Quien lee atentamente este blog podría concluir pensando quizá que el suscrito es una persona muy de "derechas", para aludir de algún modo a esa mentalidad aparentemente "cerrada" y monolítica, totalmente reticente a cualquier cambio, cuestionamiento o novedad del tipo que fuera.
Sin embargo debo decir que si de algo me alegro es de tener suficiente objetividad para saber escuchar a los que afirman pensar y vivir de modo "distinto".
Entre los que piensan "distinto" creo que podríamos distinguir dos grandes grupos de personas: El primero, el grupo conformado por los que por alguna razón se oponen a todo sistema establecido, a toda verdad absoluta, a toda norma oficial, a toda clasificación injusta y que están siempre o casi siempre dispuestos a "atacar", a contestar, a recibir cualquier idea ajena para de inmediato contestarla y oponerse ardorosamente.
El segundo grupo es el de los rebeldes más sosegados y analíticos, generalmente. Son aventureros en el espíritu, muy lúcidos y también críticos, lo suficientemente honrados para aceptar las verdades del otro o de los que piensan distinto de ellos. Son buscadores y son libres.
Tengo la suerte de contar entre mis amigos y conocidos a muchos de estos "rebeldes", de uno y otro grupo. Porque por debajo o detrás de mi apariencia imperturbablemente ortodoxa y de mis ideas exactamente seguras y doctrinalmente rectas, guardo -gracias a Dios- una bien disimulada atracción por lo nuevo. No por nada ya en mis años de seminarista uno de mis superiores me llamó: "Hambriento de novedades". Y se suponía que yo tenía que sentirme mal por ese reproche pero fue para mí un descubrimiento o mejor, una confirmación de mi propio camino.
El Señor me ha concedido la gracia de escuchar a muchos "rebeldes" y "distintos". Varios de ellos pensaban que, enfundado en el traje serio y hierático que suelo llevar, yo no sería capaz de escucharlos y menos de aguantarlos más de dos minutos.
Siempre me ha gustado la rebeldía (disculpen si escandalizo a alguien...), pero la rebeldía auténtica, la que viene de los que buscan con honestidad, no la que es producto de unas ideas fijas que son más monolíticas que las ideas que piensan atacar. Me gusta la rebeldía de quien pretende ser él mismo, la rebeldía de quien se pregunta por la verdad pero del todo ajeno a ideologías o preconceptos. La verdadera rebeldía es honrada y no es una pose vanidosa que responde al capricho pueril o adolescencial de quien la blande.
Me emociona la rebeldía de aquel que no hace de su actitud rebelde su propio ídolo, la rebeldía de aquel que si en medio de su lucha encuentra que estaba equivocado, tiene luego suficiente valor para admitirlo y no se engaña ni engaña a nadie. Pero sobre todo, la rebeldía de aquel que no usa su máscara rebelde o su pose contestataria para meter por lo bajo sus propios caprichos irracionales como "noble causa".
No creo en absoluto que ser rebelde sea algo "malo" o incorrecto, creo más bien que esa es precisamente una actitud que deberíamos cultivar y perfeccionar en medio de una sociedad acostumbrada a aplatanar y enanizar los espíritus que ven más lejos y más arriba. Porque me parece que uno de los mayores pecados que cometemos hoy por hoy es renunciar a ser nosotros mismos para integrarnos al pensar común: come, bebe, baila, goza, traga lo que te pongan pero no te preguntes jamás ni el porqué ni el para qué. (¿Acaso no será esa la mentira más grande que nos trae la "globalización"? ¿No será que por debajo de la impostación de la "aldea global" en el fondo quieren que renunciemos a pensar individualmente y a cuestionarnos legítimamente sobre la realidad en que vivimos?)
Creo, y es con seguridad que lo escribo, que la mayor ofensa que se hace al ser humano es cortarle la posibilidad de ser diferente bajo el pretexto de que "las cosas son así" y "todo el mundo lo hace". Estoy completamente sguro de que el mundo actual debajo de su pretendida máscara de pluralismo y diversidad en el fondo guarda la realidad de un espírtu totalmente autoritario y dictador que infunde en las mentes de cada cual la malagana o la desafección por romper de verdad los esquemas que nos imponen día a día. Hablo de la dictadura actual del consumismo, del hedonismo, de la moda, de la vida cómoda, del aburguesamiento progresivo de nuestra gente, de la vida light sin espíritus profundos pero sí llena de superficialidades y apariencias.
Y creo, así, con toda el alma, que el Evangelio de Jesucristo es una auténtica plataforma de lanzamiento hacia los infinitos espacios de la rebeldía divina. Porque si de eso se trata, Jesucristo ha sido el primero que rompió los esquemas de su tiempo y su misma persona es ya un reclamo a ver más allá y más lejos. Porque en ese niñito de Belén en brazos de su madre se esconde el Dios único y verdadero que por ser quien es, es Aquel que sabe escuchar a los "rebeldes", siendo él mismo el primero y el más grande Rebelde.
¡La paz contigo! En este blog encontrarás artículos y reflexiones de Fr. Israel del Niño Jesús, R.P.S. Que todo lo que leas te lleve a desear y buscar a Jesucristo, Camino, Verdad y Vida.
sábado, 10 de enero de 2009
sábado, 3 de enero de 2009
Cuando la mejor defensa es el mal común
En estos últimos años se ha puesto de moda en la televisión de varios países una serie de programas que tienen el "entretenido" objetivo de sacar a la luz la miseria humana y utilizarla para emitir juicios morales o de algún modo dejar establecido que todo es una hipocresía y que por ello la principal norma de conducta sería no comprometerse en nada o hacer lo que a uno le venga en gana pero sin ser notado jamás.
Para los que somos del Perú nos resultan tristemente célebres las urracas, los baylis, las lauras y los betos, entre otros. Pero lo más triste es que hayan suficientes personas que los vean , los amen, los veneren, los defiendan y sean tan hambrientos de recibir como alimento exquisito toda aquella serie de trapos sucios y malolientes que les reparten en su pestilente menú. y es más increíble que haya tanta gente dispuesta a considerar nuevos pontífices a quienes se encargan de sacar a la luz toda la trapacería y mentira en la que algunos humanos "afamados" se encuentran enfangados y en la que parecen retozar tan a gusto.
¿Será posible que el morbo por ver la intimidad sucia y degradante haya crecido tanto en nuestra sociedad que estos programas -y otros- a los que aludimos sean los más vistos, los más rankeados y por ello mismo, sean los que más réditos producen a las televisoras y a sus infelices conductores?
¿Será posible que el mejor, quizá el único entretenimiento, para muchos hogares sea el ver cada noche -o cada que se les antoje a las televisoras de turno- el nuevo chisme, el nuevo "destape", el nuevo "ampay" que de algún modo deje tranquila la conciencia de los televidentes al ver que si "los grandes" de este mundo hacen "eso" es que también nosotros estamos por buen camino aunque a nosotros nunca nos ampayen? ... Mal común, consuelo de tontos.
Es el enigma del fracasado, el enigma de quien hace tiempo ha traicionado su conciencia y que busca calmar esa voz interna diciéndole: "Mira, nadie puede ser bueno ni recto, ¿ya ves? ¿ya ves que no es posible?" "todos estamos encharcados" "la honestidad es una hipocresía" "ser moral es imposible"
¿Será que en una sociedad mediocre de alma la mayor diversión sea el comprobar que nadie nos puede superar en virtud ni en bondad ni en rectitud?
¿Será posible que a ese desfile grotesco de porquerías humanas se le considere dentro de la libertad de expresión? ¿Es libertad? ¿Es expresión? ¿De qué?
Varias personas defienden este tipo de programas-basura con el ingenuo argumento de que "esa es la realidad" en que vivimos. Tengo en lo personal mis fuertes reservas sobre ello. Que sea la realidad de un barrio o de un grupo de gente que hace tiempo se ha traicionado a sí misma puede ser, pero no quiere decir que sea esa toda la realidad.
De tanto mirar el fango acaba uno enfangado, de tanto mirar el lodo acaba uno enlodado, de tanto estar metido entre la basura acaba uno por lo menos apestando.
Pan y circo, era la estrategia de los gobernantes romanos en sus épocas más degradadas. Ahora, los nuevos y verdaderos gobernantes (los dueños de las televisoras y medios de comunicación influyentes) nos meten por las narices el circo de cada día mientras que los aparentes gobernantes (los políticos y parecidos) nos regalan panes y parecidos para estar contentos. Diversión segura, "cultura" del chisme y de la mediocridad aseguradas e inoculadas ya desde los primeros años de vida.
El pensamiento fuerte del mediocre: Si yo no he podido ser bueno ni recto, tú tampoco podrás porque yo te descubriré y te acusaré, te lo echaré en cara ya verás...
¿Se acuerdan Uds. de quién es esa lógica?
Les doy dos pistas para que lo averigüen:
1. Está ya condenado, pero anda suelto por ahora...
2. Por lo visto, tiene varios seguidores, aunque bien solapados...
Para los que somos del Perú nos resultan tristemente célebres las urracas, los baylis, las lauras y los betos, entre otros. Pero lo más triste es que hayan suficientes personas que los vean , los amen, los veneren, los defiendan y sean tan hambrientos de recibir como alimento exquisito toda aquella serie de trapos sucios y malolientes que les reparten en su pestilente menú. y es más increíble que haya tanta gente dispuesta a considerar nuevos pontífices a quienes se encargan de sacar a la luz toda la trapacería y mentira en la que algunos humanos "afamados" se encuentran enfangados y en la que parecen retozar tan a gusto.
¿Será posible que el morbo por ver la intimidad sucia y degradante haya crecido tanto en nuestra sociedad que estos programas -y otros- a los que aludimos sean los más vistos, los más rankeados y por ello mismo, sean los que más réditos producen a las televisoras y a sus infelices conductores?
¿Será posible que el mejor, quizá el único entretenimiento, para muchos hogares sea el ver cada noche -o cada que se les antoje a las televisoras de turno- el nuevo chisme, el nuevo "destape", el nuevo "ampay" que de algún modo deje tranquila la conciencia de los televidentes al ver que si "los grandes" de este mundo hacen "eso" es que también nosotros estamos por buen camino aunque a nosotros nunca nos ampayen? ... Mal común, consuelo de tontos.
Es el enigma del fracasado, el enigma de quien hace tiempo ha traicionado su conciencia y que busca calmar esa voz interna diciéndole: "Mira, nadie puede ser bueno ni recto, ¿ya ves? ¿ya ves que no es posible?" "todos estamos encharcados" "la honestidad es una hipocresía" "ser moral es imposible"
¿Será que en una sociedad mediocre de alma la mayor diversión sea el comprobar que nadie nos puede superar en virtud ni en bondad ni en rectitud?
¿Será posible que a ese desfile grotesco de porquerías humanas se le considere dentro de la libertad de expresión? ¿Es libertad? ¿Es expresión? ¿De qué?
Varias personas defienden este tipo de programas-basura con el ingenuo argumento de que "esa es la realidad" en que vivimos. Tengo en lo personal mis fuertes reservas sobre ello. Que sea la realidad de un barrio o de un grupo de gente que hace tiempo se ha traicionado a sí misma puede ser, pero no quiere decir que sea esa toda la realidad.
De tanto mirar el fango acaba uno enfangado, de tanto mirar el lodo acaba uno enlodado, de tanto estar metido entre la basura acaba uno por lo menos apestando.
Pan y circo, era la estrategia de los gobernantes romanos en sus épocas más degradadas. Ahora, los nuevos y verdaderos gobernantes (los dueños de las televisoras y medios de comunicación influyentes) nos meten por las narices el circo de cada día mientras que los aparentes gobernantes (los políticos y parecidos) nos regalan panes y parecidos para estar contentos. Diversión segura, "cultura" del chisme y de la mediocridad aseguradas e inoculadas ya desde los primeros años de vida.
El pensamiento fuerte del mediocre: Si yo no he podido ser bueno ni recto, tú tampoco podrás porque yo te descubriré y te acusaré, te lo echaré en cara ya verás...
¿Se acuerdan Uds. de quién es esa lógica?
Les doy dos pistas para que lo averigüen:
1. Está ya condenado, pero anda suelto por ahora...
2. Por lo visto, tiene varios seguidores, aunque bien solapados...
martes, 23 de diciembre de 2008
Intrusos en Navidad
El ángel Gucielín había tenido una misión entretenida y lo hizo con todo su espíritu. Casi diríamos que estaba afónico -sino fuera porque los ángeles no tienen garganta- de tanto haber cantado: "Gloria a Dios en las alturas..." "Les traigo una gran alegría, les ha nacido un salvador..." Gucielín estaba muy contento, casi como en el mismo cielo, aunque su misión era bien en la tierra. Fue entonces cuando se le ocurrió asomarse a la gruta de Belén para contemplar el suceso de los sucesos: ¡El Verbo hecho carne!
Había escuchado tantos comentarios de los ángeles mayores que tenía él ahora una gran curiosidad por contemplar ese portento... "Se imaginan: ¡Dios hecho un hombre mortal!", pensaba para sí. De algún modo había crecido su admiración por el mismo Dios: haberse hecho un simple humanito para traerles salvación, qué humilde era Dios.
Antes de entrar en la gruta se sacudió un poco las plumas y las ordenó. Temía no estar a tono con el momento tan solemne. Se deslizó muy lentamente en la cueva y... por un momento no pudo ver nada, habían varias personas allí, eran los pastores, él ya conocía algunos.
Se elevó un poco y pudo ver al fondo a la Señora, pero curiosamente no le vio el rostro y entonces dirigió la mirada al centro de la escena y... "Jo, jo, jo. ¡Feliz Navidad a todos ustedes!" Gucielín casi se cae de la impresión, le fallaron las alas en verdad. Sobre el pesebre estaba un señor gordo y vestido de rojo, con una espesa barba y unas botas curiosas. La mula y el buey lo miraban medio asustados. Los pastores pensaban que él era el Mesías, que él era el centro de la navidad y le ofrecían sus dones. El señor gordo les sonreía tocando su campana y con ese feo "Jo, jo, jo" y observaba con desdén los regalos que los asustados campesinos ponían a sus pies.
Gucielín no sabía qué decir ni pensar.
"No, él no es el Mesías, él no salva a nadie, él no es el centro de la navidad" Eso es, tenía que gritar fuerte esa verdad, que un intruso estaba en el pesebre, que es un fraude, que esa no es la gruta de Belén.
El pequeño ángel montó en cólera y ahora sí que estaba por explotar de indignación, salió de la cueva y pensaba entrar de nuevo y gritar fuerte que ese señor gordo no es el Mesías. Entró decidido y ahora escuchaba a los pastores exclamar asombrados: "Ohhhh" Se elevó un poco y observó como ya no estaba el señor gordo vestido de rojo, no, no, ahora estaba un duende verde con un gorro en punta y otros duendes sobrevolando por el cueva. "Duendes... son duendes" Ni siquiera eran ángeles, eran unos seres pequeños y aparentemente simpáticos, una especie de ángeles enanos y circenses.
"Esto no es posible, esto es una broma de mal gusto o una burla" Gucielín se adelantó y cuando estaba por increpar a los duendes se encontró frente a un muñeco de hielo con una zanahoria como naríz y con una bufanda a cuadros. Nuestro amigo se avalanzó contra él y al querer darle un derechazo vio cómo aquel muñeco se transformaba en un árbol adornado con muchas cajas de colores al pie.
Gucielín se retiró, pensó en pedir refuerzos: alguien o muchos habían falseado la gruta de Belén. Esa no era la primera navidad, no estaba presente el Mesías, no estaba el Verbo hecho carne. Nuestro pequeño amigo se sentía muy mal, le dolía el corazón.
Al salir medio cabizbajo se dio cuenta cómo los pastores se daban la felicitación navideña sin saber por qué o por quién, pero eso no les interesaba en absoluto, querían estar alegres pero en el fondo ni siquiera sabían la razón y tampoco les importaba saberla. Y se desató la música, no tenía nada que ver con las melodías que él y sus amigos entonaban arriba junto a Dios. Y volteó la mirada y se dio cuenta que aquella no era La Señora, que no estaba San José, que en absoluto estaba el misterio de Belén. Y Gucielín vio varios chiquillos y chiquillas bailando como perros y al querer salir de la gruta vio en el suelo muchas botellas de cerveza, comida por doquier y varias cosas más...
Gucielín se sentía muy dolido, él jamás anunció eso, le parecía todo tan grotesco y absurdo.
Tomó vuelo y cuando estaba surcando el cielo... despertó!!!
No lo podía creer, casi se diría que estaba traspirando, le volvió el espíritu a las plumas y se dijo: "Calma pequeño, era sólo un mal sueño, nada más, estate seguro de que eso nunca pasará, nunca"
***********
Es horrible,
es absurda,
es inentendible,
es imposible,
es vacía,
es grotesca,
es mentirosa
una Navidad sin Jesús al centro de todo.
Él es el centro de la navidad.
No hay navidad sin Jesús.
Feliz Navidad con Él, amigos.
Había escuchado tantos comentarios de los ángeles mayores que tenía él ahora una gran curiosidad por contemplar ese portento... "Se imaginan: ¡Dios hecho un hombre mortal!", pensaba para sí. De algún modo había crecido su admiración por el mismo Dios: haberse hecho un simple humanito para traerles salvación, qué humilde era Dios.
Antes de entrar en la gruta se sacudió un poco las plumas y las ordenó. Temía no estar a tono con el momento tan solemne. Se deslizó muy lentamente en la cueva y... por un momento no pudo ver nada, habían varias personas allí, eran los pastores, él ya conocía algunos.
Se elevó un poco y pudo ver al fondo a la Señora, pero curiosamente no le vio el rostro y entonces dirigió la mirada al centro de la escena y... "Jo, jo, jo. ¡Feliz Navidad a todos ustedes!" Gucielín casi se cae de la impresión, le fallaron las alas en verdad. Sobre el pesebre estaba un señor gordo y vestido de rojo, con una espesa barba y unas botas curiosas. La mula y el buey lo miraban medio asustados. Los pastores pensaban que él era el Mesías, que él era el centro de la navidad y le ofrecían sus dones. El señor gordo les sonreía tocando su campana y con ese feo "Jo, jo, jo" y observaba con desdén los regalos que los asustados campesinos ponían a sus pies.
Gucielín no sabía qué decir ni pensar.
"No, él no es el Mesías, él no salva a nadie, él no es el centro de la navidad" Eso es, tenía que gritar fuerte esa verdad, que un intruso estaba en el pesebre, que es un fraude, que esa no es la gruta de Belén.
El pequeño ángel montó en cólera y ahora sí que estaba por explotar de indignación, salió de la cueva y pensaba entrar de nuevo y gritar fuerte que ese señor gordo no es el Mesías. Entró decidido y ahora escuchaba a los pastores exclamar asombrados: "Ohhhh" Se elevó un poco y observó como ya no estaba el señor gordo vestido de rojo, no, no, ahora estaba un duende verde con un gorro en punta y otros duendes sobrevolando por el cueva. "Duendes... son duendes" Ni siquiera eran ángeles, eran unos seres pequeños y aparentemente simpáticos, una especie de ángeles enanos y circenses.
"Esto no es posible, esto es una broma de mal gusto o una burla" Gucielín se adelantó y cuando estaba por increpar a los duendes se encontró frente a un muñeco de hielo con una zanahoria como naríz y con una bufanda a cuadros. Nuestro amigo se avalanzó contra él y al querer darle un derechazo vio cómo aquel muñeco se transformaba en un árbol adornado con muchas cajas de colores al pie.
Gucielín se retiró, pensó en pedir refuerzos: alguien o muchos habían falseado la gruta de Belén. Esa no era la primera navidad, no estaba presente el Mesías, no estaba el Verbo hecho carne. Nuestro pequeño amigo se sentía muy mal, le dolía el corazón.
Al salir medio cabizbajo se dio cuenta cómo los pastores se daban la felicitación navideña sin saber por qué o por quién, pero eso no les interesaba en absoluto, querían estar alegres pero en el fondo ni siquiera sabían la razón y tampoco les importaba saberla. Y se desató la música, no tenía nada que ver con las melodías que él y sus amigos entonaban arriba junto a Dios. Y volteó la mirada y se dio cuenta que aquella no era La Señora, que no estaba San José, que en absoluto estaba el misterio de Belén. Y Gucielín vio varios chiquillos y chiquillas bailando como perros y al querer salir de la gruta vio en el suelo muchas botellas de cerveza, comida por doquier y varias cosas más...
Gucielín se sentía muy dolido, él jamás anunció eso, le parecía todo tan grotesco y absurdo.
Tomó vuelo y cuando estaba surcando el cielo... despertó!!!
No lo podía creer, casi se diría que estaba traspirando, le volvió el espíritu a las plumas y se dijo: "Calma pequeño, era sólo un mal sueño, nada más, estate seguro de que eso nunca pasará, nunca"
***********
Es horrible,
es absurda,
es inentendible,
es imposible,
es vacía,
es grotesca,
es mentirosa
una Navidad sin Jesús al centro de todo.
Él es el centro de la navidad.
No hay navidad sin Jesús.
Feliz Navidad con Él, amigos.
lunes, 1 de diciembre de 2008
Despertar ya!
Hace varios años un entrañable escritor católico, José Luis Martín Descalzo, en uno de sus tan esperados artículos -que ahora se encuentran también en la internet- afirmaba que por lo general los seres humanos vivimos dormidos nueve de cada diez horas de nuestra vida.
Esta afirmación me ha parecido bastante acertada y dramática.
Por lo general tenemos el alma dormida. Podemos tener los ojos abiertos pero podemos tener también el alma extraviada en otra dimensión. Será por eso que el mismo Jesucristo se encarga, en este adviento que hemos comenzado ayer, de insistir en el Evangelio que debemos estar despiertos, que debemos ser vigilantes, que ay de nosotros si el patrón viene y nos encuentra dormidos. Posiblemente el alma inmensa de Jesús se dio cuenta que la mayoría de los humanos vivimos dormidos aún con los ojos abiertos.
Posiblemente nos falta plena conciencia de lo que hacemos. Nos acostumbramos a vivir, nos acostumbramos a todo, incluso al mal, a la injusticia, al dolor, y cómo no, también nos acostumbramos a lo bello, a las cosas buenas y al final ya no las valoramos ni nos sorprendemos de todo ello, nos vamos anestesiando de vivir.
Quizá es también un mecanismo de defensa. Es que a veces la vida se pone dura y necesitamos adormecernos un poco para no impresionarnos demasiado o para no deprimirnos sin remedio.
Y así vamos jugando entre la conciencia y la inconciencia, entre el sueño y la vigilia del alma... nos vamos debatiendo en un estado de letargo, en una especie de standby humano. Tenemos la lucecita que dice "encendido" pero no estamos con los cinco sentidos a punto. Quizá en el indicador personal, en nuestra lamparita de "estado" aparece el icono aquel de esa luna: dormido, pero despierto; despierto pero dormido.
Cuánto necesitamos despertar. No es fácil lograrlo y menos vivir mucho tiempo con el alma despierta. Puede suceder que tengamos tiempos, horas, ocasiones de vigilia pero en suma la mayor parte de nuestra existencia la pasamos en un profundo sueño del alma, ronquidos incluidos.
Sospecho que son los santos, esos hombres y mujeres normales de ayer y de hoy, los que hicieron la apuesta de vivir concientemente. Ellos y ellas vivieron muy despiertos, estuvieron en vigilia permanente. Quizá por ello muchas veces nos han parecido exagerados, sino locos. Es loco aquel que se atreve a estar despierto en medio de un montón de gente dormida, como es un desquiciado el honrado en medio de ladrones.
Es una empresa muy exigente la de estar despierto siempre. Quizá por ello muy pocos lo han logrado de verdad. Estar despierto siempre implica también sentir más hondamente la alegría y el dolor. Y quizá eso nos aterra: preferimos dormir un poco para olvidar, para no recordar que sufrimos, para escapar de algún modo de nuestra dura realidad.
Y Jesucristo nos dice que despertemos, que estemos vigilantes.
Y Él sabe que nos cuesta mucho despertar, nos cuesta mucho velar y orar.
Y Él se apiada de nuestro terrible sueño del alma.
Y mientras dormimos él vela por cada uno, como si fuésemos el hijo único que está enfermo.
Y mientras demoramos en despertar él no se cansa de ninguno de nosotros.
Y Él no ha perdido la esperanza en nuestro despertar.
Y él sueña despierto en el momento en que viviremos despiertos para siempre en la eternidad.
Y mientras seguimos durmiendo él se hace centinela y no deja de gritar: "Despierten ya!!!"
No sabemos el día ni la hora en que Dios vendrá a nuestra vida, pero sabemos que cuando él venga nos traerá la paz del corazón y una alegría de manantial que curará nuestro susto y nuestro miedo de vivir.
Pero, ¿qué pasará si viene con todos sus dones y nos encuentra dormidos?
Esta afirmación me ha parecido bastante acertada y dramática.
Por lo general tenemos el alma dormida. Podemos tener los ojos abiertos pero podemos tener también el alma extraviada en otra dimensión. Será por eso que el mismo Jesucristo se encarga, en este adviento que hemos comenzado ayer, de insistir en el Evangelio que debemos estar despiertos, que debemos ser vigilantes, que ay de nosotros si el patrón viene y nos encuentra dormidos. Posiblemente el alma inmensa de Jesús se dio cuenta que la mayoría de los humanos vivimos dormidos aún con los ojos abiertos.
Posiblemente nos falta plena conciencia de lo que hacemos. Nos acostumbramos a vivir, nos acostumbramos a todo, incluso al mal, a la injusticia, al dolor, y cómo no, también nos acostumbramos a lo bello, a las cosas buenas y al final ya no las valoramos ni nos sorprendemos de todo ello, nos vamos anestesiando de vivir.
Quizá es también un mecanismo de defensa. Es que a veces la vida se pone dura y necesitamos adormecernos un poco para no impresionarnos demasiado o para no deprimirnos sin remedio.
Y así vamos jugando entre la conciencia y la inconciencia, entre el sueño y la vigilia del alma... nos vamos debatiendo en un estado de letargo, en una especie de standby humano. Tenemos la lucecita que dice "encendido" pero no estamos con los cinco sentidos a punto. Quizá en el indicador personal, en nuestra lamparita de "estado" aparece el icono aquel de esa luna: dormido, pero despierto; despierto pero dormido.
Cuánto necesitamos despertar. No es fácil lograrlo y menos vivir mucho tiempo con el alma despierta. Puede suceder que tengamos tiempos, horas, ocasiones de vigilia pero en suma la mayor parte de nuestra existencia la pasamos en un profundo sueño del alma, ronquidos incluidos.
Sospecho que son los santos, esos hombres y mujeres normales de ayer y de hoy, los que hicieron la apuesta de vivir concientemente. Ellos y ellas vivieron muy despiertos, estuvieron en vigilia permanente. Quizá por ello muchas veces nos han parecido exagerados, sino locos. Es loco aquel que se atreve a estar despierto en medio de un montón de gente dormida, como es un desquiciado el honrado en medio de ladrones.
Es una empresa muy exigente la de estar despierto siempre. Quizá por ello muy pocos lo han logrado de verdad. Estar despierto siempre implica también sentir más hondamente la alegría y el dolor. Y quizá eso nos aterra: preferimos dormir un poco para olvidar, para no recordar que sufrimos, para escapar de algún modo de nuestra dura realidad.
Y Jesucristo nos dice que despertemos, que estemos vigilantes.
Y Él sabe que nos cuesta mucho despertar, nos cuesta mucho velar y orar.
Y Él se apiada de nuestro terrible sueño del alma.
Y mientras dormimos él vela por cada uno, como si fuésemos el hijo único que está enfermo.
Y mientras demoramos en despertar él no se cansa de ninguno de nosotros.
Y Él no ha perdido la esperanza en nuestro despertar.
Y él sueña despierto en el momento en que viviremos despiertos para siempre en la eternidad.
Y mientras seguimos durmiendo él se hace centinela y no deja de gritar: "Despierten ya!!!"
No sabemos el día ni la hora en que Dios vendrá a nuestra vida, pero sabemos que cuando él venga nos traerá la paz del corazón y una alegría de manantial que curará nuestro susto y nuestro miedo de vivir.
Pero, ¿qué pasará si viene con todos sus dones y nos encuentra dormidos?
lunes, 24 de noviembre de 2008
"Ego te absolvo a peccatis tuis..."
Algunos de mis hermanos de comunidad me decían entre serios y bromistas: "Aún tienes el olor a crisma", yo sólo sonreía y rezaba para mis adentros pidiendo al Señor el poder conservarlo siempre. Habían pasado tan sólo algo más de 72 horas desde que aquel venerado cardenal me había impuesto las manos y me había presentado ante el pueblo de Dios como sacerdote. Los primeros tres días los pasé absorto, sorprendido, casi pasmado por lo que el Señor me había regalado, sin mérito alguno de mi parte. Los tres primeros días no había sentido al vivo la grandeza de lo que se me había confiado, era como un chiquillo a quien se le ha regalado algo tan valioso que casi no logra apreciarlo debidamente. Los tres primeros días los pasé así. Había concelebrado con mis hermanos recién ordenados, aún no presidía sólo una Eucaristía, hacía sólo unas pocas horas que había recibido por escrito las licencias ministeriales, el permiso de confesar y absolver. Recibí aquel documento con emoción, lo leí y releí varias veces, estaba firmado por el cardenal. Y una tarde casi todos mis hermanos tuvieron que viajar fuera de Lima. Y quedé -por cuestión de salud- junto con otro hermano recién ordenado "cuidando" el seminario. Ese jueves, igual que el jueves decisivo de Jesucristo me tocó presidir por primera para una comunidad pequeña. Estaba bastante nervioso, había ensayado varias veces el rito de la misa pero otra cosa era lanzarse a presidir de verdad. Me acerqué tembloroso al altar y yo mismo no podía creer lo que me disponía a celebrar. Me agarré del misal, leía despacio y trataba de meterme entero en ese momento sagrado. Los monaguillos de turno me miraban asombrados: hacía unos días me habían visto como diácono ayudando al superior y ahora era yo el que era ayudado por ellos.
Luego me dijo uno de ellos que había cometido un error, que me había olvidado una genuflexión. Yo no me dí cuenta del asunto, ya era para mí suficiente el no haberme perdido con el misal.
Y terminó la misa, mi primera misa. Salí de la sacristía para rezar un poco ante el Sagrario. Y pude darme cuenta de que la gente tenía los ojos puestos en mí. Me sentí perdido.
Yo pensé que allí acababa todo.
Cuando me disponía a levantarme y salir del templo una anciana -que al parecer no era del lugar- me toca el hombro y me dice: "Padre, por favor tiene que confesarme a mí y a mis nietas..." "Claro, claro" Y me puse en camino para el confesionario. Mientras iba trataba de recordar la fórmula de la absolución. Me la había aprendido ya pero ahora no la encontraba en ninguno de mis archivos mentales, eso me puso más nervioso de lo que ya estaba. Tenía ganas de inventar algo y salir corriendo. Trataba de controlar mi temor y repasar la fórmula. Recordaba que un hermano de mi grupo me decía: "Lleva siempre el ritual hasta que te lo aprendas bien" Yo no le había hecho caso y ahora comenzaba a lamentarlo.
Cerré la puerta del confesionario. La viejecilla se arrodilló y comenzó su confesión muy contrita y muy confiada quizá en que yo ya tenía una larga experiencia en el ministerio. Yo de pronto me ví metido en el momento sagrado en el que una persona abre su conciencia a Dios por medio del ministerio de un simple sacerdote. Me daba cuenta así, dramáticamente, de la grandeza que tenía entre manos. Me sentía sobrecogido. ¿Quién era yo para estar metido en todo ello? Sentí un tremendo temor de fallar, de no estar a la altura del encargo. Cuando la anciana acabó su confesión me pidió la absolución y la penitencia. Yo tuve que hacer un esfuerzo superlativo para poder hablar. A duras penas dije alguna cosa. Tembloroso y asombrado levanté la mano derecha para pronunciar aquel: "Ego te absolvo a peccatis tuis...". El Señor me ayudó a recordar en ese instante la fórmula por la cual un simple humano puede de parte de Dios perdonar a sus hermanos. Y sentí que ya no era yo, que era Alguien más quien obraba por mí. Y vinieron las pequeñas nietas y se confesaron y tuve que hacerme violencia para no emocionarme demasiado al contemplar el poder de Dios.
Recuerdo que mi confesor me había dicho por tres veces que no tuviera miedo de equivocarme, que de seguro me equivocaría, eso me consolaba bastante.
Y Dios, Jesucristo, me había puesto como puente -pontífice- entre Él y mis hermanos.
Y una y mil veces más me ví envuelto en esa atmósfera sagrada de la verdad del ser humano y la misericordia de Dios. Y les hablé a ellos de Dios y le hablé a Dios, Jesucristo, de mis hermanos. Y desde entonces agradecí al Jefe tanta consideración para conmigo.
Y desde entonces me esfuerzo por transmitir algo de Dios al que viene a pedir misericordia e intercesión. Y sé que no soy yo, de nada valdría, el que les perdona, sino uno muy grande que se llama Jesús, a quien me honro de servir.
Luego me dijo uno de ellos que había cometido un error, que me había olvidado una genuflexión. Yo no me dí cuenta del asunto, ya era para mí suficiente el no haberme perdido con el misal.
Y terminó la misa, mi primera misa. Salí de la sacristía para rezar un poco ante el Sagrario. Y pude darme cuenta de que la gente tenía los ojos puestos en mí. Me sentí perdido.
Yo pensé que allí acababa todo.
Cuando me disponía a levantarme y salir del templo una anciana -que al parecer no era del lugar- me toca el hombro y me dice: "Padre, por favor tiene que confesarme a mí y a mis nietas..." "Claro, claro" Y me puse en camino para el confesionario. Mientras iba trataba de recordar la fórmula de la absolución. Me la había aprendido ya pero ahora no la encontraba en ninguno de mis archivos mentales, eso me puso más nervioso de lo que ya estaba. Tenía ganas de inventar algo y salir corriendo. Trataba de controlar mi temor y repasar la fórmula. Recordaba que un hermano de mi grupo me decía: "Lleva siempre el ritual hasta que te lo aprendas bien" Yo no le había hecho caso y ahora comenzaba a lamentarlo.
Cerré la puerta del confesionario. La viejecilla se arrodilló y comenzó su confesión muy contrita y muy confiada quizá en que yo ya tenía una larga experiencia en el ministerio. Yo de pronto me ví metido en el momento sagrado en el que una persona abre su conciencia a Dios por medio del ministerio de un simple sacerdote. Me daba cuenta así, dramáticamente, de la grandeza que tenía entre manos. Me sentía sobrecogido. ¿Quién era yo para estar metido en todo ello? Sentí un tremendo temor de fallar, de no estar a la altura del encargo. Cuando la anciana acabó su confesión me pidió la absolución y la penitencia. Yo tuve que hacer un esfuerzo superlativo para poder hablar. A duras penas dije alguna cosa. Tembloroso y asombrado levanté la mano derecha para pronunciar aquel: "Ego te absolvo a peccatis tuis...". El Señor me ayudó a recordar en ese instante la fórmula por la cual un simple humano puede de parte de Dios perdonar a sus hermanos. Y sentí que ya no era yo, que era Alguien más quien obraba por mí. Y vinieron las pequeñas nietas y se confesaron y tuve que hacerme violencia para no emocionarme demasiado al contemplar el poder de Dios.
Recuerdo que mi confesor me había dicho por tres veces que no tuviera miedo de equivocarme, que de seguro me equivocaría, eso me consolaba bastante.
Y Dios, Jesucristo, me había puesto como puente -pontífice- entre Él y mis hermanos.
Y una y mil veces más me ví envuelto en esa atmósfera sagrada de la verdad del ser humano y la misericordia de Dios. Y les hablé a ellos de Dios y le hablé a Dios, Jesucristo, de mis hermanos. Y desde entonces agradecí al Jefe tanta consideración para conmigo.
Y desde entonces me esfuerzo por transmitir algo de Dios al que viene a pedir misericordia e intercesión. Y sé que no soy yo, de nada valdría, el que les perdona, sino uno muy grande que se llama Jesús, a quien me honro de servir.
lunes, 17 de noviembre de 2008
El rap del Camaleón
Este es el rap, el rap del Camaleón.
A todos ustedes hoy les doy mi saludón.
Si tú quieres que ría, todo el día reiré,
si tú quieres que llore, todo el día lloraré.
Nunca me preguntes que es lo que pienso yo,
yo no pienso nada que no pienses tú,
yo no digo nada que no digas tú.
Dime lo que piensas y de acuerdo yo estaré,
me disfrazo de lo que quieras si así te gusta a tí.
Este soy yo, un experto Camaleón,
tú nunca sabrás que es lo que pienso yo,
no me comprometo con nadie nunca yo,
mido mis palabras para ganarme el favor
de todos los que me miran aquí y allá
para cuidar bien mi prestigio personal.
Este soy yo, un experto Camaleón,
nunca pidas mi opinión, qué es lo que pienso yo,
no me inclino hacia nadie, sino hacia mi seguridad,
mido mis palabras para ganarme el favor
de todos los que me miman
y me dan seguridad.
Oye Camaleón, ¿sabes qué es tu actuación?
nunca te comprometes porque eso te da pavor,
siempre harás que el bueno sufra por tu temor,
nunca dirás lo que debes porque cuidas tu "honor",
siempre harás que el malvado ataque sin piedad,
siempre harás que el justo sufra por la verdad.
Oye Camaleón, ¿sabes cuál es tu final?
después de banquetear y de vidas malograr
al abismo irás a parar
por cobarde y transador con el que mentiroso es
y por no querer mostrar la cara de la verdad.
Ese eres tú, un experto Camaleón,
por tu culpa en el mundo no habrá justicia ni verdad,
porque prefieres callar antes que denunciar.
Te tiemblan las piernas ante la verdad,
miedoso y abyecto en tu barro te hundirás.
Ese eres tú, un experto Camaleón,
por tu causa el justo y el profeta hoy y mañana morirán,
por tu causa mis hermanos morirán y morirán,
porque no quisiste actuar cuando debías denunciar.
Porque preferiste tu comodidad cuidar y tu vientre engordar.
Qué pena Camaleón, al abismo irás a parar.
Mira chiquillo, tú no ves la realidad:
en este mundo hay que saber actuar,
eso se llama la cabeza usar
no comprendes que aquí todo se maneja así,
por nadie puedes al fuego la mano poner,
¿sabes por qué? Porque todos son igual a mí.
Mira chiquillo es cuestión de táctica
para estar con todos bien, para nunca chocar,
eso es la cabeza usar.
No seas tonto, por nada ni por nadie hay que apostar,
lo importante es tu pellejo salvar y de todo aprovechar
para lo mejor de la vida gozar y sin tu comodidad molestar.
Soy un Camaleón y me gusta así ser,
es cuestión de habilidad y de a todos contentar,
de nunca comprometer la propia comodidad.
Eso es lo mejor que tú puedes hacer para siempre triunfar.
Eso de por la verdad apostar no es rentable ni lo será,
la vida es sólo una y hay que aprovechar.
Yo elijo aquí todo gozar porque de lo futuro nadie me asegurará.
Soy buen palabreador y nací un cobardón,
la vida me hizo así y así yo moriré,
lo importante es ahora gozar y después ya se verá.
Soy un Camaleón y me gusta así ser.
Mira Camaleón, el Señor te va a hablar:
"Estoy a punto a tí de mi boca vomitar
porque nunca te comprometes con la verdad.
tu técnica de todo aparentar es una brutalidad,
siempre transas por tus cálculos de probabilidad.
Le dices a cada quien lo que le gusta escuchar
y haces a todo el mundo pelear y discutir
porque te gusta siempre jugar con intrigas y poder,
tu corazón pequeño y tu alma estrecha no me podrán ver jamás.
Por tu causa el inocente en esta vida sufrirá
porque no tienes agallas para luchar por la verdad
y por tu culpa el malo siempre éxito tendrá
por eso el día final por tus omisión y tu temor todo pagarás".
...........................
¿Qué nos parece la actitud del Camaleón?
¿Qué enseñanzas podemos sacar?
¿Es difícil ser coherente y fiel a la verdad?
¿Es rentable ser un "Camaleón"?
A todos ustedes hoy les doy mi saludón.
Si tú quieres que ría, todo el día reiré,
si tú quieres que llore, todo el día lloraré.
Nunca me preguntes que es lo que pienso yo,
yo no pienso nada que no pienses tú,
yo no digo nada que no digas tú.
Dime lo que piensas y de acuerdo yo estaré,
me disfrazo de lo que quieras si así te gusta a tí.
Este soy yo, un experto Camaleón,
tú nunca sabrás que es lo que pienso yo,
no me comprometo con nadie nunca yo,
mido mis palabras para ganarme el favor
de todos los que me miran aquí y allá
para cuidar bien mi prestigio personal.
Este soy yo, un experto Camaleón,
nunca pidas mi opinión, qué es lo que pienso yo,
no me inclino hacia nadie, sino hacia mi seguridad,
mido mis palabras para ganarme el favor
de todos los que me miman
y me dan seguridad.
Oye Camaleón, ¿sabes qué es tu actuación?
nunca te comprometes porque eso te da pavor,
siempre harás que el bueno sufra por tu temor,
nunca dirás lo que debes porque cuidas tu "honor",
siempre harás que el malvado ataque sin piedad,
siempre harás que el justo sufra por la verdad.
Oye Camaleón, ¿sabes cuál es tu final?
después de banquetear y de vidas malograr
al abismo irás a parar
por cobarde y transador con el que mentiroso es
y por no querer mostrar la cara de la verdad.
Ese eres tú, un experto Camaleón,
por tu culpa en el mundo no habrá justicia ni verdad,
porque prefieres callar antes que denunciar.
Te tiemblan las piernas ante la verdad,
miedoso y abyecto en tu barro te hundirás.
Ese eres tú, un experto Camaleón,
por tu causa el justo y el profeta hoy y mañana morirán,
por tu causa mis hermanos morirán y morirán,
porque no quisiste actuar cuando debías denunciar.
Porque preferiste tu comodidad cuidar y tu vientre engordar.
Qué pena Camaleón, al abismo irás a parar.
Mira chiquillo, tú no ves la realidad:
en este mundo hay que saber actuar,
eso se llama la cabeza usar
no comprendes que aquí todo se maneja así,
por nadie puedes al fuego la mano poner,
¿sabes por qué? Porque todos son igual a mí.
Mira chiquillo es cuestión de táctica
para estar con todos bien, para nunca chocar,
eso es la cabeza usar.
No seas tonto, por nada ni por nadie hay que apostar,
lo importante es tu pellejo salvar y de todo aprovechar
para lo mejor de la vida gozar y sin tu comodidad molestar.
Soy un Camaleón y me gusta así ser,
es cuestión de habilidad y de a todos contentar,
de nunca comprometer la propia comodidad.
Eso es lo mejor que tú puedes hacer para siempre triunfar.
Eso de por la verdad apostar no es rentable ni lo será,
la vida es sólo una y hay que aprovechar.
Yo elijo aquí todo gozar porque de lo futuro nadie me asegurará.
Soy buen palabreador y nací un cobardón,
la vida me hizo así y así yo moriré,
lo importante es ahora gozar y después ya se verá.
Soy un Camaleón y me gusta así ser.
Mira Camaleón, el Señor te va a hablar:
"Estoy a punto a tí de mi boca vomitar
porque nunca te comprometes con la verdad.
tu técnica de todo aparentar es una brutalidad,
siempre transas por tus cálculos de probabilidad.
Le dices a cada quien lo que le gusta escuchar
y haces a todo el mundo pelear y discutir
porque te gusta siempre jugar con intrigas y poder,
tu corazón pequeño y tu alma estrecha no me podrán ver jamás.
Por tu causa el inocente en esta vida sufrirá
porque no tienes agallas para luchar por la verdad
y por tu culpa el malo siempre éxito tendrá
por eso el día final por tus omisión y tu temor todo pagarás".
...........................
¿Qué nos parece la actitud del Camaleón?
¿Qué enseñanzas podemos sacar?
¿Es difícil ser coherente y fiel a la verdad?
¿Es rentable ser un "Camaleón"?
lunes, 10 de noviembre de 2008
"Tradición y propiedad" (ideologías, 2da parte)
Antagónica a las ideologías anteriores es la postura de quienes por alguna razón defienden y defenderán siempre, si es posible con los dientes, todo aquello que sepa a seguridades humanas: la propiedad privada, las propias tradiciones humanas, todo ello sin que interesen demasiado las personas y sus problemas.
Lamentablemente esta postura ideológica tiene también presencia en los ambientes de fe, en los círculos religiosos y genera también personas violentas o inmisericordes, cegadas para ciertas realidades humanas como el sufrimiento de los inocentes o la injusticia para con los pobres.
Los que se inclinan hacia estas tristes ideologías sostienen por ejemplo que en el mundo hay demasiada gente, que no es posible encontrar tanto alimento para demasiados seres humanos, por ello se inclinan a favor de la esterilización de las mujeres pobres, promueven, como no, el aborto a distintos niveles y eso sí: pueden cortar vidas pero no cortarán sus ansias de tener más y con mucha seguridad. No saben, no quieren enterarse de que en el mundo hay suficiente alimento para todos pero que el problema, el único problema, es que a ellos nunca les dará la gana de desprenderse de "sus cosas" para que otros puedan vivir dignamente (¿Hará falta decir o escribir que el problema está en el injusto reparto de los bienes materiales?).
Los adoradores de "sus cosas" son más elegantes y amables que los "clasistas y combativos" pero son igualmente egoístas. Y quizá en el fondo -como aludí en el anterior artículo- unos y otros son igualmente adoradores del dinero o del poder que tienen o que desean tener. Nótese, por ejemplo, cómo actualmente existe en nuestra sociedad ese híbrido social llamado "izquierdista-caviar", es decir: ese pretendido luchador por la verdad y la justicia, que se engolosina hablando contra el capitalismo y el abuso de los poderosos y que a la par de su discurso lleva una vida propia de un capitalista burgués, con todos sus vicios, modas y comodidades. Luchadores sociales de pacotilla.
El adicto a la Tradición y Propiedad es el favorecedor de las dictaduras y de los atropellos contra los derechos humanos. Consumista empedernido y cegatón voluntario, amigo de la seguridad y amante de su propia comodidad, soberbio a ultranza y falso creyente.
.........................
¿Cómo conquistar el camino de la verdadera libertad?
¿Cómo luchar por la verdad y por la justicia sin caer en el juego del propio egoísmo?
¿Cómo alcanzar la clave de la verdadera honradez para con Dios y con los hermanos?
Nos hace falta volver la mirada al Dios y Hombre verdadero, Jesucristo, que ha venido a mostrarle al hombre cómo debe ser hombre.
Más que un simple líder, más que un caudillo prefabricado, más que un adalid de verdades no tan verdaderas, necesitamos de Jesucristo, el de los evangelios.
Y encontrándolo a él tendremos vida plena.
Amén.
Lamentablemente esta postura ideológica tiene también presencia en los ambientes de fe, en los círculos religiosos y genera también personas violentas o inmisericordes, cegadas para ciertas realidades humanas como el sufrimiento de los inocentes o la injusticia para con los pobres.
Los que se inclinan hacia estas tristes ideologías sostienen por ejemplo que en el mundo hay demasiada gente, que no es posible encontrar tanto alimento para demasiados seres humanos, por ello se inclinan a favor de la esterilización de las mujeres pobres, promueven, como no, el aborto a distintos niveles y eso sí: pueden cortar vidas pero no cortarán sus ansias de tener más y con mucha seguridad. No saben, no quieren enterarse de que en el mundo hay suficiente alimento para todos pero que el problema, el único problema, es que a ellos nunca les dará la gana de desprenderse de "sus cosas" para que otros puedan vivir dignamente (¿Hará falta decir o escribir que el problema está en el injusto reparto de los bienes materiales?).
Los adoradores de "sus cosas" son más elegantes y amables que los "clasistas y combativos" pero son igualmente egoístas. Y quizá en el fondo -como aludí en el anterior artículo- unos y otros son igualmente adoradores del dinero o del poder que tienen o que desean tener. Nótese, por ejemplo, cómo actualmente existe en nuestra sociedad ese híbrido social llamado "izquierdista-caviar", es decir: ese pretendido luchador por la verdad y la justicia, que se engolosina hablando contra el capitalismo y el abuso de los poderosos y que a la par de su discurso lleva una vida propia de un capitalista burgués, con todos sus vicios, modas y comodidades. Luchadores sociales de pacotilla.
El adicto a la Tradición y Propiedad es el favorecedor de las dictaduras y de los atropellos contra los derechos humanos. Consumista empedernido y cegatón voluntario, amigo de la seguridad y amante de su propia comodidad, soberbio a ultranza y falso creyente.
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¿Cómo conquistar el camino de la verdadera libertad?
¿Cómo luchar por la verdad y por la justicia sin caer en el juego del propio egoísmo?
¿Cómo alcanzar la clave de la verdadera honradez para con Dios y con los hermanos?
Nos hace falta volver la mirada al Dios y Hombre verdadero, Jesucristo, que ha venido a mostrarle al hombre cómo debe ser hombre.
Más que un simple líder, más que un caudillo prefabricado, más que un adalid de verdades no tan verdaderas, necesitamos de Jesucristo, el de los evangelios.
Y encontrándolo a él tendremos vida plena.
Amén.
domingo, 2 de noviembre de 2008
"Reciban mi saludo clasista y combativo" (Ideologías, 1ra parte)
A raíz de lo que en estos últimos días me ha tocado vivir, en esta oportunidad quiero referirme al tema de algunas ideologías políticas que subyacen en varios de nuestros países latinoamericanos y que mantienen cautivos a miles de hermanos nuestros.
El título de este artículo de inmediato nos remite a una ideología que según la clasificación clásica es "de izquierdas" y que está muy presente entre nuestro campesinado y algunas elites en nuestras grandes urbes.
Hablando de lo que es una herejía -en el ámbito teológico- alguien no dudo en definirla así: "Es una verdad que se ha vuelto loca". ¿Qué podríamos decir de lo que es una ideología? Para hacer un parangón a la anterior definición yo podría decir que una ideología es una verdad que se ha vuelto paranoica o que tiene personalidad bipolar.
Una de las cosas que me llama profundamente la atención es la actitud paranoide en la que por ejemplo pueden caer los cautivos de ideologías "de izquierdas". Definitivamente no creerán en nada de lo que les digan otros que no piensen como ellos. Definitivamente creerán tener enemigos por todos lados, se juntarán como una piña para 'defenderse' del enemigo que les cerca, se sentirán perseguidos, asediados, intimidados, acorralados...
Yo no sé si todos los cautivos de ideologías de izquierdas sepan lo que dijo Hegel acerca de la necesidad de la dialéctica y de que esta fue la base para entender luego el pensamiento de Marx, por lo menos con relación a la lucha de clases. Sin embargo los que en nuestros países andinos se toman en serio sus ideologías "clasistas" dan por descontada la necesidad de una contraposición precisamente entre clases sociales.
¿Y qué pasa cuando -en nuestros países andinos- no pocos de los que educan a las jóvenes generaciones sufren de esta paranoia ideológica? Seguramente transmitirán sus presupuestos a los más jóvenes y más tarde ellos también verán como enemigo a todo aquel que no sea de su "clase. Y entonces serán "clasistas y combativos". Pero cuando ellos y sus maestros progresen un poco se convertirán muy seguramente en "clasistas caviar", es decir: tendrán una mano empuñada en sus "plataformas de lucha" y con la otra sostendrán sus celulares y sus comodidades capitalistas que en el fondo les atraen desmedidamente.
¡Qué engañoso es el mundo de las ideologías humanas!
¡Cuánto retraso traen en nuestros pueblos de latinoamérica!
Yo apuesto por el Evangelio de Jesucristo, que definitivamente está muy por encima de cualquier ideología, del color que sea, roja o estrellada, azul o con franjas rojas.
Si una ideología es una verdad paranoide, El Evangelio es La Verdad para todos.
Ustedes, ¿qué dicen?
El título de este artículo de inmediato nos remite a una ideología que según la clasificación clásica es "de izquierdas" y que está muy presente entre nuestro campesinado y algunas elites en nuestras grandes urbes.
Hablando de lo que es una herejía -en el ámbito teológico- alguien no dudo en definirla así: "Es una verdad que se ha vuelto loca". ¿Qué podríamos decir de lo que es una ideología? Para hacer un parangón a la anterior definición yo podría decir que una ideología es una verdad que se ha vuelto paranoica o que tiene personalidad bipolar.
Una de las cosas que me llama profundamente la atención es la actitud paranoide en la que por ejemplo pueden caer los cautivos de ideologías "de izquierdas". Definitivamente no creerán en nada de lo que les digan otros que no piensen como ellos. Definitivamente creerán tener enemigos por todos lados, se juntarán como una piña para 'defenderse' del enemigo que les cerca, se sentirán perseguidos, asediados, intimidados, acorralados...
Yo no sé si todos los cautivos de ideologías de izquierdas sepan lo que dijo Hegel acerca de la necesidad de la dialéctica y de que esta fue la base para entender luego el pensamiento de Marx, por lo menos con relación a la lucha de clases. Sin embargo los que en nuestros países andinos se toman en serio sus ideologías "clasistas" dan por descontada la necesidad de una contraposición precisamente entre clases sociales.
¿Y qué pasa cuando -en nuestros países andinos- no pocos de los que educan a las jóvenes generaciones sufren de esta paranoia ideológica? Seguramente transmitirán sus presupuestos a los más jóvenes y más tarde ellos también verán como enemigo a todo aquel que no sea de su "clase. Y entonces serán "clasistas y combativos". Pero cuando ellos y sus maestros progresen un poco se convertirán muy seguramente en "clasistas caviar", es decir: tendrán una mano empuñada en sus "plataformas de lucha" y con la otra sostendrán sus celulares y sus comodidades capitalistas que en el fondo les atraen desmedidamente.
¡Qué engañoso es el mundo de las ideologías humanas!
¡Cuánto retraso traen en nuestros pueblos de latinoamérica!
Yo apuesto por el Evangelio de Jesucristo, que definitivamente está muy por encima de cualquier ideología, del color que sea, roja o estrellada, azul o con franjas rojas.
Si una ideología es una verdad paranoide, El Evangelio es La Verdad para todos.
Ustedes, ¿qué dicen?
martes, 28 de octubre de 2008
¿Por qué esa actitud?
Sólo hace unos meses -gracias al comentario de unas religiosas amigas- he descubierto el fenómeno de los jóvenes "Emo". Desde ese entonces he estado atento al asunto y me he dado con la ingrata sorpresa de que los Emo no son pocos y que constituyen una moda por lo menos de temer. No creo que todos los chicos y chicas peruanos que visten de negro y rosado y que usan un peinado que les tapa un ojo con el pelo lacio y negro, sepan exactamente qué es ser un Emo pero yo temo más a lo que está detrás.
Y ¿qué está detras? Pues a mi juicio algo simple y a la vez aterrador: ese curioso afán o ese cariño extraño que no pocos le han tomado a lo que significa tristeza, fealdad y autodestrucción personal.
¿Por qué les gusta tanto todo aquello que les sabe a sufrir, a muerte, a desgarro del corazón? ¿Por qué les gustan tanto las canciones esas tan tristes y que les dejan sin esperanza?
Pero no sólo están los Emo con ese cariño por morirse y que se engolosinan con su propia tristeza. Considero también otras tristezas: todos esos modernos dibujos animados en los que se ven muertos, pulverizados, y aniquilados. Y están también esos polos "lindos" con motivos "Heavy metal" por ejemplo, en los que las calaveras, los cráneos, y cosas semejantes son las más atractivas. Vaya repentino cariño por lo horrible.
¿Y qué decir de los tatuajes? Quizá podría admitir un tatuaje hermoso, por ejemplo con el nombre del amor de mi vida. Pero ¿qué decir de esos tatuajes con motivos de muerte y destrucción, eso sí: bien adornaditos?
En fin, ¿de dónde salen todas estas repentinas modas o cariños locos por todo aquello que representa depresión, muerte, violencia, maldad, sadismo, procacidad?
Posiblemente los comerciantes tienen su parte en toda esta movida, pero lo que me hace temer es esa acrítica manera de asumir todo esto por parte -mayormente- de las generaciones más jóvenes. De acuerdo, los comerciantes hacen lo suyo, pero qué pena que estos inescrupulosos puedan encontrar tanta gente bien dispuesta a tragarse -o ponerse- todo lo que ellos ponen en vitrina.
¿Ya no quedará espacio ni tiempo ni lugar para disfrutar de lo hermoso, de lo realmente bello y perfecto?
Sólo por hacer un comentario más estético: muchas chicas piensan que son bellas -y muchos varones piensan que ellas lo son- cuando en realidad a lo más que llegan es a ser provocadoras y nada más. Entre real belleza y real provocación creo que hay distancia.
¿Y qué decir de esos esqueletos humanos: anoréxicos, pálidos, de mirada perdida, serios, poco naturales y muy forzados, en los que se han convertido -¿por culpa de quiénes?- a las modelos de pasarela? Yo por lo menos cuando las veo en la televisión siento una gran lástima por lo que han llegado a ser: unos mamotretos de humanidad.
Y sigamos: ¿Ya no quedará lugar ni espacio ni tiempo para la belleza que sublima, para la perfección que hace brotar poesía?
Hace algún tiempo escuché un audio en el que un poeta moderno de mucho prestigio recitaba sus versos. Me dijeron que era lo mejor de su país y que tenía embrujados a los universitarios. En verdad yo no pude aguantar más de un minuto escucharlo.
¿Tendremos que pensar que hasta la poesía se ha esfumado de la faz de la tierra? ¿Será que ahora ya no tendremos la oportunidad de escuchar versos del alma sino que nos bastará con escuchar la inspiración que tuvo un fulano mientras iba en el bus por la gran ciudad escuchando una pachanga de letra irrepetible y menos todavía digerible?
¿Por qué los modernos amamos tanto lo feo?
¿Por qué a los modernos nos basta un poco de provocación y procacidad?
¿Ya no tendremos capacidad de apreciar lo bello, lo noble, lo puro, lo laudable, lo que es virtud o mérito?
¿Será que lo mortuorio, la improvisación, el desparpajo, la obscenidad y lo feo deberán constituir sí o sí nuestro ambiente de vida?
¿Por qué esa actitud?
He lanzado varias interrogantes en este artículo, son sólo motivaciones a "conversar" este tema apuntando a la finura de espíritu.
Gracias.
Y ¿qué está detras? Pues a mi juicio algo simple y a la vez aterrador: ese curioso afán o ese cariño extraño que no pocos le han tomado a lo que significa tristeza, fealdad y autodestrucción personal.
¿Por qué les gusta tanto todo aquello que les sabe a sufrir, a muerte, a desgarro del corazón? ¿Por qué les gustan tanto las canciones esas tan tristes y que les dejan sin esperanza?
Pero no sólo están los Emo con ese cariño por morirse y que se engolosinan con su propia tristeza. Considero también otras tristezas: todos esos modernos dibujos animados en los que se ven muertos, pulverizados, y aniquilados. Y están también esos polos "lindos" con motivos "Heavy metal" por ejemplo, en los que las calaveras, los cráneos, y cosas semejantes son las más atractivas. Vaya repentino cariño por lo horrible.
¿Y qué decir de los tatuajes? Quizá podría admitir un tatuaje hermoso, por ejemplo con el nombre del amor de mi vida. Pero ¿qué decir de esos tatuajes con motivos de muerte y destrucción, eso sí: bien adornaditos?
En fin, ¿de dónde salen todas estas repentinas modas o cariños locos por todo aquello que representa depresión, muerte, violencia, maldad, sadismo, procacidad?
Posiblemente los comerciantes tienen su parte en toda esta movida, pero lo que me hace temer es esa acrítica manera de asumir todo esto por parte -mayormente- de las generaciones más jóvenes. De acuerdo, los comerciantes hacen lo suyo, pero qué pena que estos inescrupulosos puedan encontrar tanta gente bien dispuesta a tragarse -o ponerse- todo lo que ellos ponen en vitrina.
¿Ya no quedará espacio ni tiempo ni lugar para disfrutar de lo hermoso, de lo realmente bello y perfecto?
Sólo por hacer un comentario más estético: muchas chicas piensan que son bellas -y muchos varones piensan que ellas lo son- cuando en realidad a lo más que llegan es a ser provocadoras y nada más. Entre real belleza y real provocación creo que hay distancia.
¿Y qué decir de esos esqueletos humanos: anoréxicos, pálidos, de mirada perdida, serios, poco naturales y muy forzados, en los que se han convertido -¿por culpa de quiénes?- a las modelos de pasarela? Yo por lo menos cuando las veo en la televisión siento una gran lástima por lo que han llegado a ser: unos mamotretos de humanidad.
Y sigamos: ¿Ya no quedará lugar ni espacio ni tiempo para la belleza que sublima, para la perfección que hace brotar poesía?
Hace algún tiempo escuché un audio en el que un poeta moderno de mucho prestigio recitaba sus versos. Me dijeron que era lo mejor de su país y que tenía embrujados a los universitarios. En verdad yo no pude aguantar más de un minuto escucharlo.
¿Tendremos que pensar que hasta la poesía se ha esfumado de la faz de la tierra? ¿Será que ahora ya no tendremos la oportunidad de escuchar versos del alma sino que nos bastará con escuchar la inspiración que tuvo un fulano mientras iba en el bus por la gran ciudad escuchando una pachanga de letra irrepetible y menos todavía digerible?
¿Por qué los modernos amamos tanto lo feo?
¿Por qué a los modernos nos basta un poco de provocación y procacidad?
¿Ya no tendremos capacidad de apreciar lo bello, lo noble, lo puro, lo laudable, lo que es virtud o mérito?
¿Será que lo mortuorio, la improvisación, el desparpajo, la obscenidad y lo feo deberán constituir sí o sí nuestro ambiente de vida?
¿Por qué esa actitud?
He lanzado varias interrogantes en este artículo, son sólo motivaciones a "conversar" este tema apuntando a la finura de espíritu.
Gracias.
lunes, 20 de octubre de 2008
Ángeles de Dios
Me considero una persona afortunada. Y no es que la fortuna la tenga en mí mismo sino en todas aquellas personas que he podido conocer y que más que haberles ayudado desde mi condición sacerdotal, se han convertido para mí en "aliados" por decirlo de algún modo. Ellos son mi fortuna.
Los primeros que me vienen a la mente son esos "paraísos andantes", los niños pequeños con quienes, ¡gracias a Dios!, he podido entablar una gran amistad. Están los "Sin dientes adelante" que cuando me ven simplemente corren para saludarme aunque luego me quede con el traje manchado (eso poco importa en verdad, diría que son gloriosas manchas). Están las "Pilluelas" que convierten mis brazos en columpios y que no saben que me es muy difícil resistir 80 kilos con un sólo brazo. Están esos "Cara de yo no fui" que luego de una indicación de su profesor vienen a mí y me sueltan a bocajarro: "Te quiero mucho"... poco entienden de por qué me quedo bloqueado luego de sus cariñosos asaltos... los que atesoro como gloriosos "Óscar".
Están esos chicos y chicas a los que muchas veces he estado a punto de preguntarles: "¿De qué planeta vienen?" ¿Por qué? Porque los veo tan íntegros y honrados con Dios y con los demás que me hacen dudar de si son de nuestra raza o son ángeles en jeans y zapatillas.
Está "Sor Dulce" que está muy segura de que yo le ayudo mucho con mi ministerio pero que no se da cuenta -felizmente- de que al sólo escucharle me siento evangelizado y atraído a regiones superiores del Espíritu. Está "Sor Claridad" ante quien a veces debo aguantar alguna lagrimilla de emoción por captar tanto amor a Dios y tanta fidelidad. Está "Sor Alegría" ante quien a veces me siento un tanto "envidioso" -se me perdone la palabra- al verla tan llena de esa alegría que no tiene razones humanas sino divinas. En fín, están "Sor Paz", "Sor Pureza", que me evangelizan sin darse cuenta.
Y también están aquellas "Almas gemelas" que viven en santo matrimonio y que me hacen pensar en cómo habrá sido la Sagrada Familia de Nazaret. Veo sus alegrías, sus dolores, sus preocupaciones, también sus defectos pero por sobre todo, esa bondad de corazón que nada ni nadie, ni siquiera la pobreza, han podido arrebatarles.
Y están también esos colegas, aquel "Padre Radical" al que he podido conocer muy de cerca, que lleva en sí un corazón de una sola pieza para Dios y que, en medio de sus modos singulares de ser, tiene un alma muy clara para con Jesucristo. Y está el "Padre Oráculo" a quien cada vez que veo experimento una fuerte descarga de Dios y que en medio de sus chistes y ocurrencias va regalando palabras de Dios, mensajes que vienen de lo alto.
Y está "Doña Corazón grande" que en medio de su humanidad golpeada por la enfermedad se hace servidora de muchos y mantiene una fe y una fortaleza que ya la quisieran tener muchos soldados.
Y están muchos más que me evangelizan silenciosamente con su nobleza de alma, con su franqueza y pureza integérrima, tantos que podrían hacer este artículo demasiado largo para ser parte de un modesto blog.
Yo no pretendo canonizar a nadie, quizá sirva de poco a estas alturas. Yo sólo digo que la gente buena existe y que si hay gente muy mala que a algunos les hace desear morir, también hay gente buena que me hace decir y con convicción: "¡Qué linda es la vida!"
Son ángeles sin alas, serafines con rostro descubierto, arcángeles de aspecto amable, querubines que cantan una canción del alma, gente que da a nuestra alma un nuevo oxígeno, unas tremendas ganas de luchar, de superarse. Son ángeles que nos dan aliento, nos infunden esperanza. Son aquellos y aquellas que hacen parir el corazón y se hacen padres y madres en un sentido más pleno, más total, más amplio, nos dan vida, nos alegran, nos purifican, nos re-crean.
Yo creo que están por todas partes, quizá medio escondidos a veces, sólo hace falta que abramos bien los ojos para verlos o que purifiquemos un poquito el corazón para detectarlos a tiempo, para disfrutar de su presencia.
Sí. Los ángeles existen, los que no vemos y los que vemos entre nosotros, están allí, con el traje humilde, con el uniforme, con el hábito sencillo, con los jeans, con el polito del Pato Donald, con el chupetín en la boca, en fin, con ganas de contagiar un poco de bondad a pesar de que la vida pueda ser dura también. Ángeles que nos recuerdan que a pesar de todo se puede sonreír, esperar, amar, confiar, luchar. Ángeles que muchas veces olvidando que tienen las alas heridas no dejan agitar sus alas y de transmitir luz y paz.
Sí, yo he visto ángeles de Dios... soy un hombre afortunado.
Gracias Señor por esos angelotes.
Los primeros que me vienen a la mente son esos "paraísos andantes", los niños pequeños con quienes, ¡gracias a Dios!, he podido entablar una gran amistad. Están los "Sin dientes adelante" que cuando me ven simplemente corren para saludarme aunque luego me quede con el traje manchado (eso poco importa en verdad, diría que son gloriosas manchas). Están las "Pilluelas" que convierten mis brazos en columpios y que no saben que me es muy difícil resistir 80 kilos con un sólo brazo. Están esos "Cara de yo no fui" que luego de una indicación de su profesor vienen a mí y me sueltan a bocajarro: "Te quiero mucho"... poco entienden de por qué me quedo bloqueado luego de sus cariñosos asaltos... los que atesoro como gloriosos "Óscar".
Están esos chicos y chicas a los que muchas veces he estado a punto de preguntarles: "¿De qué planeta vienen?" ¿Por qué? Porque los veo tan íntegros y honrados con Dios y con los demás que me hacen dudar de si son de nuestra raza o son ángeles en jeans y zapatillas.
Está "Sor Dulce" que está muy segura de que yo le ayudo mucho con mi ministerio pero que no se da cuenta -felizmente- de que al sólo escucharle me siento evangelizado y atraído a regiones superiores del Espíritu. Está "Sor Claridad" ante quien a veces debo aguantar alguna lagrimilla de emoción por captar tanto amor a Dios y tanta fidelidad. Está "Sor Alegría" ante quien a veces me siento un tanto "envidioso" -se me perdone la palabra- al verla tan llena de esa alegría que no tiene razones humanas sino divinas. En fín, están "Sor Paz", "Sor Pureza", que me evangelizan sin darse cuenta.
Y también están aquellas "Almas gemelas" que viven en santo matrimonio y que me hacen pensar en cómo habrá sido la Sagrada Familia de Nazaret. Veo sus alegrías, sus dolores, sus preocupaciones, también sus defectos pero por sobre todo, esa bondad de corazón que nada ni nadie, ni siquiera la pobreza, han podido arrebatarles.
Y están también esos colegas, aquel "Padre Radical" al que he podido conocer muy de cerca, que lleva en sí un corazón de una sola pieza para Dios y que, en medio de sus modos singulares de ser, tiene un alma muy clara para con Jesucristo. Y está el "Padre Oráculo" a quien cada vez que veo experimento una fuerte descarga de Dios y que en medio de sus chistes y ocurrencias va regalando palabras de Dios, mensajes que vienen de lo alto.
Y está "Doña Corazón grande" que en medio de su humanidad golpeada por la enfermedad se hace servidora de muchos y mantiene una fe y una fortaleza que ya la quisieran tener muchos soldados.
Y están muchos más que me evangelizan silenciosamente con su nobleza de alma, con su franqueza y pureza integérrima, tantos que podrían hacer este artículo demasiado largo para ser parte de un modesto blog.
Yo no pretendo canonizar a nadie, quizá sirva de poco a estas alturas. Yo sólo digo que la gente buena existe y que si hay gente muy mala que a algunos les hace desear morir, también hay gente buena que me hace decir y con convicción: "¡Qué linda es la vida!"
Son ángeles sin alas, serafines con rostro descubierto, arcángeles de aspecto amable, querubines que cantan una canción del alma, gente que da a nuestra alma un nuevo oxígeno, unas tremendas ganas de luchar, de superarse. Son ángeles que nos dan aliento, nos infunden esperanza. Son aquellos y aquellas que hacen parir el corazón y se hacen padres y madres en un sentido más pleno, más total, más amplio, nos dan vida, nos alegran, nos purifican, nos re-crean.
Yo creo que están por todas partes, quizá medio escondidos a veces, sólo hace falta que abramos bien los ojos para verlos o que purifiquemos un poquito el corazón para detectarlos a tiempo, para disfrutar de su presencia.
Sí. Los ángeles existen, los que no vemos y los que vemos entre nosotros, están allí, con el traje humilde, con el uniforme, con el hábito sencillo, con los jeans, con el polito del Pato Donald, con el chupetín en la boca, en fin, con ganas de contagiar un poco de bondad a pesar de que la vida pueda ser dura también. Ángeles que nos recuerdan que a pesar de todo se puede sonreír, esperar, amar, confiar, luchar. Ángeles que muchas veces olvidando que tienen las alas heridas no dejan agitar sus alas y de transmitir luz y paz.
Sí, yo he visto ángeles de Dios... soy un hombre afortunado.
Gracias Señor por esos angelotes.
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