viernes, 21 de octubre de 2022

Entre la Gran Apostasía y el Triunfo del Inmaculado Corazón

 

I

 Desde hace varios años, me llama poderosamente la atención el gran divorcio que se ha creado entre los temas que ocupan los diálogos y las discusiones clericales, por un lado, y -por otro lado- la creciente necesidad de espiritualidad que experimentan los fieles sencillos y las personas de buena voluntad.  Es un fuerte signo de los tiempos que los clérigos y religiosos católicos mayormente no sabemos discernir.

 Definitivamente, clérigos y laicos vivimos mundos muy distintos.  Y es que:

- Mientras sacerdotes y religiosos navegamos -no todos es verdad, pero sí una gran mayoría- en las aguas de una creciente ‘preocupación ecológica’ por “la casa común”, los fieles sencillos -los creyentes de a pie- se ven muy necesitados de una interpretación de fe acerca de sus sufrimientos y de lo que les sucede en el día a día.  

- Mientras clérigos y religiosos nos enfrascamos en programas pastorales con muchos y rimbombantes ‘ejes pastorales’ -las más de las veces indescifrables y con visibles prejuicios ideológicos-, los fieles sencillos -los creyentes de a pie- nos preguntan y se preguntan por la santidad y por la eternidad, por qué es lo que hay después de la muerte. 

- Mientras clérigos y religiosos estamos metidos hasta la coronilla en discursos acerca de la ‘sinodalidad’ de moda, los fieles sencillos -los creyentes de a pie- esperan que sus sacerdotes y religiosos les enseñen a orar mejor, por ejemplo.  

- Mientras muchos fieles sencillos -los creyentes de a pie- encuentran a Jesucristo en adoración eucarística, varios clérigos e incluso enteras comunidades de religiosos están como obnubiladas por el yoga, por la meditación zen y por otras prácticas de la Nueva Era. 

- Mientras que incluso algún obispo afirma que “nadie se convierte rezando ante el Sagrario”, fieles sencillos -católicos de a pie- experimentan el poder y la Gracia de Dios cuando oran en silencio ante el Sagrario y cuando adoran en silencio a Jesucristo en la Eucaristía. 

- Mientras varios sacerdotes -y algún obispo- están como obsesionados por cómo acabar con el ‘clericalismo’, tanto que ya proponen abiertamente que los laicos sean párrocos, no pocos fieles sencillos y personas de buena voluntad sólo quieren ver a sus sacerdotes como… sacerdotes (y se preguntan por qué los religiosos no quieren mostrarse como… religiosos). 

- Mientras que no pocos sacerdotes y religiosos se esfuerzan por dejar de transparentar a Dios, muchos fieles sencillos -creyentes de a pie-, se preguntan de dónde les viene a sus pastores tanto afán por dejar de ser lo que están llamados a ser: hombres y mujeres de Dios. 

- En fin, mientras que fieles sencillos y personas de buena voluntad ahora miran hacia el cielo, sacerdotes y religiosos estamos como obsesionados por tener ‘los pies en la tierra’, absolutamente horizontalizados, tremendamente alérgicos a cualquier cosa que sepa a ‘verticalismo’.

 

Y claro, si así veo que están no pocos pastores, podría deducir ya cómo están las entidades pastorales:

- Mientras varias instituciones católicas -parroquias, colegios religiosos, medios de comunicación, servicios de catequesis, etc.- ahora se han vuelto muy ‘de la tierra’, los fieles sencillos y la gente de buena voluntad de pronto sienten la necesidad de una espiritualidad católica alta y profunda. 

- Mientras en muchas parroquias sólo se ofrecen algunas devociones tradicionales y mucha acción social, los fieles sencillos y la gente de buena voluntad de pronto sienten necesidad de silencio y soledad para estar con Dios.  

- Mientras a varios sacerdotes y religiosos se les ha metido en la cabeza un desmedido afán por hacer y hacer cosas sin parar nunca, muchos fieles desconcertados observan cómo es que en sus parroquias lo que menos se puede hacer es… rezar en silencio y con calma. 

- Mientras muchas catequesis y charlas de fe están plagadas de palabras ambiguas e ideologizadas: comprometerse, inculturarse, encarnarse, diversidad, pluralismo, tolerancia, igualdad, equidad, género, etc., no pocos fieles se ven obligados a migrar incluso a sectas y confesiones cristianas donde sí encuentran respuestas claras y definidas a sus legítimas y urgentes necesidades espirituales.

 

Con espanto y dolor, he venido constatando cómo es que varios sacerdotes y religiosos hacen un tremendo apostolado para… alejar de Dios.  Es muy duro y triste pensarlo y escribirlo, pero esto sucede cada día en varios lugares.  Me explico mejor contando brevemente algunos casos reales:

- ¿Aquel jovencito viene mucho a rezar? Enseguida lo voy a poner para ayudar en el comedor parroquial para que se le vayan esas ideas de la cabeza. 

- ¿Aquella muchacha viene mucho a la adoración eucarística? Ahora verá, debe aprender a pisar tierra y dejarse de falsos misticismos. 

- ¿Un muchacho viene para pedir consejo sobre si hacer una promesa de castidad hasta el matrimonio?  ¡Por favor, sé hombre, no te reprimas!  

- ¿Una muchacha quiere intentar la vida contemplativa?  ¡Por favor! ¡Eso ya pasó de moda, ahora la Iglesia es activa y misionera, estamos ‘en salida’! 

- ¿Aquel grupo pide a su párroco instaurar más horas de adoración eucarística?  ¡Qué se creen! ¡Ahora verán cómo desaparecen sus afanes pseudomísticos!

- ¿Un grupo Provida pide apoyo de la parroquia? ¡Aquí no es lugar para fanáticos!

 

He observado que:

- Mientras en algunas homilías el sacerdote de turno se enfrasca en un discurso social o simplemente cultural, los fieles sencillos se preguntan cuándo les hablarán por fin de la Palabra de Dios. 

- En otras homilías el discurso del sacerdote es tan poco convincente y extremadamente adormecedor y aburrido, tanto que las personas de buena voluntad y los fieles sencillos se preguntan por qué aquel sacerdote no predica como quien de verdad cree y ama a Dios.  Y es que no pocos clérigos al predicar muestran un discurso tan barroco, tan formal y acartonado, tan políticamente correcto y diplomático, tan lírico y vacío, que los fieles de a pie extrañan mucho a Jesucristo cuando con sencillez y de modo directo hablaba a orillas del lago de cuánto los amaba el Padre Dios.

- En fin, mientras grupos no católicos se empeñan por evangelizar de verdad, los clérigos y religiosos católicos invertimos demasiado tiempo hablando de la evangelización, pero sin llegar a realizarla de verdad. Discutimos mucho sobre programas, documentos y lineamientos, nos llenamos la boca citando textos del Magisterio, citamos ‘Aparecida’ con abundancia -para estar al día-, pero de esas interminables reuniones, simposios, congresos y cursos poco -muy poco- llega a convertirse en evangelización real.  Los más ‘encarnados’ citarán con más profusión ‘Medellín’ y ‘Puebla’, usando las palabras clave: ‘realidad’, ‘pueblo’, ‘lucha’, ‘historia’.

 ¿Qué queda de todo ello?  En varias reuniones eclesiales siento que se le extraña mucho a Jesucristo.  Sí, a veces se dice que es muy importante el encuentro con Jesucristo, pero de ahí a decidirnos por tener más horas de Adoración eucarística ya hay mucho trecho.   Hasta ahora, por ejemplo, no he conocido una diócesis o una congregación religiosa en la que todos se hallan puesto de acuerdo para adorar al Santísimo más horas o para hacer una cadena de oración.  Cuando alguien sugiere acciones de importancia espiritual sólo se escuchan los grillos como respuesta.  No se nota mucho que seamos una Iglesia que adora y contempla.  Esos temas: adoración y contemplación, los hemos relegado para los místicos, que por otro lado ni conocemos ni nos importa mayormente que existan.  Nuestras parroquias no están para eso.

 Me parece que a muchos clérigos y religiosos nos han inoculado el ‘virus del realismo’: nuestros discursos clericales y religiosos están llenos de ‘la realidad de nuestros pueblos’, estamos muy ‘comprometidos con nuestra historia’, somos muy ‘encarnados’, ‘caminamos con el pueblo’, nos consideramos muy misioneros porque llevamos comida e impulsamos ollas comunes, repartimos muchos víveres, somos gente con los pies en la tierra.  Por lo mismo, somos ecológicos, nos gusta mucho todo lo que lleve el mote de ‘derechos humanos’, nos encanta la frase ‘dignidad humana’ y por eso la tenemos siempre al día; hacemos incesantes ‘análisis de la realidad’, de ‘la situación’ actual, nos gusta plantear el FODA, usamos mucho la palabra ‘coyuntura’, nos gusta además las rimbombantes palabras: ‘perspectiva’, ‘dimensión’, ‘misión-visión’; nos creemos absolutamente inclusivos porque hasta hemos aprendido a decir ‘todos y todas’, ‘hermanos y hermanas’ (y también todes, todxs, tod@s, etc.), e incluso usamos ese vocabulario en los documentos eclesiales; nuestros colores ahora son el verde, cuando no el rojo o el morado, e incluso el arcoíris (y no me refiero a los colores litúrgicos, sino a los modernos colores ideológicos que hoy están de moda, el que pueda entender que entienda).  ¿Qué hemos hecho de la Iglesia?

 

 II

  

A esta altura de mi reflexión, creo que debo hacer una aclaración: amo profundamente mi vida consagrada y mi sacerdocio, amo a Jesucristo, amo a mi Madre, la Iglesia.  Me siento feliz de mi propia vocación, no tengo problemas de identidad eclesial, no ansío ser laico.  No reclamo un Concilio Vaticano III, tampoco añoro el pasado como el camino único para vivir mi fe.  Sin embargo, pido a mis hermanos sacerdotes y religiosos un poco más de coraje y altura para contemplar los signos de los tiempos.  Porque creo que de eso se trata.  Aun cuando hablamos también bastante acerca de los ‘signos de los tiempos’ no sabemos lamentablemente interpretar un claro signo de los tiempos: el ansia creciente de vida espiritual que muchos creyentes y personas de buena voluntad tienen en el corazón.  Repito: hemos hecho muy ‘de la tierra’ la Iglesia, mientras que mucha gente ha vuelto su mirada al cielo.  Los clérigos y religiosos hemos horizontalizado la vida de fe, mientras los creyentes de a pie y las personas de buena voluntad hoy más que nunca están abiertas y deseosas una vida espiritual que les ayude a subir hasta Dios.  Estamos muy empecinados por combatir misticismos, pero a la vez no queremos ver ni corregir modernismos.

 Víctimas de raras ‘teologías’, clérigos y religiosos repetimos sin cesar frases y palabras, acusaciones y juicios sino errados por lo menos superados hace mucho tiempo.  Me sorprendo mucho cuando se habla en reuniones pastorales de cosas que a los laicos muchas veces no sólo no les interesa, sino que simplemente no logran entender.  Recuerdo muy bien cuando hace varios años en un ilustre centro de estudios de teología se organizó un simposio teológico acerca del tema del Reino de Dios y, entre conferencias y disertaciones, de pronto una señora intervino muy sorprendida.  Sus palabras fueron, un poco más o menos, estas: ¿Por qué se hacen tantos problemas acerca del Reino de Dios si es evidente que el Reino es Jesucristo?  Aun hoy recuerdo no sólo el gesto escandalizado de aquella creyente fiel sino también el rostro asombrado de profesores y eminentes teólogos.  No la entendieron.  Luego de un incómodo silencio siguieron en sus interminables discusiones.  Hacemos mucha teología de reinos que no son de Dios ni de Jesucristo.

 La falta de objetividad nos gana.  Recuerdo un hecho que hace años contaba muy divertido un profesor de teología. En cierto lugar populoso de la gran Lima, había un sacerdote muy ‘encarnado’ con su pueblo.  Para ser coherente con sus ideas, aquel clérigo usaba pantalón de bayeta, ojotas de caucho en los pies, chullo y poncho con llamas y motivos incaicos… en la gran ciudad.  La gente joven y también los mayores miraban con extrañeza a su párroco, mientras todos ellos andaban en jeans, zapatillas, chompas o camisetas estampadas y casacas.  Él clérigo aquel quería ser muy ‘inculturado’, pero en un medio en el que esa cultura, aunque nos duela, no existe más ni es parte de la vida cotidiana de la gente.  Hacemos el ridículo cuando perdemos la objetividad.

 De mis tiempos de párroco me viene ahora el recuerdo y la imagen de una muy moderna hermana religiosa, ‘inculturada’ y debidamente ‘encarnada’ con ‘las luchas de los pobres’.  En las reuniones del decanato (en donde también participaban todas las religiosas), casi siempre ella tomaba la palabra para ‘denunciar’ cosas y muchas veces usaba la muletilla de ‘los pobres’ en sus argumentos.  Yo la observaba en silencio, ¿qué veía?  Aretes, cabello pintado, maquillaje, ropa fina y propia de ‘señora bien’, el cigarrillo encendido entre los dedos, uñas bien pintadas, pañoleta de seda al cuello, piernas cruzadas y actitud ‘bien empoderada’… y, para coronar el panorama ‘comprometido’ y ‘liberador’: un automóvil caro y reluciente esperando a la puerta, listo para transportarla en su ‘labor social’. 

 Hasta hace poco tuvimos en el Perú como encargado de la presidencia del país, a un señor que hacia finales de su gobierno les pedía a sus detractores que le explicasen qué es ser un ‘caviar’.  Curiosamente, él fue uno de los más gráficos exponentes de la ‘caviarada’ peruana.  Vamos a ver: era un tipo aparentemente culto, pianista, poeta, escritor, con gustos muy refinados para la música y para la comida, dado a vestir ‘con clase’; tenía un ritmo de vida propio de ejecutivo de una trasnacional: café a las once del día, periódico, crucigrama, galletitas, música clásica, etc.  Pero, por otro lado, él mismo era un fervoroso socialista, creyente férreo de la ‘revolución’ cubana, fan indisimulado de guerrilleros y terroristas, defensor de todo anti imperialismo opresor.  Ese es un caviar: un socialista de palabras vacías, un rebelde de pacotilla, un izquierdoso engreído, un súper revolucionario que cuida muy bien sus ingresos personales, un comunista que vacaciona en Europa, un caudillo del pueblo pero que vive como un real jeque árabe, un socialista que vive como capitalista.  En suma: un mentiroso de doble vida. 

 Pero ¿por qué hablo del tema de los ‘caviares’?  porque observo que varios religiosos y sacerdotes ‘inculturados’ son en buena medida también caviares.  En mis más de veintiséis años como religioso, hasta ahora sólo he conocido dos religiosos consecuentes con sus ideas encarnadas.  Pero felizmente he conocido sí, a muchos religiosos y sacerdotes que -sin necesidad de ser caviares o de acabar ideologizados- hicieron mucho bien a muchos, sirviendo a Dios santamente y ayudando a su gente pobre con generosidad.  Ellos hicieron más por los sencillos que tanto ideologizado. Pero qué le vamos a hacer, parece que estamos en tiempos difíciles también para la opción por la santidad. 

 A veces me da la impresión de que quienes hoy queremos optar -legítimamente- por la oración, por la adoración y el silencio contemplativo estamos obligados a vivir un poco en la clandestinidad y casi debemos pedir disculpas por no ser tan ‘realistas’ y ni ‘comprometidos’ con la historia.  Por ello se da el caso de los grupos e instituciones centrado en la adoración eucarística y que son exigentes con sus miembros son vistos fácilmente como fundamentalistas o integristas.  Existe una desconfianza eclesial hacia lo espiritual tan grande -¿o será miedo?-, que no se corresponde con el interés que debería existir por corregir la mundanidad de los fieles.  Se paran las antenas, todas las antenas, cuando se detecta un real afán de santidad, pero no se hace lo mismo para corregir afirmaciones cercanas a la herejía o frente a la ambigüedad pastoral en algunos temas delicados.  Y todo esto, ¿no huele a apostasía silenciosa?

 

III

 

Las circunstancias de mi vida y la obediencia religiosa, se encargaron de hacer que sólo haya sido párroco por dos años y medio, mientras que he sido formador de religiosos por más de veinte años.  Esa situación me permitió conocer -en mis tiempos de formador- la realidad pastoral desde otro punto de vista.  Gracias a Dios me encontré en una situación tal que muchas personas de diversas parroquias e instituciones católicas me buscaban para confesiones, consejería y dirección espiritual.  Con gran asombro fui constatando que muy pocos sacerdotes y religiosos realmente alientan a sus fieles a tener una seria y profunda vida espiritual.  He visto que el tema no les interesa mayormente.  La gran mayoría de clérigos y religiosos están como obsesionados por evitar en sus fieles los ‘excesos de espiritualidad’.  Frente a ellos, un gran sector de fieles vive una vida espiritual que fácilmente podríamos considerarla como ‘anorexia de alma’.  Si los pastores no tienen vida espiritual, ¿qué podrán inculcar a sus fieles?

 He tenido la bendición de escuchar a muchos fieles de diversas parroquias e instituciones católicas en coloquios personales.  A partir de esa experiencia he visto claro que se trata de mucha gente que en verdad ha experimentado el amor de Dios, pero que a la vez -en su gran mayoría- observan asombrados cómo sus pastores ‘van en otra dirección’.  También hay varios fieles que, interpretando mal el sentido de la obediencia y comunión, poco a poco se dejan ganar por ‘teologías’ o ideologías que heredan de sus pastores.  Los resultados de esto son iniciativas pastorales en las que el clima de evangelio se enrarece, grupos de fe que se convierten en una especie de sindicatos o comités de partido político izquierdoso con un vago aire cristiano.  ¿Es eso permear las realidades humanas de espíritu evangélico, como lo indicó el Concilio Vaticano II para misión de los laicos?  Si existen clérigos y religiosos ideologizados -caviares-, habrá también un ‘laicado caviar’, muy comprometido y encarnado, pero sin discernimiento espiritual.  ¿Se cumplirá también hoy aquel reproche que el Señor hace a los fariseos que cuando encuentran un prosélito lo hacen merecedor del infierno el doble que ellos?

 Clérigos y laicos en los últimos años hemos aprendido a usar la frase del Papa Francisco: Pastores con olor a oveja.  Creo que la observación del Santo Padre es buena, en tanto que hay clérigos que más tienen aire de jefes y fuerte olor de capataces.  Sin embargo, se ha mal usado esa sabia frase del Papa Francisco, a tal punto que ahora sería bueno preguntarse cómo ayudamos a los legítimos pastores para que vuelvan a tener olor a pastor.  El tema de la igualdad se ha convertido en igualitarismo y el ‘olor a oveja’ se ha convertido en ovejismo.  De tanto pretender oler a oveja, varios pastores han renunciado en la práctica a ser pastores.  Se da el triste caso de pastores que no guían a las ovejas ni las apacientan, sino que animan a sus ovejas a dejarse llevar por ellas mismas.  Pastores reducidos a meros ‘acompañantes’, ‘animadores’, ‘hermanos mayores’ que sólo sugieren pero que tienen miedo de hacerse obedecer, amigos de consensos o de las opiniones mayoritarias...  Si los pastores llegan a tener la importancia propia de una maceta de corredor, ¿quién los necesitará?  ¿Cómo podrá subsistir el sacerdocio si cada día los sacerdotes se autoconvencen de que su misión no es tan importante como la de los laicos?  ¿Cómo podrá subsistir la vida consagrada si los religiosos se autoconvencen de que “estamos en el tiempo de los laicos”?

 Durante varios años me resistí a aceptar la idea, o la realidad, de una posible infiltración ideológica en el clero y en la vida religiosa católica.  Hoy veo que es una dolorosa realidad.  No puedo interpretar de otro modo todo lo que antes he expuesto en este escrito.  Recordemos que la batalla espiritual que se traba en torno a nosotros es fundamentalmente un combate intelectual, de ideas y proposiciones (lo ha dicho claramente el P. Fortea, cuya autoridad teológica y espiritual es innegable).  Pues bien, creo que con lo dicho hasta aquí ya se puede ver cuán grande es el daño que han hecho y hacen ciertas ideas que se han adosado a la mente clerical católica y en la vida consagrada.  Porque son ideas sin correlato real ni objetivo.  Esa es en esencia -a mi juicio- la infiltración que sufre la Iglesia católica actualmente.  De las ideas nacen las acciones y quedan las costumbres.  Satanás es muy astuto y, como todo caudillo de un ejército, tiene también espías e infiltrados en el ejército contrario.  El enemigo de nuestras almas se viste como ángel de luz para engañar a los hijos de Dios, nos lo dijo San Pablo (Cfr. 2Cor 11,14).  He percibido esta situación por el ‘simple’ hecho de constatar cómo y en qué medida se bloquean muchas veces las mejores iniciativas y planes apostólicos, los mejores proyectos de evangelización.  Existe una voluntad perversa que impide la expansión y crecimiento de cualquier cosa buena.  Muchas veces una lengua bífida astuta e influyente, una sutil calumnia por lo bajo, una frase mentirosa pero repetida día y noche, pueden obtener un efecto devastador dentro de la Iglesia.  Enteras comunidades religiosas fundadas para la mayor gloria de Dios y en honor de la Santísima Virgen, hoy sobreviven con apenas un hilo de vida espiritual, al estar empantanadas en frases absurdas, consumiendo medias verdades y guiadas por prejuicios ideológicos machacados día y noche entre sus miembros.  Los centros de estudios para religiosos han quedado muchas veces reducidos a botín de guerra para ciertos grupos ideológicos.  Y los emisarios del enemigo parece que se regodean satisfechos cuando logran vaciar un noviciado o desmantelar un seminario.  Se ha llegado a la triste situación de que apenas se tienen noticias de un seminario o de una comunidad religiosa con muchas vocaciones y que mantiene una seria vida de oración y devoción, se lanzan a intervenirla o a desmantelarla poco a poco.  Soy testigo de esto.  Enteras provincias religiosas han quedado reducidas a minúsculos grupos de religiosos secularizados y desidentificados, sin norte, sin fervor, sin esperanza.  Son los tristes logros, los vergonzosos éxitos, las infelices metas logradas por quienes buscan ante todo destruir todo ‘clericalismo’ o ‘verticalismo’ en la vida religiosa y en el clero de la Iglesia.  Hace muchos años un Santo Padre dijo que había que abrir las puertas y ventanas al Espíritu Santo, pero creo que nos hemos pasado de la raya: hemos abierto puertas y ventanas, pero también hemos desmontado los techos y nos hemos tirado abajo los muros… y precisamente no es el Espíritu Santo lo que ha fluido.

 Hace varios años, durante algunos ejercicios espirituales, el recordado y querido P. Ignacio Muguiro (+), nos habló del ateísmo afectivo de los consagrados a Dios.  Esas meditaciones siempre me impresionaron y movieron a reflexión.  Hoy, varios años después de que fueron pronunciadas, aquellas palabras de tan benemérito sacerdote y religioso llegan a su cumplimiento.  Hoy se ha extendido aquel ateísmo afectivo, y me temo que está por convertirse en una verdadera apostasía.  La apostasía -recordemos- es la renuncia que hace una persona a su fe religiosa, es el abandono consciente y voluntario de la fe en Jesucristo.  En tal sentido, creo que no sólo han sido apóstatas los cristianos que se negaron a profesar la fe por salvar sus vidas de una muerte segura, sino también los fieles y clérigos que sin haber salido visiblemente de la Iglesia han deformado tanto el contenido de su fe y entrega al Señor que sirven a ideas y consignas extrañas al Evangelio y a lo que enseña legítimamente la doctrina de la fe católica, sobre la base de la Tradición y de la Sagrada Escritura.

  

IV

 

 A falta de una seria vida espiritual entre clérigos y religiosos, nos hemos alineado con el mundo.  En este sentido, no me sorprende ya el observar cómo casi todos los sacerdotes y religiosos han acatado sin dudar y muy tranquilamente las consignas y las imposiciones que el gobierno mundial a la sombra ha establecido a raíz de la propagación del “bicho hecho en China”.  Episcopados y diócesis enteras han acatado de modo silencioso, acrítico, sumiso e inmediato todo lo que los gobiernos de turno dicen con relación al bicho.  Prácticamente, la primera institución religiosa que ha acatado todo lo que los impulsores de la actual “pandemia” han dispuesto, ha sido la Iglesia Católica.  Es verdad que hemos visto honrosas excepciones: algunos obispos y episcopados que han decidido en libertad seguir con los servicios religiosos casi invariables, defendiendo la soberanía de la fe y con una actitud razonablemente crítica frente a lo que está ocurriendo.   

 Hasta antes del “bicho” los religiosos de muchos lugares derramaban mucha tinta escribiendo acerca del ‘profetismo’ de la vida consagrada.  Apareció el “bicho” y el profetismo se quedó en el papel.  Los ‘profetas afónicos en la gran ciudad’ cambiaron el discurso y se convirtieron en propagandistas e impulsores -¿activistas?- de las terapias genéticas experimentales… ¿Es ese el ‘profetismo’ de los profetas de Dios?

 Me sorprende tremendamente la miopía de gran parte de sacerdotes y religiosos, que renunciando a todo sano discernimiento espiritual aceptan como verdades más que dogmáticas los prejuicios ideológicos y las imposiciones absurdas acerca del cuidado de la salud y del tratamiento ante el ‘bicho’.  Si en varios temas -por ejemplo- los teólogos y pastores católicos de moda dan oído a lo que dicen o defienden los cristianos protestantes, con relación al ‘bicho’ no hay ecumenismo que valga.  Y es que, en este punto, se debe admitir que muchos pastores protestantes y líderes evangélicos han demostrado tener más sabiduría y discernimiento que los clérigos y religiosos católicos, y así han instruido oportunamente a sus fieles para que resistan firmes en la Verdad.  En el lado católico, hemos visto el triste caso de algunos párrocos que incluso han establecido que sólo volverán a recibir fieles en sus templos parroquiales si previamente todos ellos se vacunan.  He visto el triste caso de un arzobispo ha salido en las redes sociales para establecer que “sólo podremos volver a celebrar la Eucaristía como Iglesia si todos los fieles se vacunan”.  Es decir, de modo silencioso y sin decretos ni discusiones teológicas se acaba de agregar un requisito para recibir los sacramentos, más fuerte incluso que el estar en gracia de Dios: tener que vacunarse previamente.    Porque si esto es verdad, habrá que enseñar a los niños en la catequesis que para recibir la Santa Comunión deben 1. Estar en gracia de Dios, 2. Haber hecho el ayuno eucarístico, 3. Saber a quién se va a recibir, 4. Haber recibido la vacuna.  Del mismo modo, para confesarse, habrá que explicar a los fieles penitentes que aparte de arrepentirse de los pecados, tener dolor de corazón, proponer la enmienda, es necesario vacunarse antes de confesar los pecados al sacerdote… de lo contrario no podrían recibir el perdón de Dios… Y quizá el requisito para orar ante el Santísimo sea, más que tener fe en la Eucaristía, el estar vacunado.  ¿Alguien sabe si ya se modificó el Código de Derecho Canónico en este sentido?  Pido a los sacerdotes canonistas que por favor nos informen sobre lo que dice el Código de Derecho Canónico.  Por favor, avísenme, que no me he enterado de que últimamente se haya cambiado la legislación sobre los sacramentos en la Iglesia.  Quizá mañana o pasado tengamos que modificar el Credo y decir: “Creo en la Iglesia que es una, santa, católica, apostólica y vacunada”.

 Varios reconocidos médicos y científicos han advertido que el recibir la Comunión en la mano no es la solución para evitar los contagios con el bicho, que el recibirla en la boca es lo más seguro.  Sin embargo, fieles a lo que manda el gobierno mundial a la sombra, muchos episcopados han asumido la comunión en la mano.  Y nadie puede decir nada en contra.  Es una orden y se acata en silencio ¡Finalmente todos comenzamos a ser obedientes!

 Me gustaría saber dónde está aquella Iglesia con “los pies en la tierra”, que por lo mismo debe estar a tono con la ciencia y el avance moderno, ya que en el tema de cómo enfrentar el “bicho” no ha consultado a la ciencia ni se respalda en ella, sino que -sin mayor discernimiento- ha obedecido lo que dicen instituciones dirigidas por personas que no son científicas.  ¿Fuentes científicas?  Helas aquí:

- El Dr. Luc Montagnier (+), médico francés y premio nobel de medicina, científico y  especialista en el tema de las vacunas a nivel mundial, ha aclarado que las nuevas cepas del bicho se producen precisamente por la progresiva ‘vacunación’ de la población… Sin embargo, varios obispos y sacerdotes salen a las redes a alentar la ‘vacunación’ masiva de los fieles…  

- El reconocido científico Dr. Robert Malone, inventor de la tecnología aplicada a la ‘bakuna’ contra el bicho conocida como ARNm, ARN mensajero, ha advertido del peligro de que la ‘vacunación’ masiva y repetitiva aumente la peligrosidad de la infección por el bicho… Y sin embargo varios pastores y episcopados “llaman” e “instan” a los gobiernos a comprar y promover las ‘bakunas’ para todos…

 ¿Cómo interpretar todo esto?  ¿Dónde quedarán los miles de afectados por las ‘bakunas’? ¿Qué haremos con los muertos por las ‘bakunas’?  ¿Quién los cargará? ¿Quién asumirá la responsabilidad de las muertes que se producen luego de inocularse el experimento genético?  ¿Quién manifestará caridad para con los afectados de modo grave y permanente por la inoculación del experimento genético?

 La ONU por medio de la OMS ha sido, es y será la primera responsable de las miles de muertes y daños permanentes en muchas personas desde la aparición del bicho.  La OMS, ante la evidencia de sus fallos y discursos falsos ha dicho y se ha desdicho en muchos temas referentes al bicho.  Los primeros que se levantaron de modo crítico y razonable han sido muchos médicos y científicos honestos, gracias a los cuales en varios lugares del mundo el miedo y el engaño han sido vencidos.  Y sin embargo, los legítimos pastores de la Iglesia Católica están muy callados, muy preocupados por decir siempre lo que es políticamente correcto, escrupulosamente ocupados por no desentonar, muy afanados por cuidar sus títulos y sus zonas de confort.  Pero todavía más, muy interesados en obedecer ciega y neciamente cada cosa que receta y ordena la OMS, como si lo que desde ahí se dispone fuesen los modernos y últimos mandamientos de la ley de Dios.  Así pues, a falta de una seria y evangélica vida espiritual, hemos llegado tener un profetismo de papel, una coherencia endeble y vacía, una rectitud que no es más solida que una cáscara seca. Perros mudos que no ladran cuando ven venir al lobo, dice la Sagrada Escritura (Cfr. Is 56,10-11).    

 

  

V

 

 Nos hemos alineado con el mundo, nuestra palabra no tiene mordiente, nuestra autoridad es enclenque, nuestro prestigio es más apariencia que realidad.  Allí nos ha encontrado el asalto del enemigo con su plan miserable de gobierno y poder mundial.  Aquí una vez más se nota la lejanía de percepción que existe entre lo que viven y observan los fieles de a pie y lo que el clero y la vida religiosa observa e intuye.  Y es que la gente más lúcida de entre los laicos se va dando cuenta de la existencia del malévolo plan del Demonio para someter a los hijos de Dios quitándoles la fe en Jesucristo y la identidad cultural propia.  Frente a eso, los pastores ciegos miran para otro lado. 

 Hace algunos años sucedió lo mismo con el avance de la Ideología de Género: cuando estaba apareciendo esa fea maraña de mentiras pasadas por verdad, varios sacerdotes y religiosos decían que esa tal ideología no existía, que eran ideas de fanáticos y alarmistas exaltados, que todo era un prejuicio fundamentalista de gente muy asustada.  Ahora que aquella maraña ideológica se ha asentado silenciosamente entre nosotros, los pastores están calladitos, del tema no se habla.  Las conferencias episcopales apenas si dicen algo: de lo realmente importante no se quiere hablar.  Hablemos del medio ambiente, de la cultura e incluso de la política, pero de esos temas no.  La Iglesia en muchas de sus instituciones ha adoptado los temas y tópicos propios del marxismo cultural que se está imponiendo: violencia de género, ecología y casa común, inclusión y tolerancia.  Pero no, no se hable de pecado, de oración ni de conversión.  Muchos pies sobre la tierra, mucho realismo, pero ¿dónde está el corazón?

 Gracias a Dios, cada vez somos más las personas que advertimos la configuración creciente de un gobierno mundial a la sombra, que se está construyendo también debido al silencio de muchos líderes religiosos, entre ellos muchos legítimos pastores de la Iglesia Católica.  Los que pensamos distinto, los que tenemos ‘discurso distópico’, durante buen tiempo hemos soportado en silencio que nos vean y traten como ‘conspiradores’, ‘paranoicos’ o incluso ‘conspiranoicos’.  Ahora, a estas alturas de la expansión del ‘bicho’, si no abrimos los ojos y si no nos atrevemos a ser críticos con lo que se está tejiendo ante nuestros ojos, nos exponemos a enfrentar un juicio muy duro de parte de Dios.   Como sacerdotes y religiosos, ¿queremos exponernos a ser los perros mudos que no ladran cuando ven venir al lobo?  ¿Quién ha comprado nuestro silencio?  ¿Quién nos ha robado el verdadero profetismo?  ¿Nos haremos cómplices del engaño y del genocidio? ¿Vamos a exponernos al castigo divino por hacer prevalecer la prudencia y las buenas formas por encima del amor a la Verdad? ¿No nos importa en verdad la vida de muchos hijos de Dios? ¿Quién nos va a librar de la ceguera que nos mata?

   

VI

 

 Estoy absolutamente convencido de que estamos a puertas de un tiempo en el que la Verdad se mostrará ante nuestros ojos.  En lo personal, no busco glorias ni poderes humanos, quizá porque ya los he gozado antes de ser religioso y por ello ahora no me llenan el alma ni me seducen.  No tengo mucho que perder.  Soy un simple monje que tiene como única aspiración el llegar al cielo y colaborar a la salvación de las almas.  No le temo a la muerte, pero sí al juicio de Dios y por ello cada día hago lo posible por convertirme un poco más.  Siento que si no digo estas palabras no podré vivir tranquilo.  Pido al Señor que no sean sólo mis palabras, pues preferiría no expresar mis opiniones sobre todos estos temas ya que por otra parte, estoy convencido de que las opiniones no arreglan nada.

 Pero quiero expresar también mi esperanza indeclinable.  La situación es muy delicada e inquietante, es cierto.  El mal se ha enquistado en el Cuerpo místico de Cristo.  Pero el mismo Señor purificará a Su Esposa.  El Catecismo de la Iglesia Católica (Cfr. n° 675) nos enseña que la Iglesia deberá pasar por una prueba final que sacudirá la fe de muchos creyentes, que habrá una gran persecución a los creyentes, la que desvelará el “misterio de iniquidad” bajo la forma de una “impostura religiosa que proporcionará a los hombres una solución aparente a sus problemas mediante el precio de la apostasía de la verdad” ¿Cabe mayor comentario?

 Quiero aclarar de que estoy absolutamente seguro de la pronta intervención de Dios mismo en la Iglesia y en el mundo, pues esto jamás podrá arreglarlo el propio ser humano.  El mundo y la Iglesia están siendo sacudidos como nunca antes y el poder del mal ha hecho posible que el tejido social del Pueblo de Dios sufra una metástasis de pecado y extravío.  Vista la dimensión del mal que nos cerca, creo firmemente en la intervención de la Misericordia de Dios y en un derramamiento del Espíritu Santo sobre toda criatura, sólo esta acción especial y portentosa de la Gracia podrá rescatarnos de tanto extravío moral y espiritual.  Hace muy poco, Nuestra Señora, la Reina de la Paz, ha dicho en Medjugorje que está muy preocupada porque nos mira y ve que estamos perdidos, por eso nos ha invitado a volver a la oración.  Creo firmemente en lo revelado por Nuestra Señora en Garabandal y en Medjugorje, por ello pienso que el final del reinado infame y mentiroso de Satanás está muy cerca. 

  

VII

 

Mientras espero de todo corazón Su intervención me alegra muchísimo y me emociona profundamente el conocer y enterarme de la aparición de una nueva ‘hornada’ de religiosos y sacerdotes distintos, del surgimiento de una pléyade de comunidades religiosas ‘nuevas’ en tanto que no tienen mucha historia detrás, pero también ‘nuevas’ porque las anima un nuevo espíritu de santidad y fervor, y comienzan a regalar a la Iglesia, cada cual con su carisma peculiar, una nueva primavera de vida consagrada y del sacerdocio. 

 He podido conocer, gracias a la Divina Providencia, a varios fundadores o iniciadores de estas nuevas realidades eclesiales, el tratar con ellos y con sus religiosos ha proporcionado a mi alma una bocanada de aire puro.  Creo que ellos serán de aquellos que San Luis de Montfort llama “los apóstoles auténticos de los últimos tiempos, a quienes el Señor de los ejércitos dará la palabra y la fuerza necesarias para realizar maravillas y ganar gloriosos despojos sobre sus enemigos.  Dormirán sin oro ni plata y –lo que más cuenta– sin preocupaciones en medio de los demás sacerdotes, eclesiásticos y clérigos (Sal 68 [67],14). Tendrán, sin embargo, las alas plateadas de la paloma, para volar con la pura intención de la gloria de Dios y de la salvación de los hombres adonde los llame el Espíritu Santo. Y sólo dejarán en pos de sí, en los lugares donde prediquen, el oro de la caridad, que es el cumplimiento de toda la ley (ver: Rom 13,10).  Por último, sabemos que serán verdaderos discípulos de Jesucristo. Caminarán sobre las huellas de su pobreza, humildad, desprecio de lo mundano y caridad evangélica, y enseñarán la senda estrecha de Dios en la pura verdad, conforme al santo Evangelio y no a los códigos mundanos, sin inquietarse por nada ni hacer acepción de personas; sin perdonar, ni escuchar, ni temer a ningún mortal por poderoso que sea.  Llevarán en la boca la espada de dos filos de la palabra de Dios (Heb 4,12); sobre sus hombros, el estandarte ensangrentado de la cruz; en la mano derecha, el crucifijo; el rosario en la izquierda; los sagrados nombres de Jesús y de María en el corazón, y en toda su conducta la modestia y mortificación de Jesucristo” (Tratado de la Verdadera Devoción, n° 58 y 59).

 Me alegra también sobremanera el conocer laicos que tienen muy claras las ideas y firme la fe.  Me alegra muchísimo que el sensus fidei les impulse a perseverar en el bien y en la Verdad, en comunión con la Tradición viva de la Iglesia.  Y aunque muchas células del cuerpo de la Iglesia ya no tengan más vida, contemplo gozoso cómo Dios mismo regenera Su Cuerpo Místico por obra del Espíritu Santo suscitando nuevas ansias de santidad, nuevas iniciativas a favor del bien, nuevos grupos de fieles que no se han dejado contaminar ni por el mundo ni por el enemigo.

 ¡Hay esperanza! ¡Hay esperanza en medio de la oscuridad! Y, aunque tengamos que pasar por pruebas muy duras, aunque la gran purificación de la Iglesia recién esté comenzando y deba ser muy dolorosa, sé que aparecerá luego una Iglesia realmente evangélica y santa, aunque sea más pequeña en número de fieles.  Sé que Santa María, la del Inmaculado Corazón, lo hará posible, y así podremos esperar el Reino de Jesucristo con Su Sagrado Corazón.  Lo sé.  Rezo por ello.  Vivo por ello.  Es mi esperanza.

jueves, 14 de noviembre de 2019

CUANDO SE JUZGA AL PAPA

Hasta el día de hoy he rezado, pensado y reflexionado. Es verdad: tampoco yo entendí lo que significaba aquel acto oracional en los jardines vaticanos, pero jamás me atreví a juzgar al Papa. He escuchado y leído a varios predicadores católicos que se han desgarrado las vestiduras ante lo que ellos consideraban un 'acto de idolatría'. Ayer mismo recibí de alguien un enlace de un artículo en el que un cardenal (ya conocido por su postura anti Papa Francisco) y un obispo (tristemente célebre por su actitud déspota y poco leal) instan al mismo Papa a pedir perdón por la idolatría que supuestamente estaría promoviendo a raíz de estos hechos relacionados con el Sínodo Panamazónico. Y lo curioso es que todas esas personas tienen mucha influencia en las redes y en el mundo cibernético de evangelización.

Hoy finalmente 'me llegó la luz' (Gracias Sor Karinita). Y esta luz me la ha traído un sencillo artículo de Mons. Felipe Arizmendi, obispo emérito de San Cristobal de las Casas, México. Les comparto el artículo y luego diré algunas palabras más, si tienen la paciencia de seguir leyendo.

¿ES DIOSA LA PACHAMAMA? 
Monseñor Felipe Arizmendi, obispo emérito de la diócesis de San Cristóbal de las Casas en Chiapas, México, reflexiona en el periódico vaticano L'Osservatore Romano acerca de las imágenes de la pachamama presentes durante el Sínodo para la Región Panamazónica. 

VER
Gran revuelo han causado las imágenes o figuras que se usaron en ceremonias al inicio del Sínodo Panamazónico en los jardines de El Vaticano, en la procesión inicial desde la Basílica de San Pedro al Aula Sinodal, en las que participó el Papa Francisco, y después en otras iglesias de Roma. Algunos condenan estas acciones como si fueran una idolatría, una adoración a la “madre tierra” y a otras “divinidades”. Nada de eso hubo. No son diosas; no fue un culto idolátrico. Son símbolos de realidades y vivencias amazónicas, con motivaciones no solo culturales, sino también religiosas, pero no de adoración, pues esta se debe solo a Dios. Es mucho atrevimiento condenar al Papa como idólatra, pues nunca lo ha sido ni lo será. Al final de la ceremonia en os jardines vaticanos, le pidieron una palabra y se limitó a orar con el Padre nuestro. No hay otro dios que nuestro Padre del cielo.
Hace años, en un encuentro del CELAM que me tocó coordinar en Cochabamba, Bolivia, sobre los diferentes nombres de Dios en las culturas originarias del Cono Sur, pregunté a un indígena aymara si, para ellos, la pachamama (la madre tierra) y el inti (el padre sol) son dioses, y me respondió: Quienes no han recibido la evangelización, los consideran dioses; para quienes ya fuimos evangelizados, no son dioses, sino los mejores regalos de Dios. ¡Estupenda respuesta! ¡Eso son! Son manifestaciones del amor de Dios, no dioses.
En mi anterior diócesis, cuando yo escuchaba que con mucho cariño y respeto se hablaba de la “madre tierra”, me sentía molesto, pues yo me decía: Mis únicas madres son mi mamá, la Virgen María y la Iglesia. Y cuando veía que se postraban para besar la tierra, más me incomodaba. Pero conviviendo con los indígenas, comprendí que no la adoran como a una diosa, sino que la quieren valorar y reconocer como una verdadera madre, pues es la que nos da de comer, la que nos da el agua, el aire y todo lo que necesitamos para vivir: No la consideran una diosa; no la adoran; solo expresan su respeto y oran dando gracias a Dios por ella.
Lo mismo me pasaba cuando veía que se dirigían hacia los cuatro rumbos del universo, los puntos cardinales, les hacían reverencia, oraban y se dirigían también al sol con todo respeto. Antes de conocerlos y compartir la vida y la fe con ellos, sentía la tentación de juzgarlos y condenarlos como idólatras; después, aprecié su respeto a estos elementos de la naturaleza que nos dan vida, y me convencí de que no los adoran como dioses, sino como obra de Dios, regalo suyo para la humanidad, y de esta forma también educan a sus hijos para no destruirlos, sino cuidarlos y respetarlos. No son idólatras. Quienes eso afirmen, no los conocen y los juzgan a distancia, desde lejos y desde fuera. La tierra y el sol son creaturas de Dios y solo a Él adoramos.

PENSAR
Dice la Biblia: “Entonces el Señor Dios formó al hombre del polvo de la tierra” (Gn 2,7), El miércoles de ceniza se nos recuerda: “Acuérdate que eres polvo y al polvo has de volver”. Esta es la realidad de todos los humanos.
En el Documento de Aparecida damos el calificativo de “madre” a la hermana tierra, siguiendo el ejemplo de San Francisco de Asís, que no era idólatra: “Con los pueblos originarios de América, alabamos al Señor que creó el universo como espacio para la vida y la convivencia de todos sus hijos e hijas y nos los dejó como signo de su bondad y de su belleza. También la creación es manifestación del amor providente de Dios; nos ha sido entregada para que la cuidemos y la transformemos en fuente de vida digna para todos. Aunque hoy se ha generalizado una mayor valoración de la naturaleza, percibimos claramente de cuántas maneras el hombre amenaza y aun destruye su ‘hábitat’. “Nuestra hermana la madre tierra” (Cántico de las criaturas, 9) es nuestra casa común y el lugar de la alianza de Dios con los seres humanos y con toda la creación. Desatender las mutuas relaciones y el equilibrio que Dios mismo estableció entre las realidades creadas, es una ofensa al Creador, un atentado contra la biodiversidad y, en definitiva, contra la vida. El discípulo misionero, a quien Dios le encargó la creación, debe contemplarla, cuidarla y utilizarla, respetando siempre el orden que le dio el Creador” (DA 125).
Y para quitar toda duda sobre la actitud del Papa, basta recordar esto que escribió en Laudato si’: “Cuando tomamos conciencia del reflejo de Dios que hay en todo lo que existe, el corazón experimenta el deseo de adorar al Señor por todas sus criaturas y junto con ellas, como se expresa en el precioso himno de San Francisco de Asís: Alabado seas, mi Señor, con todas tus criaturas…” (No. 87). “Las criaturas de este mundo no pueden ser consideradas un bien sin su dueño: «Son tuyas, Señor, que amas la vida» (Sb 11,26). Esto provoca la convicción de que, siendo creados por el mismo Padre, todos los seres del universo estamos unidos por lazos invisibles y conformamos una especie de familia universal, una sublime comunión que nos mueve a un respeto sagrado, cariñoso y humilde” (No. 89). “Esto no significa igualar a todos los seres vivos y quitarle al ser humano ese valor peculiar que implica al mismo tiempo una tremenda responsabilidad. Tampoco supone una divinización de la tierra que nos privaría del llamado a colaborar con ella y a proteger su fragilidad” (No 90).

ACTUAR
Como dice Jesús, no juzguemos ni condenemos como idolatría lo que no es. Conozcamos más a fondo las culturas originarias. Y es nuestra tarea compartir el Evangelio de Jesús, que nos libera de idolatrías, cuando las hubiere.
(Fuente: Vaticannews)

Mi breve reflexión:

Hoy está de moda dentro de la Iglesia el ser más papista que el Papa. Por eso abundan hoy en internet, por ejemplo, los blogs, los canales de You Tube y las webs anti Francisco, los escritores que se han ungido a sí mismos como defensores de la auténtica fe católica y que claro, se sienten con toda la autoridad de corregir al Papa, de presentar sus 'dudas' ante lo que Él legítimamente dice y enseña. No podía estar lejos el que se sientan con toda la autoridad de juzgarle como idólatra.

Para mí es más que claro: el Papa es el Vicario de Cristo, te guste o no, es así. Y sobre él sólo está Dios. Dios tiene Su Vicario y él es el Papa Francisco. Quien se pone por encima de él para juzgarlo está ocupando el lugar de Dios mismo, se está apoderando de una autoridad que no tiene, está buscando ser como Dios. ¿Quién fue el primero que hizo esto? Con un catecismo básico esto lo sabemos bien: el primero que intentó ser como Dios es Satanás. Quien obra como él o es su discípulo o se está dejando llevar por él.

En el mensaje del día 2 de noviembre del 2019, la Virgen María en Medjugorje no nos invita a corregir al Papa pero sí a NO JUZGAR. Será necesario meditarlo más, y más todavía si nos consideramos católicos y marianos y ultraortodoxos.

No, no cambiaré mi comunión con el Santo Padre por ser parte de un grupillo de gente llevada por no sé qué espíritu. Cuidémonos del enemigo que nos insta a juzgar y a creernos superiores a todos. Danos, Señor, un corazón semejante al tuyo.

Fr. Israel del Niño Jesús, R.P.S.
Monje.

viernes, 22 de febrero de 2019

Francisco, el Papa de la Gran Purificación


Dios tiene en Sus manos el devenir de la historia, es el Señor de la Historia y no desatiende el grito de sus pobres ni se olvida de su pequeño rebaño.  Él ya lo había previsto aquel día en el que advirtió a Pedro y a los demás discípulos que serían probados y que el Maligno y el mismo infierno se ensañarían en contra del pequeño rebaño.  Él, Jesucristo, nos ha garantizado la victoria final.  Y fue -y sigue siendo- Su voluntad la de confiar el pequeño rebaño al cuidado de un hombre que le es de su completa confianza, él es Pedro. 

Y Pedro es hoy Francisco, así como suena.  Aceptar y respetar esto es ser católico.  Porque no basta acertar con responder quién es Jesucristo y adherirnos a Él como Mesías verdadero; es necesario también aceptar y adherirnos a la primera voluntad del Mesías que es la de poner a Pedro como vicario suyo, administrador y mayordomo de Su Reino. 

Satanás, que es un inteligente estratega, el mismo que al inicio de la historia humana metió la cuña de la desconfianza entre el hombre y Dios (“No es verdad {lo que te dijo Dios}, Él sabe que si comen de este fruto serán como dioses” Gen ….) para sumir en el pecado al ser humano, él mismo ha buscado ahora de poner de un modo más fuerte todavía otra cuña para alejar al hombre de Dios: “No es verdad {lo que te dice la Iglesia}, ella sabe que si me sigues serás libre de verdad”.  Pero la estrategia del enemigo no termina allí, pues ha llegado a las esferas episcopales y cardenalicias para meter la idea en algunos purpurados de que el Papa {el Vaticano entero} no es legítimo.

Yo podría entender que un descreído, que un fanático de ciertos canales anticatólicos en Youtube o que un “menteabierta” o newager use esos argumentos y maneje cierta terminología anti Iglesia, pero me sorprende observar que ahora eso es parte de la argumentación en ciertos grupos de fieles y pastores: “El Papa Francisco no es legítimo”, “Es un hereje”, “Falso Papa”, “Bergoglio y su secta”.  Y no puedo sino preguntarme ¿por qué tanto encono contra la figura del actual Sumo Pontífice?

Las razones para esta actitud “anti Francisco” creo entreverlas en sus intervenciones, homilías, discursos y encíclicas.  El Santo Padre no ha hecho sino seguir el dictado de su conciencia iluminada por la fe y por el amor a la Verdad.  Y a esta altura de nuestra reflexión debemos recordar que la fe y la Verdad jamás han sido bien recibidas en este mundo, y menos todavía en el mundo que nos ha tocado vivir actualmente.

Francisco es tan libre que no le ha importado en lo más mínimo satisfacer o quedar bien con la vieja tribuna de esos cuatro o cinco que se sienten los dueños de la Iglesia.  Todo aquel que alguna vez en su vida ha sido párroco sabe muy bien a qué me refiero, pues de esas tribunas las hay casi en toda parroquia y veo que a nivel internacional también existe alguna así integrada ya no por los cuatro ancianos o ancianas sino por cuatro o cinco cardenales o arzobispos, esos que desde su observatorio pueden cuestionar tranquilamente la infalibilidad pontificia pero que a la vez dan por supuesta su propia infalibilidad en todo tipo de temas, hasta en su tradicional opinión acerca de las medias rojas del Sumo Pontífice.  Definitivamente Francisco no ha querido ni mirarlos y esa actitud tan “franciscana” les ha dolido, tanto como duele e inutiliza un puntapié en la boca del estómago.

Francisco, al igual que su homónimo iniciador de los frailes menores, nos está guiando a una comprensión más evangélica del Evangelio.  Y este empeño suyo deja en evidencia a varios sectores de fieles y clérigos que de vida evangélica tienen poco o nada.  Porque está visto que uno puede pretender ser católico sin conocer ni poner en práctica el Evangelio.  Allí están los actuales adoradores de las tradiciones y de las “sagradas costumbres”, los que por lo general se consideran guardianes de la fe y que no vacilan en identificarse como caballeros y guerreros medievales –con o sin cota de malla y botas- ungidos por quien sabe qué espíritu de supuesta fidelidad a lo que ellos llaman “fe” o “religión”.  Y definitivamente, Francisco no calza en el oropel ni en los márgenes barrocos que ellos han impuesto y que suelen usar para medir y pesar a los servidores de Dios.  Él no les ha hecho mayor caso y eso les duele mucho. Entonces,  ¿así no resulta fácil decir “Benedicto XVI sí, Francisco no?”  Y de allí a decir o crear la tendencia del “sedevacantismo” ya estamos a menos de un paso.   Cuando en lugar de la fe lo que se defiende es una ideología o un esquema mental de clase se está a un paso del absolutismo más trágico.  Ya puede Francisco tener varios detractores, incluso opositores acérrimos “en el nombre de la fe”.

Pero Francisco, asistido por el Espíritu de la Verdad, ha ido un poco más allá todavía.  Ha decidido limpiar la casa de Dios.  He admirado mucho su valentía al no mostrar ningún reparo para tratar abiertamente el tema de los malos comportamientos y abusos por parte de varios sacerdotes y religiosos.  Y estoy absolutamente seguro de que esa actitud ha sido la mejor, aunque haya abierto la puerta a una crisis que toca a toda la Iglesia.  Una crisis que, bien mirada, puede traer a todo el cuerpo eclesial una nueva vida y un nuevo fervor.  Porque así como todo el cuerpo de una persona se ve comprometido de algún modo cuando se le detectan uno o varios tumores, así también es toda la Iglesia la que es y será sacudida en el proceso de extirpar de su estructura elementos que con su pecado, doble vida e inmoralidad la han perjudicado y la han comprometido.  Y frente a una situación así siempre está la tentación de no tocar el problema o de preferir mirar para otro lado.  Francisco ha hecho bien, porque ha tenido el valor y el coraje de ver, aceptar y mostrar la herida para que sea curada. Y, definitivamente, esta actitud ha resultado antipática para varios que están metidos en el problema y para los que en su momento no tuvieron el valor de enfrentarlo y poner las medidas de curación.  ¿Habrá fuga de fieles y clérigos por esta razón?  Quizá fieles y clérigos tibios se irán, quizá nuestra presencia en número disminuirá, quizá perderemos cierto prestigio y ciertas seguridades y apoyos, quizá todo eso junto esté por venir, pues estamos sólo al comienzo de una gran purificación.  Pero creo y estoy convencido de que todo esto es necesario que suceda para que el pueblo de Dios sea más acorde con la voluntad de Jesucristo. 

Gracias a Francisco, una Iglesia más pobre y humilde está por venir.  Gracias a Francisco, estamos entrando por el camino de la gran prueba. 

Y no te quedarás solo, Francisco.  Porque aunque no tengamos mayor repercusión en los medios, los que formamos parte del pequeño rebaño estaremos rezando por ti y nos declaramos en comunión contigo, pues estar en comunión contigo es estar en comunión con Jesucristo.

Hoy damos gracias a Dios por el magisterio de Pedro, que en estos tiempos se llama Francisco.


Fr. Israel del Niño Jesús, R.P.S.

jueves, 4 de octubre de 2018

¿EL MAL MENOR O EL BIEN MAYOR?

Reflexiones para un voto católico

En el Perú estamos a días de unas nuevas elecciones.  Nuevas elecciones que nos encuentran con el peligro de que como electores tengamos actitud que ya se ha hecho antigua para nosotros: votar por el mal menor.  Y es que la situación política actual es sinceramente aplatanada –y esto viene ya desde hace varios años atrás-.  Tenemos cada vez más de lo mismo.  Y no sólo me refiero al problema de la corrupción generalizada y que no sabe de tintes ni de colores políticos, ya que frente a la corrupción, es decir: frente al dinero fácil, igual se postran ante Baphomet los de pretendidas derechas como los rojimios caviares.  Está más que probado que tanto a unos como a otros los compró aquel señor de Brasil cuyo apellido suena a constructora gigante.

Pero el tema no queda allí.  Si sólo fuésemos electores a secas, pues cabría la posibilidad de mirar las propuestas de los candidatos, ver sus hojas de vida y hacer simples cálculos inclinándonos al menos malo, al “que menos ha robado”.  El tema es que somos, además, en el Perú electores en gran mayoría católicos. Y ser católico no es un cliché ni es tampoco una tradición, es un estilo de vida.  Y si vamos a ser coherentes con lo que somos, debemos ejercer nuestro derecho de elegir a las autoridades desde nuestro ser católicos.  ¿Qué significa esto? Vamos por partes.

Acerca del aborto y la eutanasia.

La Madre Iglesia nos enseña que un fiel católico no puede apoyar a un político que promueva o facilite el aborto para su pueblo.  Hace varios años el Cardenal Joseph Ratzinger, que fue durante más de 20 años Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, explicó por qué es pecado votar a favor de candidatos que favorecen el aborto.
La misiva que envió el ahora Papa Emérito Benedicto XVI a los obispos de Estados Unidos tenía que ver con la disposición de negar la Eucaristía a los políticos a favor del aborto. En ella afirmaba que “un católico sería culpable de cooperación formal en el mal, y tan indigno para presentarse a la Sagrada Comunión, si deliberadamente votara a favor de un candidato precisamente por la postura permisiva del candidato respecto del aborto y/o la eutanasia”.  Si el fiel católico vota por un político favorable al aborto pero por otras razones que considera positivas, es considerada esta actitud como una cooperación remota en el mal.

Acerca de la ideología de género.

La ideología de género (ID) pretende ser una reinterpretación toda la sexualidad humana y abarca entre otras cosas el matrimonio homosexual, la adopción de niños por parte de parejas homosexuales, la pedofilia, la zoofilia y el incesto como expresiones sexuales lícitas, etc.  Frente a esta situación, se ha puesto repentinamente de moda ser “tolerante” con esta ideología y no pocos candidatos se muestran favorables a “respetar” a los que promueven la ID y a los que viven como ella ordena.  Los medios de comunicación también se han alineado absolutamente con la ID.  ¿Qué nos dice la moral católica sobre votar a favor de candidatos que promueven o apoyan la ID?  Nos dice que votar por ellos sería convertirnos en cómplices de la degradación moral y espiritual de nuestro país.

¿Y votar por el mal menor?

Hay quienes se preguntan y se plantean votar por un candidato que es favorable a algunas de estas cosas que no admite la fe católica, pero los quieren apoyar en cuanto que pueden hacer también cosas buenas y dan algunas garantías de trabajar seriamente por el bien común.  ¿Es legítima esta actitud?  Para ver si es buena esta actitud, tendríamos que recordar qué cosa es el bien común.  Si pensamos que el bien común es una carretera bien hecha o mayor seguridad ciudadana a costa de que no se respete la vida del concebido o que se destruya sistemáticamente la institución del matrimonio y la familia aceptando “nuevas formas” de matrimonio y familia, entonces tenemos un serio problema.  El bien común no sólo es material y cuantificable, el bien común va más allá: se configura a partir de principios espirituales y morales que rigen una ciudad, una nación y que constituyen su identidad y su legado.  Si se pisotean estos principios espirituales y morales o se los pone por debajo de las “obras” entonces hemos involucionado, hemos retrocedido en el tiempo, hemos vuelto al tiempo de las cavernas.  El bien común pasa por apoyar verdaderamente a la vida humana, a la familia, por apoyar la institución del matrimonio, la recta educación en la verdad del ser humano, no ideologizarlo. 

Votar por el “mal menor” es inmoral y degradante.  Para entender esto habrá que recordar el testimonio de los santos.  Muchos santos hicieron de esta frase un principio de vida: Antes morir que pecar.  Y fueron precisamente los mártires de todos los tiempos los que eligieron la muerte antes de ofender o negar a Jesucristo, el Señor.  El mal mayor es igual al pecado mortal.  El mal menor es igual al pecado venial.  Pero tanto uno como otro son y serán siempre pecado.  Y un fiel católico que de verdad ama a Dios y su ley no se puede permitir ofender a Dios tan alegremente.  Por otro lado, pensemos un momento a dónde nos ha llevado como nación la errada decisión tantas veces repetida de votar por el mal menor…

Entonces, ¿qué salida tenemos? 

Es una salida que nos da el mismo sistema democrático, una salida lícita y viable, ahora más que nunca: voto viciado o nulo.  Si los mártires prefirieron morir antes que pecar contra Dios, pues elegiremos hacer morir nuestro voto antes que apoyar a alguien que propone algo que no agrada a Dios ni es conforme a su ley.

Yo invitaría –que no obligo- a los fieles católicos a votar viciado.  Tomo aquí la sugerencia que hiciera hace algunos años el Dr. Julio Vargas Prada, la de escribir en la cédula: “Viva Cristo Rey”.  El bien mayor es la gloria de Dios, y Él es glorificado cuando optamos y vivimos en la Verdad.  A ver si así desenmascaramos de una buena vez este oscuro sistema político y social lleno de mentiras y podredumbre.  El mismo sistema que nos quiere hacer creer que no tenemos más salida que apoyar las opciones que nos han metido por los ojos.  Sí, ante el monopolio del mal, la solución es decir: ¡basta!  Es tiempo de decir a los que monopolizan el sistema político que nos damos cuenta de sus jugadas, que no hay mentira perfecta, que aunque podemos aguantar muchas injusticias también sabemos decir ¡basta!

¿Nos atreveremos a plantar cara al mal?  Porque créanlo o no, el mal está detrás de todo el andamiaje que se ha montado para estas elecciones, y los hijos de Dios tenemos una salida: no elegir ninguna de las opciones que nos han puesto y votar viciado.



sábado, 22 de septiembre de 2018

Más papistas que el Papa

Estoy absolutamente sorprendido por la andanada de artículos, posts, comentarios y blogs enteros dedicados a corregir al Papa Francisco.  Y todavía más, luego de que un ex nuncio en los Estados Unidos de América ha hecho pública una carta en la que acusa a varias autoridades de la Santa Sede y al mismo Papa Francisco de encubrir abusos sexuales cometidos por ciertos miembros del clero estadounidense.

Confieso que, entre otras cosas, me ha dejado herido y dolido el ver y escuchar un comentario del P. Santiago Martín, FM, ("Presunción de Inocencia" / Magníficat TV), en el que desliza elegantemente su desafecto por el Papa Francisco y en el que sugiere que el Papa debe en todo caso ser juzgado por un tribunal especial para establecer si es culpable o no…

Todo esto me parece pesadilla de la que espero pronto pueda despertar. Y no es que mi pesadilla tenga que ver con la persona del Papa Francisco, jamás.  Mi pesadilla es ver y escuchar tantos que de pronto hoy se sienten ungidos como profetas y custodios de la legítima tradición católica. Hoy ya no tenemos tan sólo a un Santiago Apóstol que a caballo y espada está dispuesto a purificar y conservar la fe de los pueblos.  Hoy existen un sinnúmero de santiagos, miles, que con o sin caballo y bien enfundados de su supuesta ortodoxia se van… contra el Papa. La ideología del “presiona más y te harán caso” está de moda. Y la Iglesia no se ha salvado de ello, lamentablemente.  Ahora vemos a un grupito de clérigos que de pronto creen tener más Espíritu Santo que el mismo Vicario de Cristo. Y exigen que el Papa les responda, que les haga caso, que les conteste, que permita de una buena vez que todo el mundo evalúe su actuación, que se someta al tribunal de los medios de información…. Me suena igual que cuando a Jesucristo el Señor un grupito de fariseos le pedía a gritos una señal del cielo para que creyesen en Él.

Me duele mucho ver que gente de buena voluntad y posiblemente bien formada en lo devocional, se deje atraer por quienes con apariencia de toda ortodoxia instan a un alejamiento del Papa Francisco.  Me suena a cuando aquel grupito de fariseos vociferaba aduciendo que Jesucristo no reunía los requisitos para ser declarado Mesías.  No les cuadraba.  Les resultaba muy molesto. Ellos querían un mensaje de estabilidad, de tranquilidad, de seguridad.  Querían alguien que les ayude a conservar la estabilidad de las cosas (“estabilidad” que para ellos era un buen negocio y que les permitía una vida cómoda y tranquila, claro).  Y Jesucristo a ellos, precisamente a ellos, les trajo un terremoto cotidiano, se atrevió a desestabilizarlos.

Qué tremendo debe ser el orgullo de quienes se han fabricado unos parámetros tan altos para juzgar por encima de ellos al mismo Dios y a Su Vicario.  Qué peligrosa y desgraciada debe ser esa piedad que va fabricando, a la vez de la oración, un muro alto en el que la persona se siente con todo derecho a evaluar si el mismo Dios les convence o no.  Esa piedad y esa ortodoxia no dan vida eterna.  Es puro afán de conservar su vida cómoda, eso que algunos llaman “tradición”.  Porque se puede tener una apariencia pulcra y aséptica, se puede tener una fama intachable y también hacer gala de una doctrina de lo más recta y tener también junto a todo ello un corazón orgulloso y arrogante, que no sabe de caridad ni de comunión.  Es la triste situación de quien se ha enamorado perdidamente de la hermosa custodia pero que no adora al Santísimo Sacramento que va al centro de ella.

Sí. El Papa Francisco es culpable. Es culpable de haber removido la vida cómoda de muchos curiales (y de otros que ya quisieran ser curiales pero que han inventado sus propias curias).  El Papa Francisco es culpable de habernos invitado a salir de nuestras seguridades.  Es culpable de haber cuestionado nuestros modos mundanos de ser católicos.  Es culpable de pedirnos mayor sencillez.  Es culpable de no ser tan tradicionalista.  Es culpable de hablar tan claro.  Es culpable de haberse tirado abajo muchos acartonamientos religiosos a los que a veces llamamos “tradición católica”. Era de esperarse. Era de esperarse que ahora la oposición venga de los más devotos, de los más tradicionalmente católicos, de los más “fieles” y romanos, de los más “ortodoxos”. El Papa Francisco se ha quedado sin ellos, ya que ellos no quieren moverse a conversión. ¿Y los “nuevos”? ¿Y los nuevos católicos? ¿Dónde estarán esos católicos de estreno que acaban de llegar a casa gracias a Francisco? Quizá también se sientan asustados y un poco desorientados. En todo caso, Francisco se quedará solo. Como solo se quedó Jesucristo. Como solos se la pasaron los profetas verdaderos, esos que no tienen blogs armados contra la opinión contraria, contra esos que no presumen de santidad ni de rectitud doctrinal.

Por eso hoy yo digo muy de corazón: Gracias Santo Padre, Papa Francisco. Gracias porque haces lo que haces. Gracias por ser Vicario de Jesucristo. Gracias por ser Padre y Pastor de tu pueblo. Estamos contigo y oramos por ti. Los tiempos no son buenos y hoy también el viento es contrario a la barca de Pedro y aunque algunos ya quisieran que se hunda, nosotros estamos en ella para ayudar, para remar y para repararla.

Sé bien que, como lo dice el Catecismo, la Iglesia tendrá que pasar por una purificación a gran escala y que incluso no pocos fieles y pastores del pueblo de Dios la abandonarán por el temor del oleaje y por instigación del enemigo, y sin embargo luego de todo ello vendrá el triunfo de la Verdad.  Quizá estamos por comenzar ese tiempo.  Pues bien, voy a decir una frase arriesgada (que no es mía, por si acaso), es ésta: yo prefiero estar en el error con Pedro que estar en la verdad con los sedevacantistas. Pues donde está Pedro, está la Iglesia, y donde está la Iglesia allí tenemos la certeza de que está Jesucristo.

Ya va siendo hora de que hagamos caso de la Reina de la Paz que nos ha exhortado a hablar menos y rezar más, de no hablar mal de nuestros pastores, de dejar de criticarlos y de amarlos, de estar muy unidos a ellos.

Oremos por el Santo Padre y para mejorar nuestra Comunión con Él.

miércoles, 30 de mayo de 2018

TODOS Y TODAS, TOD@S, TODES, TODXS


Reza un antiguo dicho: “Miente, miente, que algo queda”.  Es una cuestión de estrategias.  El diablo bien lo sabe.  De tanto repetir una mentira, esa mentira va quedando como verdad, por lo menos como buena posibilidad.  Así como cuando un hombre abusador se dedica día y noche a repetir al oído una mentira, una amenaza, a su víctima… Así logrará poco a poco convencerla de lo que quiere, a fuerza de repetir e insistir con su mentira.  Así pues, para difundir una mentira bastará la insistencia diaria y contar con una masa de gente que no tiene tiempo o que no tiene ánimo para pensar ni criticar lo que se le presenta a los ojos, o lo que machaconamente se propala en los medios.  Allí están y estarán las grandes masas de gente que nunca leerán más que los titulares de algunos diarios amarillos en el kiosko de la esquina.  Y está y estará la pantalla de televisión que todo el día va dictando un discurso hecho de imágenes, ruido, música y palabras hábilmente teledirigidas en secreto con objetivos que rara vez conoceremos.  Y en la tele aparecerán de pronto los artistas favoritos, -esos que la gente casi ama y sueña-, ahora con un discurso nuevo, tolerante, “abierto”, actual, “inclusivo”.  Ahora resulta que no son ellos sino ellas, o mejor: ell@s o ellxs.  Y están de fondo finalmente pequeños grupos de presión oculta que se mueven en los pasillos de edificios donde se diseñan políticas públicas: visitas, almuerzos, telefonazos, cuando no regalitos y regalazos, mails, videos, libros y estudios, seminarios, congresos, viajes con todo pagado para cursos de actualización en “nuevas” políticas públicas…  Y de pronto aparece, como resultado final de un embarazo muy deseado por algunos: Todos y todas, tod@s, todes y todxs… “Trabajando por tod@s l@s persuan@s”

Y entonces en el colegio de tu hijo un día la profesora dice que los tiempos han cambiado mucho, que ahora Manuelito es Manuelita, que no habría nada de malo si a Juana le gusta Mariela y que piensen casarse, que ahora tu papá puede que un día de estos se levante diciendo que no es tu papá sino que él es tu mamá y que tu mamá puede que se vaya con su amiga para casarse en una boda múltiple en Holanda, porque allí si han progresado y son más “abiertos de mente”…. 

Y el fin de semana, cuando se te ocurra ir a un mall, de shopping, seguramente encontrarás que en los servicios higiénicos han cambiado los iconos, ya no se ven los de un varón o de una mujer, ahora es una figura medio varón y medio mujer o quizá está una “x”, para los más de cien géneros que ahora dice la ONU que existen. 

Pero el lunes siguiente, verás que la cosa no ha terminado allí: ahora resulta que si un varón se siente mujer, debe ser tratado como mujer, que si una mujer se siente varón hay que respetarla y tratarla como varón y que por tanto en el baño de varones puede entrar uno con cuerpo de mujer y en el de mujeres puede entrar una con cuerpo de varón.  Puede ser que alguien quiera cambiar de sexo, operaciones mediante.  Pero también nos advertirán de que “en el futuro” también podrán existir los que no tienen ningún sexo conocido, los que se quieran casar con un árbol, las que se quieran casar con su perro y los que se quieran casar con su computadora.  Así se entenderá el “todxs”…

Pero para lograr todo esto tendrán que quemar todas las bibliotecas, o por lo menos esconder tantos y tantos libros e investigaciones científicas sobre la masculinidad y la feminidad.  Tendrán que cambiar nombres a ciudades, calles, instituciones, países…

Se tendrá que reformar por completo la lengua castellana y en general todos los idiomas conocidos,  posiblemente mañana yo deba llamarme “@” y tú te llamarás “x”, y tu mamá se llamará “r76” y tu abuelo se llamará “#2”. 

Y por si fuera poco, tendrán que reescribir la Biblia, los Evangelios mismos, tendrán que reinventar a Jesucristo, que quizá sea ahora Jesusa Cristusa o Jesxs Cristxs.  Se tendrán que borrar las identidades personales sexuadas o hacer lo posible por dar cabida a las más de cien variedades sexuales que “por innovación” ya habrán creado.

Y claro, no faltarán quienes digan que “no existe la Ideología de Género”, que son ideas antojadizas de algunos, que son los “prejuicios patriarcales infundidos por la religión” que se levantan como “un nuevo fundamentalismo”, impuesto desde una “visión machista y retrógrada en donde hay exclusión de los diferentes”.   Incluso habrá por ahí algún sacerdote católico o una monjita muy de avanzadas –izquierdosos proclives a sectores políticos izquierdistas- que muy sueltos de huesos dirán que es cuestión de tiempo, que la Iglesia en el futuro tendrá que aceptar todas estas cosas y más (y serán esos mismos religiosos los que en sus colegios y asociaciones instruyan a sus alumnos y profesores a usar machaconamente el: Todos y todas, tod@s y todxs).

Y frente a todo esto voy a ser muy ingenuo, voy a reclamar mi libertad de pensar con mi propia cabeza, sin que la ONU me dicte mis pensamientos, sin que el ministerio de educación me diga ahora lo que me conviene o lo que no, sin que “Close-up” me diga que juzgue menos.  Voy a reclamar mi libertad de pensar con mis propias neuronas.  Y aun a riesgo de que me digan “intolerante” voy a atreverme a preguntar: ¿Dónde están las bases científicamente ciertas y verdaderas de lo que hoy se afirma muy alegremente y en grupo?  ¿Hay algún estudio serio que avale los más cien géneros sexuales que ahora promueve la ONU y sus tentáculos en nuestros países?   ¿Desde cuándo el ser varón o mujer es una cosa que cambia con los tiempos?   ¿Es suficiente con decir que “ahora es así”?  ¿Es suficiente de decir “juzga menos” para así legitimar cualquier forma de vivir la sexualidad?  ¿Es suficiente la razón “amor” para que dos varones exijan su “derecho” a casarse y formar “familia”?  ¿Habremos llegado al extremo de decidirlo todo –políticas públicas- sólo por razones sentimentales –subjetivas- o emotivas?  ¿Es suficiente decir “es que yo me siento mujer” para ser mujer?  Mañana posiblemente yo me sienta un refrigerador y tendrán que considerarme refrigerador y tendré que operarme para producir hielo…

Y también, ingenuamente claro, voy a preguntar lo siguiente: ¿Por qué no se contrasta el índice de suicidios y crímenes en los países donde todas estas cosas están permitidas por leyes humanas?  ¿Instaurando los más de cien géneros sexuales que promueve la ONU se hace a la gente más feliz de lo que era antes?  ¿Por qué los psiquiatras honestos no salen al frente de los medios para hablar de los diversos trastornos que se producen en las personas que asumen los nuevos géneros sexuales?  ¿Por qué no se habla del altísimo índice de divorcios y violencia en parejas homosexuales?   Desde luego, ya sé que por preguntarme y por preguntar todo esto la única respuesta que me darán será esta: Eres un intolerante, te vamos a denunciar.  Pero nunca podrán dar razones válidas y ciertas. 

Es la dictadura silenciosa de género.  Es una de las más grandes colonizaciones ideológicas que está en boga en varios lugares del mundo.  Antes nos colonizaban llegando a nuestro continente con barcos y carabelas llenas de hombres armados.  Hoy los colonizadores se introducen en nuestras casas usando las modernas carabelas que son la TV, el internet, el celular y la música de moda.  Hoy los colonizadores no necesitan armas ni pólvora para asustarnos o para someternos; hoy basta una mentira repetida mil veces, bastan las declaraciones de un actor o el post de un cantante alineado con la ideología que se quiere implantar.  Y no hay mayor resistencia por parte de la masa.  Antes los incas, los aztecas, los guaraníes luchaban a sangre y flechas por sus territorios y por sus pueblos y familias.  Hoy el colonizador no encuentra resistencia pues gracias a un plan hábilmente diseñado se ha metido hace tiempo en tu casa y en la mía, en tu colegio y en la universidad y nos ha ido lavando el cerebro tranquilamente.  Y entonces te han cambiado la cabeza, ahora rechazas lo que antes amabas y defendías, antes cuidabas lo tuyo propio: tu vida, tu cuerpo, tu familia, tu fe católica, tus tradiciones, tus principios morales, tu cultura… Ahora ya no cuidas nada de eso, basta con que pienses que “eso ya pasó”.  Eres un esclavo y no te das cuenta.  Hacen contigo lo que quieren.  Les das toda la razón a ellos, a tus colonizadores anónimos.  Piensas que es cuestión de modernidad.  Razón tenía nuestra Madre, la Santísima Virgen María, cuando en Medjugorje dijo alguna vez que el Diablo muchas veces hace con nosotros lo que quiere, que nos destroza y nos trata como trapos sucios…  Por eso también se puede entender cómo un gobierno o un gobernante, teniendo un pueblo convertido en masa que no piensa, pueda fácilmente hacer aprobar leyes a favor del oculto colonizador que le paga y que le dicta el discurso, con el todos y todas, todes, tod@s, todxs bien puestecitos, claro.

¿Quién nos librará de esta solapada colonización ideológica?  Desde luego, como creyentes cristianos y católicos tenemos nuestra esperanza puesta en el poder de Jesucristo y en la poderosa intercesión de María Santísima.  Pero no basta con mirar al cielo, debemos ponernos de pie para recuperar nuestra soberanía, para recuperar nuestra libertad y la verdadera paz.  Porque la paz verdadera va de la mano con la verdad.  No puede haber paz cuando no hay verdad.  Y la única verdad es la del Evangelio de Jesucristo, entregado a la Iglesia para su administración en bien de todos.

Extraño la capacidad de lucha de los cristianos de los primeros siglos.  Hoy suelo ver a gente que se ha resignado a que las cosas estén como estén, esperando un milagro y nada más. Creo que Dios nos juzgará por el amor.  Y creo firmemente que la primera obra de amor con el prójimo es mostrarle la verdad.  Creo que la pasividad no es una virtud, como tampoco lo es el silencio si encierra miedo o indiferencia hacia un problema que toca a todos.  Recuerdo mucho aquel texto de San Agustín en el que advierte que no pocas veces los pastores del rebaño de Dios se comportan como perros mudos que no ladran cuando ven venir al lobo y permiten que el lobo haga estragos entre las ovejas.  Yo no quisiera ser un perro mudo.  Por ello escribo y predico, aunque posiblemente no sea muy escuchado o leído.

La Ideología de Género (enfoque de género, perspectiva de género, teoría, dimensión, etc.) hunde sus raíces en la ideología del comunismo y del feminismo radical.  Ya en 1848, en el “Manifiesto Comunista”, Carlos Marx y Federico Engels proclamaron: “¡Abolición de la familia!”.  Hacia el 1930 el italiano Antonio Gramsci habló de la “revolución cultural” para conseguir lo que se había proclamado en el “Manifiesto Comunista”.  Varios intelectuales y psiquiatras vinculados a la Escuela de Frankfurt especificaron que esta revolución sería sobre todo una “revolución sexual”.  En 1949, Simone de Beauvoir dijo: “No se nace mujer, se llega a serlo”.  En los años 60, Jhon Money da a la palabra género su significa ideológico usando la frase: “identidad de género” que dependería, según él, del condicionamiento cultural de las personas y no de su sexo biológico.  Como única demostración presentó el caso de los mellizos Reimer.  Money indujo a los padres de los mellizos a castrar a uno de ellos, que habría sufrido un accidente quirúrgico genital, y educarlo luego como niña.  Money “vendió” este caso como prueba científica de sus ideas, aduciendo que el género es una construcción cultural.  Años después tanto el niño castrado, criado como niña, así como su hermano se suicidaron, uno el 2002 y el otro en el 2004.  En 1969, Kate Millet en su libro “Política sexual” presenta el género como principal bandera contra el patriarcado.  ¿La principal institución del patriarcado?  La familia. Millet sostuvo además que “el amor ha sido el opio de las mujeres” y que el objetivo es hacer desaparecer la heterosexualidad, abolir toda distinción de sexos, fruto de una “lucha de clases sexuales”.  Ya que el comunismo no pudo probar la validez de sus teorías ni demostrar su eficacia en la abolición de las clases sociales, ahora trasladaría su lucha al campo de los sexos, así la nueva lucha armada no la lleva adelante una columna subversiva terrorista sino los pseudointelectuales de la Ideología de Género y sus artistas invitados: Miente, miente, que algo queda.

¿Nos quedaremos callados ante tanta barbarie?

¿Pensaremos todavía -a estas alturas- que un creyente, un católico, no debe pronunciarse sobre estas cosas? 

¿Seguiremos sosteniendo que hablar sobre este tema es “meterse en política” y que por eso nos quedamos calladitos, porque somos muy devotos?

¿Nuestra fe no nos debe llevar a la acción?

Temo mucho el silencio culpable, el silencio que otorga razón al que no la tiene, el silencio de quienes deben denunciar al lobo y se quedan callados.

No permitamos que nuestro país, el Perú, ofenda la memoria de los grandes santos que aquí crecieron y se santificaron en la verdad. 

Que nuestro amor a Jesucristo no nos deje en silencio.

martes, 7 de noviembre de 2017

Como si hubiera sido ayer

Hace algunos años me sucedió algo muy curioso.  De tanto caminar y servir a Dios en diversas cosas, entre minucias y cosas más “vistosas”, de pronto me sentí algo cansado y zas, se encendió una neurona dormida en mi sistema y me permitió darme cuenta, ¡oh sorpresa!, de que ya tenía más cuarenta años de vida. ¿Mi primera sensación?  Sorpresa.  ¿Mi segunda sensación? Incredulidad.  ¿Mi primer pensamiento? ¡Qué rápido se pasa la vida!  Y es que, cada uno interprételo como quiera, me siento como un adolescente metido en una carrocería más vieja, como de cuarenta y seis años.  Y es verdad, lo acepto y doy gracias también: han pasado treinta años redondos desde que, a mis dieciséis, me encontré con Jesucristo.

No lo he sentido.  Para nada.  A veces me parece muy poco lo que he podido hacer por amor a Él.  Nunca me aburrió Jesucristo.  He aprendido a encontrar en Él y con Él mi diversión.  Me ha llenado el corazón.  Su amistad nunca me ha fallado.  Su Gracia hizo que vivir en castidad, pobreza y obediencia no sólo no me resulten cargas o pesos, sino la consecuencia lógica de querer contribuir con mi “granito de arena” en la redención del mundo.  Él siempre ha sido fiel. 

Y se me han ido como agua entre los dedos estos treinta años de camino desde aquel retiro en “Cruz Blanca”.  No he logrado construir palacios ni pienso dejar “obras” que acaso me inmortalicen.  He contribuido un poquito a forjar algunos corazones y eso me alegra.  El recuerdo del Evangelio en el que Jesús nos invita a obrar en lo escondido para recibir sólo del Padre del Cielo la recompensa, ha estado constantemente en mi alma. 

Y me parece que hubiera sido ayer cuando entré a esa humilde capilla en medio de la noche y, sin saber hacia quién me dirigía exactamente, elevé mi vela y sentí de pronto un ramalazo de paz, de plenitud, de alegría, de sentido, de Verdad.  Desde esa noche quedé trastornado.  Y la alegría se hizo de casa.  Todo dio un vuelco en mi interior.  Y ese vuelco se me hizo convicción.  Y nació así lo de “vivir al revés”.  Y ahora comprendo al pequeño Juan bautista cuando dio esa voltereta en el vientre de Isabel al percibir cerca de él la Presencia del Verbo hecho carne.  

Unos dijeron que era algo así como una sugestión psicológica, pero creo que nadie puede vivir sugestionado treinta años de su vida.  Otros vaticinaron que esa “fiebre religiosa” no duraría más de unos meses.  Algunos -muy comprensivos- dijeron que era “una etapa” que luego se supera porque uno tiene que ser realista y que “de eso no se puede vivir”.  Años más adelante también hubo alguien que me recomendó un buen psiquiatra.  Y, aclaro que por otras razones –ojo-, visité a un psiquiatra muy prestigioso y el doctor terminó riéndose de mis bromas y mostrándome toda su consideración y respeto por lo que estaba llevando adelante desde hacía algún tiempo.

Y es que aquella noche entre el 7 y 8 de noviembre de 1987 “Alguien” se me acercó y me miró con cariño.  Las palabras siempre traicionan una experiencia sobrenatural.  Pero puedo decir que aquel “Alguien” hizo brotar la luz en mis oscuridades e hizo que de mi frío interior brotase un fuego que, aun a pesar de las contrariedades y de las cruces, no sólo no se ha apagado sino que permanece fuego joven, liberador y sanador.

Yo no me lo busqué.  A mí prácticamente el Señor me acorraló.  Creo que no había otra forma para que yo reaccionase y le aceptase.  Y hoy yo agradezco a Dios misericordioso que quiso fijarse en mí.  No tengo méritos ni glorias personales.  Me alegro sólo de haber sido objeto de un amor que humanamente hablando puede que no tenga explicación.  Pero es un amor que yo acepto cada día y que quisiera nunca perder.  Sí.  Jesucristo es lo mejor que me ha pasado en la vida.   

Me gusta Jesucristo.  Me gusta su Evangelio.  No le tengo miedo sino sólo a quedarme sin Él.  La muerte, el dolor, el sufrimiento, la adversidad, la soledad, el fracaso humano, la incomprensión que he podido pasar y que pudieran venir luego, todo ello lo considero como condecoraciones que, en la Gloria, se convertirán en alegría infinita y paz.  Estoy contento y siento que tengo mucho por hacer, orar y ofrecer.  Con Jesucristo me siento realizado como persona.  Me siento libre y sé que esa libertad no me la podrá quitar nadie. 

Hoy agradezco al Señor por estos treinta años de camino.  Dentro de ellos están mis 23 años en vida religiosa, mis diecinueve como sacerdote y mis cuatro como monje. 

Les suplico, amigos, la gracia de su oración por mí: para que pueda ser fiel a La Verdad y al Fuego de Dios que Él quiso regalarme para el bien de muchos.


Alabado sea Jesucristo.

jueves, 13 de julio de 2017

ANTE EL DESPUNTE DE UNA SOLAPADA DICTADURA EN EL PERÚ.

¿Mi último artículo antes de la era de la “ley mordaza”?

Desde hace ya varios meses, no sólo semanas, que he venido pensando escribir este artículo. Por un lado mis continuas ocupaciones de comunidad y de apostolado y por otro lado, el sucederse como en cascada de una serie de acontecimientos cada uno más sorprendente que el otro en la escena política peruana, han hecho que retrasara la publicación de estas letras. Ahora lo hago, con más convicción que nunca.

Nos encontramos ante el despunte de la más artera, miserable y solapada dictadura en el Perú. Pero ojo, ya no se trata de un señor que aparece y que con tanques y tropas se tumba todo orden establecido y se endiosa a la vista de todos, prensa anulada mediante. Ahora la dictadura es silenciosa, sutil, y poco a poco gana terreno, y se enquista en el trono de un poder que es kilométricamente más poderoso que el poder que puede ostentar un simple presidente de la república o un folclórico congreso. Se trata del endiosamiento de una idea, de una mentira con trazas de verdad. Es el poder de una mentira que no resiste a la más mínima comprobación científica. Es una mentira avalada por la emoción, por el sentimiento y la subjetividad antojadiza de algunos y apoyada por el entumecimiento neuronal y la fragilidad psicológica de varios en nuestro país.

La dictadura que está por aparecer ha encontrado un ambiente social, cultural y afectivo ideal. Ha encontrado a nuestro país en medio de una grave crisis familiar y moral. No voy a entrar a proporcionar estadísticas, pero como quien confiesa y escucha a muchas personas en el contacto pastoral, puedo decir sin temor alguno a equivocarme que la institución del matrimonio y de la familia están muy afectadas en nuestro país. Y el fruto de todo ello es la aparición de una generación o dos que llevan sobre sus espaldas un fuerte desamparo y fragilidad afectiva y psicológica que les bloquea en muchos casos la capacidad de un sereno discernimiento moral sobre sus actitudes, sobre sus ideas y opiniones. Quien piensa, pierde. En suma: no se piensa, se siente… y eso basta. Y entonces si yo siento que soy una mesa, soy una mesa; si siento que soy un árbol, soy un árbol. Y puede que yo sea un árbol atrapado en el cuerpo de un hombre y que tú seas un poste de luz atrapado en el cuerpo de una mujer. Seguramente un capricho de los astros o del destino o de la masa de energía fallada que me tocó en suertes, luego de la gran explosión y del enfriamiento planetario.

La dictadura en ciernes no podía encontrar mejor terreno ni mejores súbditos. Con la generación que rinde culto a “Esto es guerra” y que tiene como única enciclopedia de vida a “Al fondo hay sitio”; con el grueso de la población que tiene a la televisión como único medio de instrucción cultural y que por ello disfruta alegremente de los chismes del espectáculo que literalmente les llueven mañana, tarde y noche; con una población adulta que va perdiendo esperanzas porque ya mil veces les han engañado y que concurre a votar cada tres o cinco años con un real sentimiento de “sea todo para no pagar la multa”; con una clase política que hace más de treinta años perdió la decencia y el cerebro; con un sistema educativo enfocado en cuidar el formalismo de los programas, que rinde homenaje a la rimbombancia de los títulos, que está confiado en la solidez y en la belleza de las estructuras físicas –colegios emblemáticos, les dicen-, que se siente complacido con la impecabilidad de los objetivos transversales, que confía ciegamente en la visión y misión claramente definidas pero que en el concreto influyen poco y cambian casi nada –porque los colegios siguen produciendo lo mismo de siempre-; con una fe religiosa que no ha llegado a cuestionar la vida cotidiana y práctica de los mismos creyentes ni ha logrado convencerles de que esa misma fe debe performar sus vidas; con un sistema judicial podrido de corrupción desde su raíz; con todo esto y más la dictadura próxima tiene el plato servido.

Pero esta dictadura no viene sola, se la han inventado como una manera “inteligente” para asegurar un reino en el que el dinero por lo bajo y el sometimiento mental, cuando no físico, están a la orden del día. Avanza silenciosa y frente a ella todos los medios de comunicación –radio, televisión, periódicos, etc.- se rinden infaliblemente. Es así que de pronto todos dicen lo mismo, de la noche a la mañana todos opinan igual. De pronto se olvidan de los problemas realmente cruciales –ya no importa el solucionar el problema de la inseguridad ciudadana, ni el problema de los bajos sueldos, ni la minería indiscriminada que envenena el agua y mata la naturaleza, ni los tentáculos oscuros de Odebrecht-, al margen de todo ello, ahora todos deben hablar, pensar y escuchar lo mismo, esa idea que impera, "lo que le gusta a la gente”, lo que ha dicho el dueño del medio que se debe decir esta mañana, lo que dijeron que se dijera hoy, lo que hay que repetir machaconamente. Dijo alguien: “Miente, miente, que algo queda”.

Y claro, al servicio de esta dictadura está un gobierno fantoche, que de lujo no tiene sino su propia ineptitud y su amoralidad. Y para hacer viable su servidumbre a la dictadura naciente puede también –recordando las viejas técnicas de Nerón al incendiar Roma- provocar incendios, los metafóricos y los reales, para que le hagan de “cortina de humo” y así la gente no se dé cuenta de que están por robarles la libertad de pensar y discernir por sí mismos, lo último que ya les queda, luego de que por años les han saqueado sus sueldos, su esperanza y su propia fe.

Pero también están al servicio de esta dictadura ciertas elites intelectuales, ciertos círculos de profesores, desde los que enseñan a los niños, pasando por los que educan a los adolescentes llegando hasta los que enseñan en algunas universidades. De pronto, todos –o casi todos- piensan lo mismo. Y quien no ha renunciado a pensar por sí mismo, y quien no se traga ningún cuento tiene que pasar por ese feo momento en el que te das la vuelta y resulta que ya te miran mal porque tú no piensas como la mayoría. Y se inventan palabras, que ahora son los mayores y más temidos proyectiles: homofóbico, intolerante, trasnochado, dogmático, cerrado, oscurantista, ignorante, etc. Se reclama tolerancia hacia los nuevos “estilos de vida” pero ya no se tolera a quien decide –en plena libertad- pensar y hablar conforme a lo que le indica su propia conciencia moral. Ahora eso no se podrá. Son crímenes de odio. Es intolerancia, es discriminación. El odio ahora pasará a ser un delito. ¿Cómo harán para medir el odio? ¿Fabricarán un aparato para hacer la medición? Si lo logran, deberán primero aplicarlo a quienes odian la verdad que les dicta su propia naturaleza humana inscrita en sus cuerpos –que ahora también quieren operar para borrar su huella-.

Sí, la dictadura está por comenzar. Y como toda dictadura, debe –sí o sí- perseguir a los que le contradicen: silenciarlos, encerrarlos, ridiculizarlos por lo menos. Y entonces la mentira disparada cada día por los medios va generando una vergüenza a pensar rectamente, un cierto miedo a ser impopular, un miedo a “quedar mal”, un miedo a ser políticamente incorrectos, y por ello los buenos, los honrados a veces se quedan callados, y entonces nadie –o casi nadie- dice nada. Sí, miedo. Ese mismo miedo del que se vale toda dictadura para someter, controlar, sojuzgar y silenciar, cuando no matar. El miedo es –siempre lo ha sido- el arma del Demonio para impedir que los hijos de Dios tomen autoridad.

Pero no he dicho el nombre de la dictadura que pretende apoderarse de nuestro país, lo digo ya: La dictadura LGTBI (lobby lésbico, gay, transexual, bisexual, intersexual). Aunque el nombre es insuficiente, puesto que –fieles a sus principios- cada día van encontrando nuevos modos de expresiones sexuales, identidad de género le dicen: eco sexuales, trans especies, zoo sexuales, etc. Podría también decirse: La dictadura LGTBIPQRSTUVWXYZ…

La dictadura LGTBIPQRSTUVWXYZ pondrá como cultura y como religión a la Ideología de Género. Entonces aprenderemos a negar lo evidente, bajo pena de cárcel, supongo. ¿Qué la Ideología de Género es un invento de algunos? ¿Qué la ideología de género es un psicosocial? Pues, habrá que revisar los últimos decretos, decisiones, normas y medidas de los ministerios de educación, de justicia, de salud, y de la mujer en los últimos meses, cuando no ciertas decisiones de alguna universidad supuestamente católica y pontificia.

Posiblemente algunos de mis lectores no sepan exactamente qué es la Ideología de Género, pues aquí se los voy a resumir: Es un conjunto cerrado de ideas que no admite críticas y que se impone por la manipulación de las masas y por la compra de los medios, sosteniendo que no existe la naturaleza humana y que el aspecto biológico del sexo no condiciona la psicología de las personas y que por tanto el género de ellas sería el sexo construido socialmente (Yo me hago varón, tú te haces mujer, la sociedad te hace varón, la sociedad te hace mujer por los estereotipos que se te imponen, patriarcado mediante, etc.). La ideología de género busca no sólo “rehacer” la sexualidad humana, sino que va más allá: quiere reelaborar la historia, la ciencia y la misma religión con “perspectiva de género” (enfoque de género, teoría de género, etc.). En historia eliminan o minusvaloran los personajes varones para centrarse en el aporte anónimo de las mujeres. En teología rechazan la paternidad de Dios y pretenden la existencia de una divinidad femenina. No es novedad que en ciertos círculos religiosos hoy se rece incluso la oración del Señor así: “Padre-Madre que estás en el cielo…” Ya algún teólogo católico en el oriente hace algunos años levantó polvareda con una publicación en la que afirmaba que hay que adorar a “Jesusa Cristusa”. Ni qué se diga de la extraña pretensión lingüística de algunos comunicadores y escritores de poner en cada cosa: todos y todas, hermanos y hermanas, ciudadanos y ciudadanas, amig@s, etc., aunque ya la Real Academia de la Lengua lo ha desautorizado formalmente.

A prepararse antropólogos, biólogos, hematólogos, ginecólogos, etc., porque tendrán que olvidar pronto todo lo que aprendieron durante años, ya que estará prohibido pensar y hablar distinto a como lo hacen los activistas LGTBIPQRSTUVWXYZ. Tendrán que condenar y quemar los manuales de medicina y de biología básicos. ¿Quemarán bibliotecas? Quizá los libros y manuales sean los primeros en irse a la cárcel. Y entonces en los formularios para trámites tendrán que incluirse los más de ciento veinte géneros que han inventado los activistas LGTBIPQRSTUVWXYZ, para no discriminar digo… ¿Harán lo mismo con los baños públicos? Porque si es así, en pro de la no discriminación cada institución tendría que construir y equipar servicios higiénicos para todas las identidades de género… no me imagino un pequeño restaurant con ciento veinte baños…

Y esta dictadura, de hecho, tendrá el respaldo internacional del secularismo a ultranza que hoy se respira en varias naciones. Por ello quizá mañana si algún “menteabierta” ve que te santiguas frente a una iglesia te denuncie por intolerancia o por falta de respeto a los que no creen. Quizá mañana quede yo detenido por el simple hecho de llevar mi hábito religioso. Quizá este artículo sirva para que yo sea denunciado por homofóbico e intolerante. Quizá el decir que Jesucristo es el camino, la Verdad y la Vida mañana sea visto como fundamentalismo. Y si fuese así, tendríamos que cambiar también el Himno Nacional, ya que allí cantamos que los peruanos no debemos faltar al voto solemne hecho al Dios de Jacob. O quizá, para ser más tolerantes tendríamos que agregar varias estrofas más, entre ellas una dirigida a Alá, otra a Buda, otra a Khrisna, otra a la Pachamama, otra a la energía, otra a las vibras, etc. Pero entonces tendríamos que hacer votos solemnes a cada uno de ellos…

Y frente a todo esto que está cocinándose, mientras el peruano de a pie ve la televisión y escucha reggetón, me pregunto entre otras cosas: ¿Dónde está la voz de los laicos católicos? ¿Dónde está la voz del Consorcio de Colegios Católicos? ¿Dónde está la voz de los profesionales honrados y capaces? No voy a preguntarme dónde están las conferencias de religiosos católicos (Confer), porque ya sé dónde están y sospecho por qué se han quedado muy calladitos.

Es un hecho probado y comprobado el que las dictaduras se valen del silencio de los inocentes y de la pasividad de los buenos, como también de los medios de masas debidamente comprados, “aceitados” les dicen. ¿Qué pasará con los peruanos de a pie? ¿Nos quedaremos callados ante tanto zafarrancho de género? ¿Tendremos que endosar a la historia del Perú aquél feo día en el que, dejando atrás un pasado casi glorioso de cultura y de fe, el extravío gay pasó a modificar todo lo anterior? ¿Todavía habrá gente que piense que la ideología de género es el “progreso”? ¿Progreso hacia qué? ¿Hacia dónde?
Yo no pido la muerte de nadie, eso no. Tampoco odio a nadie, ni a los activistas LGTBI, ni a los que se han alineado con ellos, “aceitada” o miedo mediante. Mi artículo no es muestra de odio, no puedo odiar puesto que soy cristiano y católico. Pero sí puedo y debo manifestar mi indignación pues veo que la mentira se la quiere hacer pasar por verdad y con categoría de ley. Tengo algunos amigos que se definen homosexuales y no los condeno en absoluto, pero ellos mismos saben lo que deben y no deben hacer pues son honrados con ellos mismos y con Dios y no se atreverían a hacer pasar lo suyo como una opción más de vida, equiparable a las otras. Me opongo abiertamente al imperio de la decadencia moral y espiritual de mi país.

No quiero que se destruya la institución de la familia y del matrimonio en mi país. No quiero que pese sobre mi patria una maldición ni una condena. No quiero ser cómplice de una barbarie. Quizá no tenga manera de influir en ciertas esferas de opinión pero mi palabra es ésta y no otra. No temo “quemarme” política o eclesialmente: como monje y sacerdote no aspiro a cargos sino a salvarme y a contribuir en la salvación de mis hermanos.

Ruego a todos mis hermanos sacerdotes y religiosos que celebren y ofrezcan Misas cada día por la liberación espiritual del Perú, por la liberación espiritual de los gobernantes y de los comunicadores, por la liberación espiritual de los profesores y de los mismos evangelizadores. Que ni el miedo ni la vergüenza nos paralicen ni nos callen.

Que San José, que es Patrono del Perú, nos ayude a ser fieles al Evangelio y que él, que es Terror de los demonios, ponga en fuga a todos aquellos malos espíritus de desidentificación y de confusión que rondan nuestra sociedad peruana.

miércoles, 14 de diciembre de 2016

La Verdadera Radicalidad Evangélica

Desde que hace más de veinticinco años decidí secundar la llamada de Jesucristo para seguirle en Vida Consagrada, probé cómo se encendió en mi alma un fuerte deseo de radicalidad. Tanto así que desde el primer día de vida en comunidad religiosa estuve dispuesto a jugarme la vida a todo o nada, sin medias tintas. Y no es que me resultase fácil: había todo un elenco de cosas que me resultaban a veces chocantes (horarios, ciertas disciplinas, normas específicas, etc.) Pero por sobre todo ello, decidí cortar con lo que debía cortar, asumir lo que debía asumir, y me entregué a servir al Señor sin rebajas.

Tuve también mis días grises, incluso mis temporadas grises en las que todo cansaba, y cuando todo indicaba que ya no podía más. Experimenté la flojera de mi voluntad y la inestabilidad de mis deseos, supe también –por insistencia de mi propia carne- lo que es la mediocridad espiritual y moral. En ciertos momentos parecía que mi carne me mordía y se tragaba mi alma sin remedio. Sentí la tentación de vivir como anestesiado hacia todo lo espiritual, de vivir ‘volando bajo’ sin más problemas que dejarme llevar por las cosas. Sin embargo y aun con todo ello, por gracia divina y por pura misericordia de Dios, pude superar aquel feo letargo de la tibieza. Y fui otra vez feliz al redescubrir la vida nueva que fluye de la más radical y sincera generosidad para con Dios, la que se traduce en caridad gozosa y en disponibilidad para el servicio. Y es así que, con algunos años de seguimiento de Jesucristo, la ilusión por Él y el entusiasmo ‘por lo nuevo de Dios’ se hicieron parte de mi vida.

Andando los años, de tanto en tanto veía a cierta distancia el nacer o el renacer de muchas comunidades de religiosos o de fieles laicos que, aquí y allá, hacían gala de la más genuina radicalidad evangélica. En un primer momento –varios años- yo les admiré sinceramente, hasta puedo decir que les tuve una cierta y bien disimulada envidia. Siempre me identifiqué con un seguimiento exigente de Jesucristo, por ello el ver estas nuevas iniciativas apostólicas o de consagración a Dios alimentaba mi entusiasmo.

Pasaron algunos años y me fui dando cuenta de que muchas veces aquella pretendida radicalidad evangélica sólo hundía sus raíces en la más superficial epidermis religiosa. Es así que noté muchas veces en aquellos grupos un apego excesivo a la propia imagen, un cuidado vanidoso de las formas y de la estética, una orientación indisimulada por cuidar lo más externo de la fe: imágenes sacras, andas, estandartes, costumbres devocionales, oraciones, rituales, devociones particulares; sin hablar todavía de los hábitos recargados, de los nombres hiperinflados, del aire de autosuficiencia, del orgullo propio de secta y del sentimiento de superioridad sobre los demás católicos.

Y corroboré a veces la mala raíz de varios de estos movimientos y comunidades al constatar que se originaban en su seno desagradables y tristes escándalos casi siempre relacionados con las desmedidas riquezas o con la impura vida sexual de sus líderes. Aun así, no he dejado de creer en la posibilidad de una auténtica radicalidad evangélica, pero ya no basada en lo más exterior o cosmético de la fe, ya no fijada en los medios humanos (ideas de grupo, tradiciones, sentimientos de clase, estructuras físicas imponentes, exhibición de poder de convocatoria, copamiento de puestos clave en la estructura eclesial, buen marketing, pretendida fidelidad absoluta al Magisterio, etc.), sino una radicalidad que tenga los ojos puestos en la finalidad de todo: Jesucristo, su persona, su amistad, su imitación, su palabra.

Y así, luego de tanto tiempo de intentos fallidos y equivocadas iniciativas, he llegado a la íntima convicción de que la verdadera y real radicalidad evangélica está en la caridad sincera y en la decidida renuncia a uno mismo. Caridad y renuncia. Y tanto la caridad como la auténtica renuncia a uno mismo sobrepasan y superan ampliamente la fijación terca en lo más exterior y cosmético de la fe. Durante varios años yo también cifré mi radicalidad evangélica en el hábito talar bien presentado, en los infaltables y elegantes gemelos, en la calidad y hermosura de las casullas para la Misa. Soñaba con la elegancia de las formas y hasta llegué a pensar que utilizando más frases en latín, más radical sería.

Hoy me doy cuenta de que la auténtica radicalidad evangélica no tiene nada que ver con la ostentación de los medios ni de las estructuras, ni está necesariamente en relación proporcional al número de miembros o de adherentes que tiene una obra. Y me di cuenta de la lógica mundana que subyace en la fijación por la eficacia pastoral o apostólica. Y comprendí que lo único que salva a los hermanos es la hondura de la caridad, la amplitud del corazón, la renuncia al propio yo, la renuncia a toda búsqueda de poder, de figuración, de acumular cosas y también éxitos apostólicos, aplausos y reconocimientos.

Sí, la auténtica radicalidad evangélica no está en el estilo barroco de las construcciones, ni en una liturgia perfecta, adusta y almidonada. La elegancia ayuda, el porte firme puede edificar, pero sólo la caridad abre los corazones y permite que fluya la gracia divina. Porque es fácil también que bajo apariencias ortodoxas o conservadoras fluya también un cierto tufillo de engreimiento que a la larga –o a la corta- endurece el corazón al Evangelio. Hoy prefiero mil veces la sonrisa abierta de un niño, un par de empolvadas sandalias y hasta un ajado y sucio hábito religioso por vivir la caridad y el desprendimiento de uno mismo. Y, de hecho, tanto la caridad como la renuncia al propio yo conducen a una real pobreza y humildad.

Es fácil ser radical cuando tienes la comida asegurada, el techo seguro y ese calorcillo que produce una vida cómoda. He conocido varias personas que podrían calificar como hombres o mujeres de Dios porque en el fondo todo lo tienen asegurado y sobre ese riel cualquiera puede ser espiritual y hasta místico. Es muy fácil pretender ser radical para con Dios cuando esa radicalidad no implica la muerte del propio yo, cuando el Evangelio meditado a medias no produce desprendimiento de sí mismo, cuando la exégesis no llega a plantear la necesidad de una real y voluntaria pobreza. Y qué curioso que en el Evangelio, se mire por donde se mire, Jesucristo puntualiza cada dos por tres la necesidad del desprendimiento de lo material en general y del dinero y del acomodo en particular.

Cuando el Evangelio se hace palabra mordiente escasean los radicales, y los que se ufanan de ser muy fieles se muestran por lo menos ridículos. El Señor me ha tenido mucha misericordia, ha sido muy paciente conmigo –sigue siéndolo-. Yo fui durante varios años un ciego para estas verdades, corrí tras las apariencias, creí falsamente encontrar en esas cosas la Verdad.

Hoy valoro mucho más la pobreza real y voluntaria, la caridad amplia para con todos y la disposición a la renuncia de uno mismo. Allí está la Verdad, así fue Jesucristo. Allí está el origen de la más pura radicalidad evangélica y es a la vez su más grande fruto.

 Bendito sea Dios que tengamos un Papa como Francisco –experto en estos temas-, hoy por hoy no hay signo más grande de la Voluntad de Jesucristo para con Su Iglesia, mientras esperamos Su Venida.