claro.
Y al final, ¿quiénes hacen más daño a las mujeres?

Ojalá que podamos hacer algo verdaderamente honesto y bueno por la dignidad de las mujeres, y más todavía, si lo hacen las mujeres mismas.
Con niñas puras, con muchachas recatadas, con mujeres dignas y fuertes tendremos también en el futuro varones firmes, seguros, excelentes ejemplos de humanidad y dignidad.

lunes, 5 de octubre de 2009

El derecho de ser diferentes

"El mundo jamás ha perdonado a quienes superan un poco su mediocridad" Esta frase de Martín Descalzo me parece luminosa y retadora, describe de algún modo el drama que pueden estar viviendo muchas personas, hombres y mujeres, dentro y fuera de la Iglesia, que han decidido defender su derecho, derecho humano, de ser distintos del mundo mediocre que les puede rodear.
A los que han logrado superar un poco la mediocridad de su entorno hoy los conocemos como: héroes, santos, genios, líderes, maestros, guías, visionarios, gente con personalidad. Para mucha gente no han sido -no son- más que locos o desenfocados. Dios les llama de otro modo: Fieles, hijos buenos, gente de confianza, gente fiel a su propia alma, gente honrada, parecidos a Jesucristo.
Es verdad, el mundo (Entiéndase por "mundo" la mentalidad extraña al Evangelio) jamás perdonará a quienes le hagan quedar en ridículo, a quienes le superen un poco y le muestren nuevos y mejores modos de vivir, a quienes le muestren con su propia vida que lo que él nos dicta no es la verdad.
Y el mundo tiene sus secuaces: los mediocres. Mediocres son los que se conforman con pensar como piensa la mayoría, los que viven como vive la mayoría, los que aman lo que ama la mayoría, los que deciden como decide la mayoría. Mediocre es todo aquel que sólo ve y vive por sus personales intereses.
Es un secuaz del mundo todo aquel que -pudiendo serlo- renuncia a ser águila para ser una vulgar gallina por el sólo hecho de temer volar alto, por el sólo hecho de tener miedo de quedarse un poco en soledad. Es mundano todo aquel que es cobarde, todo aquel que miente -que se miente a sí mismo- para obligar a su alma a volar bajo.
No sólo el pecado es la herencia del mundo, lo es también la traición a la propia alma, el aceptar una vida mediocre, sin ideales altos, sin más motivación constante que el emperrado deseo de satisfacer los propios gustos y vivir una vida burguesa, acomodada al sentir y pensar común. Un cristiano mediocre es un traidor al Evangelio. Un consagrado, una consagrada, un sacerdote mediocres son los más grandes traidores a la causa de Jesucristo, aquellos que estaban entre nosotros pero no eran de los nuestros, como decía San Juan.
Rompe con el mundo y le vence todo aquel que se atreve a pensar distinto usando de su derecho de ser distinto, de su derecho de soñar en medio de gente que ya no sueña porque le resulta peligroso para su comodidad y su aburguesamiento. Rompe y vence al mundo todo aquel que se atreve a ser él mismo sin que nadie le dicte lo que va a pensar y decidir. Rompe con el mundo todo aquel que no renuncia a seguir lo que le dicta su propia alma, su propio corazón, su conciencia recta.
Los santos, los héroes, los leales a sí mismos han roto y han vencido al mundo. Han vencido al mundo quienes tienen un amor tan grande que eso les permite tener una verdadera pasión por el bien y por la verdad.
El mundo, la mediocridad, fabrica seres aplatanados, seres sin más ideales que satisfacer la pequeña vida egoísta. Los que se atreven a mirar más alto y más arriba son los que le vencen, pero por ello mismo la pagan caro: se quedan en soledad, sufren la incomprensión, sufren la persecución (oculta, solapada o descarada). A los que vencen al mundo se les suele llamar locos, obsesos, fanáticos, estrechos de mente, fijados en una idea, individuos peligrosos. Dios los llama: Amigos.
Jesucristo, El Señor, fue el primero que venció al mundo y los santos que le han seguido le han entendido muy bien, por algo todos ellos de diversas maneras han experimentado el sufrimiento propio de los que deciden ser veraces y fieles a su propia alma.
El mundo pregona hoy con todas sus fuerzas que lo que más vale es la "tolerancia", sin embargo ese mismo mundo que afirma ser muy tolerante se torna el más intolerante y el más férreo y abusivo dictador cuando ve que alguien osa y se atreve a pensar distinto de él, cuando observa que alguien piensa distinto de él. Esa es la intolerancia -absoluta incoherencia- de los pretendidos "tolerantes", secuaces del mundo.
Ser cristiano en un mundo tolerantemente intolerante es apostar por ser diferentes, es apostar por hacer prevalecer el derecho humano de ser distintos (léase: el derecho de pensar con la propia cabeza y el derecho de ser fiel a la propia alma).
Yo sé que hay gente que lucha cada día, que pasa cada día misteriosos via crucis por ser fieles a su propia alma. A todos ellos estas palabras muy simples pero muy auténticas: Nunca se rindan.
Por eso:
Vaya mi abrazo fuerte y efusivo para todos aquellos cristianos y cristianas, para todos aquellos líderes y visionarios, para todos aquellos pensadores y soñadores, para todos aquellos sacerdotes y religiosas que han optado por vivir a fondo perdido su derecho de ser diferentes.
Vaya mi abrazo fuerte y efusivo para todos aquellos que en este momento sufren en su carne y en su alma los golpes propios del mundo que, llamándose tolerante, no tolera que le contradigan y que le hagan ver que está muy pero muy equivocado.
Vaya mi abrazo fuerte y entusiasta para todos aquellos que sintiendo el peso de ir a contracorriente se ven tentados de retroceder: no lo hagan, no vendan su alma ni su conciencia al mundo, no la cambien por algunos favores pasajeros ni por la sonrisa complaciente de quienes hace tiempo han optado por la vulgaridad de una vida sin ideales, sin altura de miras, sin más motivación que pasarla bien con apariencia de ser justos.
Y recuerden que: Los que no se rindieron, los que blanquearon su manto en la sangre del Cordero, los que lleguen de la gran tribulación, recibirán la corona de la vida y Dios los tendrá por amigos siempre.
Por ello:
Nunca se rindan.
Nunca renuncien a su derecho de ser diferentes.
Nunca.
Nunca.
Nunca.

sábado, 3 de octubre de 2009

Nixon Leodán

Desde hace más de año y medio que soy párroco en una extensa provincia andina del Perú. No he llevado la cuenta de cuántos bautismos habré celebrado en estos meses pero calculo que son varios cientos. Una de las cosas que a veces me ha sorprendido, pero más: divertido, es el hecho de tener que escribir y escuchar ciertos nombres que los papás, gente muy humilde, ha decidido poner a sus hijos.
Recuerdo aquella vez que bauticé a Ronaldinho, un niño que no tenía ningún parecido con aquella estrella del fútbol pero que así se llamaba. Y aquella tarde en la que me encontraba cansado y debía bautizar a una fila de niños pequeños entre los cuales estaba esperando su turno Zinadine Zidane... Un colega me refirió que una vez en una comunidad tuvo que bautizar a Nolberto Solano (por lo menos era producto peruano).
Pues, hace poco en una comunidad muy pobre me encontré bautizando a: Nixon Leodán. Cuando lo bautizaba me puse a pensar que seguramente su mamá era admiradora de aquel presidente norteamericano o que quizá su papá era un fanático melancólico del cantante chileno que ahora está calvo y bien gordo. Bueno, el hecho es que Nixon Leodán algún día será grande y no sé si le gustará su nombre, quizá sí, quizá no.
Nuestra gente sencilla tiene una lógica muy curiosa al poner nombres a sus hijos. Muchos ponen nombre a sus hijos recordando las personas que les han ayudado, personas a las que admiran, incluso personajes de la televisión, del mundo de la farándula, del fútbol, de la música; también hay papás que en sus hijos quieren de algún modo inmortalizar hechos o acontecimientos relevantes, como aquel padre de familia que le puso a su hijo: Conflicto, en aquellos años en que el Perú tenía un conflito fronterizo con el Ecuador...
Recuerdo haber tenido yo una confusión de sentimientos al haber escuchado los nombres de ciertas señoras ya mayores tales como: Erótida y Circuncisión.
Pero por otro lado, no pocas veces los nombres que los padres modernos ponen a sus hijos reflejan una cierta alienación cultural. Conocí hace un tiempo a un niño que se llamaba: Shuázneger (supongo que aludiendo al actor de Terminator), y aquella vez que un papá furioso quiso que su niña se llamase: Venus (por la tenista norteamericana). Hay varios Jackson y Taylor diseminados en nuestros pueblos andinos y puede ser que contemos decenas de Sharon entre nuestras niñas. Recuerdo que el primer nombre extraño que oí de niño fue: Aysenjahuer (supongo que aludiendo a un histórico mando militar norteamericano).
Pienso que el nombre de algun modo describe a la persona y es de validez eterna. Seremos juzgados por Dios según nuestro nombre, Él nos conoce por nombre y así nos llamará por la eternidad.
Yo no sé cómo responderán muchos padres de familia que a la hora de buscar nombres a sus hijos parece que lo toman a broma o les parece que están nombrando a una mascota de la casa. Porque si hay que decir algo más, algunos nombres creo yo que son una tremenda falta de caridad de parte de los progenitores. Y no voy a enumerar en este momento por no hacer sentir mal a nadie más.
Me gusta llamarme Israel, se lo agradezco a mi padre, aunque durante varios años tuve problemas emocionales por mi segundo nombre, pero gracias a la fe y a la teología creo que los he superado. Deo Gratias por ser Serafín.
Qué bueno saber que Dios nos ama y nos llama por nuestro nombre.

lunes, 28 de septiembre de 2009

Los dueños de la fe

Llevo ya algunos años de seguimiento del Señor y no dejo de asombrarme de ciertas actitudes que a mí me parecen por lo menos chocantes en el ambiente de fe. He titulado este artículo "Los dueños de la fe" para hacer alusión a algunos creyentes o grupos de creyentes que terminan adueñándose de las cosas de la fe, las convierten en sus armas y llegan a considerarse muy por encima de todos los demás, jerarquía incluída, creyéndose poseedores de una extraña e indocumentada infalibilidad.

Caso 1:
Los celosos cuidadores de la fe.
Es un grupo de personas mayores, que por diversas circunstancias de la vida hoy por hoy son los celosos guardianes de las "santas" costumbres de fe: ellos saben todo acerca de la historia de cada florero del templo, de cada imagen, de cada altar. Están atentos a cualquier peligro de modificación, de cambio de ubicación de floreros-imágenes-altares. Ellos son los sempiternos encargados de tal y cual procesión, ellos conocen los secretos arcanos de cómo se hace tal o cuál rito. Están siempre atentos a eliminar, enfrentar o denunciar cualquier "novedad". Nada ni nadie los puede detener: en misa estarán medio cabizbajos, medio dormidos, pero alzarán las cejas apenas adviertan que hay "peligro" de ofensa a sus "santas" costumbres. Allí están, agazapados y atentos, ellos son los cuidadores de la fe.

Caso 2:
Los "Cristianeitors" (equivalente cristiano del "Terminator").
Estos son un poco más agresivos. Usan una espada afilada que llaman "Tradición". Si tuvieran que vestirse consecuentemente, tendrían que usar botas, cotas de malla de acero, escudos, lanzas y andarían montados en caballos, es decir serían cruzados modernos. Son los defensores natos de "la fe", imbuidos de un extraño celo cristiano que les hace actuar anticristianamente: mienten, difaman, calumnian por lo bajo contra quienes les parecen enemigos.

Caso 3:
Los "auténticos católicos". No son tan agresivos pero se creen los dueños de la fe, los dueños del grupo, de la asociación, de la manzana, del barrio, de la parroquia, de La Iglesia. Gracias a ellos muchos aprenden a ser virtuosos pero estos "auténticos católicos" son un mal marketing para nuestra fe, porque generalmente se vuelven antipáticos y provocan la repulsa de los demás.

En fin, yo he individuado estos grupos de "dueños de la fe", seguramente Uds. podrán identificar también otros "dueños". Yo pienso que hoy como ayer siguen siendo necesarias la humildad y la sencillez para guardarnos de caer en estos errores. Porque si hay algo que caracteriza a los dueños de la fe es la poca humildad que respiran y el mucho orgullo que les atrapa. Y, agrego más, me permito decir que estos fenómenos los he visto más entre laicos y seglares que entre clérigos y religiosos.

Qué bueno volver a escuchar en el evangelio a Jesús que nos invita a ser como niños, a aceptar el Reino con el corazón de niños. Sí, porque Él también sufrió el ataque de los dueños de la fe de su tiempo, el ataque de fariseos, escribas y maestros de la ley.

Que Él nos conceda sencillez y humildad, oro fino en el campo de la virtud.

domingo, 23 de agosto de 2009

Complejos católicos

La única fe verdadera es la Fe en Jesucristo, presente en La Iglesia Católica.
(así, como suena)

Sé que escribir lo que acabo de escribir es exponerme a ser considerado como intolerante, poco dialogante, poco abierto de mente, estrecho de miras, oscurantista, etc. Sin embargo creo que lo escrito es una simple consecuencia lógica de nuestra aceptación del misterio de Jesucristo.

Sin embargo, hoy por hoy somos los católicos precisamente los que nos hemos empecinado en pensar y afirmar que no somos "los únicos" depositarios de la fe verdadera. Resulta algo muy curioso constatar que mientras que los creyentes de otras religiones defienden su fe a "capa y espada", los católicos somos los únicos en el campo religioso que afirmamos -con paz de corazón- que "no tenemos toda la verdad" (Léase: "No somos la única Iglesia fundada por Cristo", "No poseemos todos los medios de salvación", y en definitiva: "Jesucristo no es el único salvador de mundo").


El P. Manaranche, S.J., hace varios años escribió un muy enjundioso libro titulado "Querer y formar sacerdotes" en el que dedica la primera parte a una reflexión bastante profunda sobre las bases de la fe cristiana. En una de sus páginas el autor, refiriéndose al relativismo teológico y religioso que respiramos hoy, afirma que los católicos tenemos, en el mercado religioso, una actitud muy parecida a la de un individuo que, sentado en lo alto en la rama de un árbol, ha sacado un serrucho y muy sonriente va cortando la rama en donde está sentado...


Y es que la fe en Jesucristo, de la cual es depositaria la Iglesia Católica, se cimienta precisamente en el principio de la absolutez y universalidad. Es decir: Si la fe católica no se la toma como absoluta en su contenido y universal en su alcance de salvación simplemente termina no siendo ella misma, se degrada, se deforma, deja de ser ella misma, se falsifica a sí misma, se desnaturaliza... No es más fé católica ni cristiana.


Sin embargo, actualmente somos muchas veces los católicos atacados por un extraño y virulento complejo religioso: Damos razón a todos, damos espacio a todos, escuchamos a todos, a todos les concedemos razón y -curiosamente por otra parte- dudamos de la validez, la absolutez y la universalidad de nuestra propia fe.



A esto se le llama muchas veces "ecumenismo", "actitud abierta", etc. Pero el ecumenismo es una cosa totalmente distinta y la mente abierta es mucho más saludable.

Lamentablemente nuestras inmensas masas católicas sufren de una pavorosa ignorancia en materia de fe, es más, no tienen mayor afecto por su propia instrucción religiosa, no les interesa formarse en la fe, prefieren vivir y hacer sus ritos como siempre lo han hecho sin preguntarse mayormente, sin cuestionarse.

Nuestros obispos reunidos en la última conferencia episcopal de Aparecida nos están urgiendo a poner énfasis en la formación en la fe para ser discípulos y misioneros de Jesucristo. Los tiempos actuales no están ya para sostener una fe "del carbonero", una fe ignorante de su propio alcance o de sus implicancias prácticas. Una "religiosidad" que no se base en un encuentro personal con Jesucristo simplemente será alienante e improductiva en términos de caridad, solidaridad y esperanza. Una "religiosidad" que no se centre en la amistad personal con Jesucristo tan sólo llegará a ser una absurda, trasnochada, cadavérica y ridícula defensa de simples "tradiciones -y constumbres- religiosas".

La fe en Jesucristo da para mucho más. El depósito de la fe que guarda y administra la Iglesia Católica da para la transformación del mundo, para que cualquier persona que busca honestamente pueda encontrar en ella las respuestas más necesarias para vivir y luchar por el futuro.

Estamos urgidos pues, a encontrarnos con Jesucristo, a volver a los evangelios, a amar a la Iglesia para superar tantos y variados "complejos" católicos.

domingo, 16 de agosto de 2009

Rebeldes

Hace varios años el buen José Luis Martín Descalzo nos regaló un artículo titulado "Rebeldes de pacotilla". En ese sabroso escrito el autor ponía a consideración de sus lectores el caso o la actitud de aquellos que llamándose "rebeldes" sólo se dedican a destruir sin proponer nuevas construcciones, aquellos que sólo critican sin proponer nuevas alternativas de solución, aquellos que luego de la pataleta inicial o de la rasgadura de sus vestidos luego no tenían más que hacer o decir. Esos son los rebeldes "de pacotilla".

El tema da para mucho más. Es muy fácil ser rebelde de esa manera: gritar, patalear, encadenarse a una reja, hacer una mentirosa huelga de hambre, rasgarse las vestiduras mediáticamente, pintarrajear una pared, malograr un jardín, romper unos vidrios, volarse un foco, un fluorescente, tirar una piedra, destruir una puerta y gritar una arenga exigiendo justicia y libertad, escribir un volante, un artículo furioso, redactar una carta infamante impulsados por una falsa auréola profética... Pero qué difícil es una rebeldía que implique construir algo nuevo, algo mejor, algo decididamente superior y saludable.

Martín Descalzo en el artículo mencionado nos decía que son auténticamente rebeldes los que construyen algo nuevo, los que miran más lejos, los que miran más arriba de sus propias narices. Son rebeldes los que construyen.

Y es que el mundo avanza gracias a quienes saben mirar más allá y gracias a los que miran más arriba. Esos rebeldes son saludables, esos rebeldes son hoy muy necesarios para nuestra rutinaria sociedad.

En ese sentido me gusta contemplar a los santos como auténticos rebeldes: hombres y mujeres que se atrevieron a más, que no se contentaron con una vida mediocre y amodorrada, que no se sintieron bien mirando sólo su propio provecho, que -incluso-no se engolosinaron en su propia rebeldía; hombres y mujeres que no quisieron aburrirse de "ser buenos", gente que miró más lejos que sus contemporáneos, gente que no se sintió satisfecha con un cristianismo comodón y aburguesado, gente que no se enamoró de las cosas de Dios sino del Dios de todas las cosas.
Qué hermosa rebeldía la de la santidad verdadera.

Y qué plena la vida de quienes asumen en sus vidas totalmente la rebeldía del evangelio (Habrá que leerlo bien para ver en cada página del evangelio un grito auténtico de rebeldía y no un interminable ronroneo propio de una gata melosa).

Qué hermosa es la vida cristiana si se la asume así: como propuesta rebelde en un mundo mentiroso y oscuro; como alternativa rebelde en una sociedad muerta en su mediocridad; como un camino luminosamente rebelde en medio de nuestros grupos humanos tan aplatanados en su comodidad o en sus cuatro gustos y caprichos.

Admiro la rebeldía de los que construyen, de los que critican y luego tienen la fuerza y la grandeza de alma suficientes para inventar nuevos caminos de fe, de esperanza, de caridad, de servicio, de eternidad. La fe cristiana así vista es no un calmante, no una droga o un somnífero sino más bien una catapulta que nos lanza a la vida, con la adrenalina propia del Espíritu, un fuego que nos enseña a vivir plenamente esta vida gastándonos por un ideal noble: el Reino de Dios. Porque, no olvidemos, la vida eterna sólo será posible para los que antes, en esta vida, han sabido vivir a plenitud sus penas y alegrías.

Qué hermoso sería que existan más cristianos auténticamente rebeldes, no los de pacotilla (que un momento gritan y luego se amodorran en sus comodidades y no están dispuestos a sacrificar nada para conseguir sus presuntos ideales).

Que Jesucristo nos conceda vivir bien su palabra de fuego, su palabra auténticamente rebelde.

lunes, 3 de agosto de 2009

Una Misa dominical (II parte)

Había leído el evangelio de la mejor manera.

Durante la homilía, tuvo que superar cierto desaliento repentino. Algo le decía que varios de sus oyentes, feligreses de costumbre, no tenían mucho interés por acercarse a Jesucristo de verdad. Trató de espantar esos pensamientos, sonrió y prosiguió su homilía. El P. Antonio de Almagrande es un cura ya muy curtido en lo duro del trabajo pastoral pero con la gracia del Jefe conserva fuego juvenil en su viejo corazón.

Se esforzó por pronunciar una homilía clara y contundente, aunque las palabras le salían con dificultad en algunos momentos. Sí, pensaba, quizá era su presunción, o su vanidad las que le fastidiaban hoy más que nunca. Después de todo, la obra era de Dios mismo, él sólo era un servidor, hacía su parte y nada más. Pero ahí estaba la voz que le incaba de dentro, que no le dejaba tranquilo, que le hacía pensar que su gente necesitaba más que nunca una palabra firme, una palabra fuerte, cortante, hiriente. Es que, ¿de qué otro modo podría vencerse tanta indiferencia de "los buenos", tanta pasividad, tanta indolencia ante el misterio de su propia salvación. El P. Antonio sufría por dentro, sufría el evangelio, sufría la palabra de Dios, sufría ante tanta cerrazón y superficialidad...

Creo en Dios Padre, creador del cielo y la tierra....
Lo dijo con el alma, como queriendo obtener de su adhesión de fe una nueva esperanza, algo que le impulsase con nuevas fuerzas.

Durante las peticiones a él se le ocurrió pedir al Señor que concediera a su pueblo la gracia de despertar... Los percibía dormidos con los ojos abiertos, sordos con los oídos sanos, inmóviles con los miembros sanos y fuertes. Señor, concédenos despertar....

Señooor te ofrecemos el vinoooo y el paaaaan....
Al poner un poco de vino en el cáliz recordaba cuando por primera vez celebró el sacrificio, era tan joven que hasta sintió que la casulla le quedaba muy grande. Esa mañana estuvo muy emocionado, de tanta emoción casi se le cae el cáliz. De pronto, pensando en ello, se supo transportado a otro mundo, como si se abriera una gran puerta luminosa y cálida y alguien que le llamaba desde adentro: Antonio, Antonio... Sí, él sospechaba que no había sido el mejor de los párrocos áun cuando lo intentaba. Desde joven seminarista se había fijado en su colega santo: El Santo Cura de Ars, ése buen sacerdote que convirtió a su pueblo por su amor a Jesucristo, por su piedad encendida, por su penitencia tremenda. Sí, él se sentía bien lejos de ese amado y respetado modelo, ahora sentía que la vida se le iba como agua de las manos, que quizá no había logrado todo lo que había soñado... Y ahora.. Esa voz: Antonio, Antonio... Sentía su corazón ya muy cansado, quizá también un poco desilusionado a falta de conquistas pastorales tremendas. Y esa voz: Antonio, Antonio... Se sentía bien poca cosa, bien limitado. Esa voz se le transformaba en sonrisa tierna. Él de pronto se sentía mirado y compadecido. Su colega del pueblo vecino le había dicho en alguna ocasión: Sólo un cura comprende el corazón de otro cura... ¿Era acaso un cura el que le llamaba? No, no podía ser, él era el único cura en el pueblo. Pero sentía que esa voz le miraba y le comprendía. ¿Quién eres?, preguntó atrevido. Soy un colega tuyo. He fracasado muchas veces y mi único gran éxito ha sido cargar con todo lo que tú cargas y con las cargas enteras de todos tus colegas de todo el mundo...

Tomad y comed... Esto es mi cuerpo que será entregado por vosotros...
Los monaguillos se miraban sorprendidos, no sabían si seguir tocando las campanillas. El P. Antonio se había quedado contemplando el Cuerpo de Jesús Sacramentado. Lo miraba como quien mira al ser amado, como quien mira su propia alma, como quien mira su propia niñez e inocencia. A unos metros Doña Ernestina miraba su reloj, la misa se le estaba haciendo muuuuuy larga, qué barbaridad. Y entre colegas se quedaron conversando. Claro, después de todo, Jesucristo es el único y eterno sacerdote.

Tomad y bebed... Esta es mi sangre derramada por vosotros... Y el P. Antonio miraba el cáliz como si fuese su primera misa.

Así, Antonio, lentamente vas derramando tu sangre conmigo, ¿lo ves? Así se salva al mundo, amigo. Don Pablo, el gerente del banco del pueblo, que había venido por la misa de su abuela difunta, se sentía un poco incómodo de tanta "espiritualidad", como le llamaba.

El crío aquél había terminado de comerse la pasta del cancionero parroquial, su mamá estaba feliz de haberlo neutralizado a tiempo. Pero ahora el chiquitín estaba muy atento a lo que el anciano párroco hacía, estaba como embelesado, como arrobado contemplando al viejo cura con cara de abuelo bueno. Sólo los niños entienden a Dios...

Así, Antonio, extiende los brazos para que te parezcas un poco más a mí, para que también a tí te crucifiquen, para que también tú puedas presentar la vida como ofrenda... El P. Antonio leía despacio el misal, lo rezaba con calma, como tratando de comerse cada palabra. El viejo cura en medio de todo se sentía felíz aunque con un dolor que le traspasaba el alma. Sí, para eso había nacido, para extender sus brazos, pedir por sus hermanos, para sufrir por ellos, para hablarles de parte de Dios, para hacerLe presente, esa era su vida.

Señor Jesucristo que dijiste a tus amigos la paz les dejo....
Él se sorprendía de estar ya a esa altura de la celebración. Gracias a Dios, pensaba, que se había dejado llevar por el misal y por su buena memoria, se había entretenido con El Amigo en medio de las rúbricas y ahora estaba mirando al Santísimo Sacramento sobre el altar, lo miraba y le pedia paz para él y para su pueblo.

Al partir el pan se sintió en medio de los dos amigos de Emaús, pero, si era él, sólo él... No, ya no era él, era Jesús salvando y dando vida por sus manos, sintió más verdaderas que nunca las palabras de Pablo: "Yo no soy yo, es Cristo quien vive en mí". Le temblaban las manos de emoción, partía el pan con sumo cuidado y al ver desgajarse la humilde oblea veía también que su vida estaba partida y repartida, que lo suyo era sin retorno, que el misterio de Jesucristo se hacía presente y palpitante por su ofrenda personal.

Al dar la comunión se sintió plenamente acompañado, arrobado en Jesucristo.

Luego, un monaguillo se le acercó asustado: Padre, ya han pasado diez minutos desde que se sentó a orar y la gente se está impacientando. Se incorporó de inmediato y pronunció la oración final. Dió la bendición con emoción de sacerdote joven y recién estrenado.

Te den graciasss todos los puebloooos, que tooodos los pueeblos te deeeen graaacias....
Llegó a la sacristía y al volverse al Cristo aquél de la pared, le pareció que le sonreía.
Y él también sonrió. Los monaguillos susurraban algo.
Los fieles se volvieron a sus casas, cada quien comentando algo distinto: que si el estandarte que se cayó, que si el perro, que si aquel niño que lloraba, que si el párroco hoy estuvo muuuuy distraído....

El P. Antonio se fue más contento, sabiendo que Jesús hacía su obra en él.

martes, 14 de julio de 2009

Una Misa dominical

Ha llegado el domingo, Día del Señor.

Desde temprano las campanas del templo de San Hilario El Risueño están repicando a fiesta.

El párroco, el P. Antonio de Almagrande, se ha puesto la talar más elegante y se alista para la celebración tempranera.

En el templo ya se van acurrucando las buenas señoras de la Legión de María, infaltables y devotas; también están, con ceño adusto y porte recogido, los señores de la Hermandad de San Cunegundo de Cienfuegos. Ah! El sacristán se ha querido lucir hoy más que de costumbre: ha hecho un adorno tal del altar mayor que casi todos se han quedado boquiabiertos para admirar el arte de Filobonio, vaya que lo ha logrado. Entre las telas y las flores se asoma tímidamente la puertecita del sagrario...

Sí, ya han llegado los miembros del coro parroquial, se han puesto también sus galas, esos ponchos tan divertidos que les ha cosido doña Hermelinda con tanto esmero. Pero hoy están más nerviosos que nunca: Carlos, el guitarrista ventiúnico de la parroquia, no llega todavía. Los cantores no saben bien qué deben cantar y no se sienten seguros sin su improvisado director.

En la sacristía el P. Antonio trata de hacerles entender a sus monaguillos que durante la consagración no se habla porque es un momento muy santo. Juanillo y Pepe no saben bien que significa "momento muy santo" pero dicen sin pestañear: "Sí padre". El P. Antonio ruega en sus adentros que sea el mismo Jesús que les enseñe porque sabe bien que esos engendros no le han entendido una vez más. El párroco quiere comenzar sus oraciones antes de salir a la Misa pero no puede porque entra corriendo Susanita y le dice que no ha llegado Carlos, que no habrá guitarra, que posiblemente no habrá coro...

Tin, tin, tin, tin, tiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiin. El reloj de la Iglesia ha marcado las 7 de la mañana. El P. Antonio siente eso que llaman ataque de stress...

Doña Roberta ha tomado el micrófono y está diciendo la monición de entrada, los del coro se miran nerviosos. Un perro asustado ha entrado en el templo, entra corriendo, como perseguido por la perrera municipal.

Vayamos jubilooooosos al altarrrr de Diooooooos... Es Herminia la que con voz temblorosa ha comenzado el canto, los demás cantores le siguen con esfuerzo porque ha comenzado muy alto. El padre Antonio trata de no incomodarse demasiado.

Al sagrado altar nos guieeeee... Doña Carmen está entrando, como siempre, con un ligero retraso. Como siempre se ha puesto esos tacones tan... bulliciosos. Casi todos voltean a verla. Lo ha logrado: todos se han dado cuenta de que ha entrado. Además: ella tiene su sitio bieeeeeen adelante y hasta ahí tiene que llegar le duela a quien le duela.

El coro ha logrado terminar con voces aullantes la canción de entrada.

El P. Antonio se seca un sudor repentino, sonríe y dice: En el nombre del Padre y del Hijo y del...

Buaáaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa!!!!!!!! Ayyyy!, es uno de los cinco niños que hoy serán bautizados. Mamaaaaaaaaaaaaaaaaaaaá!!!! La pobre mujer intenta en vano hacer entender a su crío de dos años que estamos en la Iglesia y que es un momento muuuuy sagrado y que no debe llorar. Lo mece, le canta algo pero el crío no se convence de que no debe llorar justo ahora en plena liturgia solemne...

El Señor esté con ustedes... El perro ha llegado a los pies del altar y se queda mirando al sacerdote de turno, mueve la cabeza y comienza a ladrar: guau, guau, guau, gua gua gua guauuuuuu!!!!.

Corren dos monaguillos: Fuera, fuera perro!!! El Padre Antonio carraspea y trata de sonreír: Vamos a ofrecer esta misa por... Y va anunciando las intenciones de misa mientras que el perro no se deja amedrentar por los dos monaguillos y les muestra los colmillos, gggrrrrr. Doña Tremebunda comenta con su amiga: Qué horror, ese perro..., qué barbaridad!!! Pero no se mueve para botarlo.

El P. Antonio tiene ganas de agregar a las intenciones: También vamos a pedir por el dueño de ese perro... Felizmente aparece el Sr. Claudio, que no le teme a los perros, y de un sólo patadón ha hecho volar al perro a la puerta de la Iglesia. Ohhhhhh!!!! Han dicho todos, entre sonrientes y asustados. Mientras el coro intenta comenzar el Kyrie.

El niño del primer llanto se ha quedado asustado, mira a su mamá y comienza un nuevo: Buaaaaáaaaaa!!!!! Don Claudio se pregunta cómo podría ahora callar al niño...

Gloooooriaaaaa, glooooria a Diooooos en el cieeeeloooooo....

El Padre intenta recogerse en su espíritu, mientras que a unos metros los monaguillos se ríen disimuladamente de la patada que recibió el perro, qué buena estuvo, jajaja.

Tú que quitaaas el pecaaaado del muuuundoooo....

Don Eustaquio, el anciano sordo del barrio de Santa Calamuchita, le codea a la Sra. Cristina y habla fuerte: ¡¿El Padre ha dicho el nombre de mi mamita? Yo he pagado la misa por mi mamita, ¿eh?! La Sra. Cristina trata de hacerle callar pero él vocifera: ¡¡¡Yo le he pagado al secretario ayer nomás, ¿quéeee?!!! La Sra. Cristina está roja de vergüenza pero finalmente lo hace callar no sabemos cómo.

Porque sólooooo túuuu eres saaaaantooooo...

El niño del bautismo se está comiendo el cancionero de la parroquia... Su mamá no encontró nada más que darle a su crío para entretenerlo un poco.

Uuuuuuuun mensajiiiiiiiiiitooooooo, tienes un mensajiiiiiitooooooooooooooooooo!!!!! El teléfono celular de Rosanita está avisando que le ha llegado un mensaje, qué tierno, qué oportuno, sí...

Con el Espíritu Saaaaantoooooo en la gloriaaaaa de Dioooos Paaaaaadreeeeeeeee......

¡¡¡¡¡Plaaaaaaaaaaffffffffffff, pink pluf plam, plam, plick, clashhhh!!!!! Sí, señores, se cayó al suelo el estandarte de la Archicofradía de San Hilarión el Risueño. Ohhhhhh!!!! En la cara de las señoronas devotas está el gesto sorprendido y la risita nerviosa y disimulada por la ceremonia solemne fastidiada gracias al estandarte mal colocado. Don Claudio de nuevo, a recoger el estandarte. Gracias Claudio por tu vocación de arreglatodo, por ser tan sinvergüenza de no temer ponerte de pie y arreglar las cosas mientras que todos sólo llegan al: Ohhhhhh!!! y de ahí no pasan, piensa el padre Antonio.

Oreemooooooooos...

Mientras que el anciano párroco pronuncia algo resignado la oración colecta, la doña Esther se arregla un poco el moño: Va a salir a leer la primera lectura y quiere demostrarle a la Sra. Ana que ella sabe leer mejor la lectura en la misa, ya lo verán, sí señor, ¿qué cosa?.



Lectura del libro del deuteromonio... El P. Antonio carraspea fuertemente pero doña Esther ni se da cuenta del error, ella lee con una impostación solemne pero juntando de vez en cuando palabras que están separadas por comas, cambia de nombres a los personajes bíblicos y termina: Es palabra de Dios... Y sale doña Ana para el salmo: lo canta con lo mejor de su voz, nomás que en vez de decir impíos ha dicho "ímpios" y en vez de "se gloría" ha dicho "se gloria", pero acaba su salmo elegantemente. Cuando le toca el turno a Don Pepe él lee la Epístola y termina: "Y todo lo que vistéis, aprendistéis, escuchastéis de mi, ponedlo por obra..." Mientras le escucha, el P. Antonio se da cuenta que debe enseñar a sus lectores a leer mejor, pero... si son profesores!!!

(Continuará...)