¡La paz contigo! En este blog encontrarás artículos y reflexiones de Fr. Israel del Niño Jesús, R.P.S. Que todo lo que leas te lleve a desear y buscar a Jesucristo, Camino, Verdad y Vida.
domingo, 16 de agosto de 2009
Rebeldes
El tema da para mucho más. Es muy fácil ser rebelde de esa manera: gritar, patalear, encadenarse a una reja, hacer una mentirosa huelga de hambre, rasgarse las vestiduras mediáticamente, pintarrajear una pared, malograr un jardín, romper unos vidrios, volarse un foco, un fluorescente, tirar una piedra, destruir una puerta y gritar una arenga exigiendo justicia y libertad, escribir un volante, un artículo furioso, redactar una carta infamante impulsados por una falsa auréola profética... Pero qué difícil es una rebeldía que implique construir algo nuevo, algo mejor, algo decididamente superior y saludable.
Martín Descalzo en el artículo mencionado nos decía que son auténticamente rebeldes los que construyen algo nuevo, los que miran más lejos, los que miran más arriba de sus propias narices. Son rebeldes los que construyen.
Y es que el mundo avanza gracias a quienes saben mirar más allá y gracias a los que miran más arriba. Esos rebeldes son saludables, esos rebeldes son hoy muy necesarios para nuestra rutinaria sociedad.
En ese sentido me gusta contemplar a los santos como auténticos rebeldes: hombres y mujeres que se atrevieron a más, que no se contentaron con una vida mediocre y amodorrada, que no se sintieron bien mirando sólo su propio provecho, que -incluso-no se engolosinaron en su propia rebeldía; hombres y mujeres que no quisieron aburrirse de "ser buenos", gente que miró más lejos que sus contemporáneos, gente que no se sintió satisfecha con un cristianismo comodón y aburguesado, gente que no se enamoró de las cosas de Dios sino del Dios de todas las cosas.
Qué hermosa rebeldía la de la santidad verdadera.
Y qué plena la vida de quienes asumen en sus vidas totalmente la rebeldía del evangelio (Habrá que leerlo bien para ver en cada página del evangelio un grito auténtico de rebeldía y no un interminable ronroneo propio de una gata melosa).
Qué hermosa es la vida cristiana si se la asume así: como propuesta rebelde en un mundo mentiroso y oscuro; como alternativa rebelde en una sociedad muerta en su mediocridad; como un camino luminosamente rebelde en medio de nuestros grupos humanos tan aplatanados en su comodidad o en sus cuatro gustos y caprichos.
Admiro la rebeldía de los que construyen, de los que critican y luego tienen la fuerza y la grandeza de alma suficientes para inventar nuevos caminos de fe, de esperanza, de caridad, de servicio, de eternidad. La fe cristiana así vista es no un calmante, no una droga o un somnífero sino más bien una catapulta que nos lanza a la vida, con la adrenalina propia del Espíritu, un fuego que nos enseña a vivir plenamente esta vida gastándonos por un ideal noble: el Reino de Dios. Porque, no olvidemos, la vida eterna sólo será posible para los que antes, en esta vida, han sabido vivir a plenitud sus penas y alegrías.
Qué hermoso sería que existan más cristianos auténticamente rebeldes, no los de pacotilla (que un momento gritan y luego se amodorran en sus comodidades y no están dispuestos a sacrificar nada para conseguir sus presuntos ideales).
Que Jesucristo nos conceda vivir bien su palabra de fuego, su palabra auténticamente rebelde.
lunes, 3 de agosto de 2009
Una Misa dominical (II parte)
Durante la homilía, tuvo que superar cierto desaliento repentino. Algo le decía que varios de sus oyentes, feligreses de costumbre, no tenían mucho interés por acercarse a Jesucristo de verdad. Trató de espantar esos pensamientos, sonrió y prosiguió su homilía. El P. Antonio de Almagrande es un cura ya muy curtido en lo duro del trabajo pastoral pero con la gracia del Jefe conserva fuego juvenil en su viejo corazón.
Se esforzó por pronunciar una homilía clara y contundente, aunque las palabras le salían con dificultad en algunos momentos. Sí, pensaba, quizá era su presunción, o su vanidad las que le fastidiaban hoy más que nunca. Después de todo, la obra era de Dios mismo, él sólo era un servidor, hacía su parte y nada más. Pero ahí estaba la voz que le incaba de dentro, que no le dejaba tranquilo, que le hacía pensar que su gente necesitaba más que nunca una palabra firme, una palabra fuerte, cortante, hiriente. Es que, ¿de qué otro modo podría vencerse tanta indiferencia de "los buenos", tanta pasividad, tanta indolencia ante el misterio de su propia salvación. El P. Antonio sufría por dentro, sufría el evangelio, sufría la palabra de Dios, sufría ante tanta cerrazón y superficialidad...
Creo en Dios Padre, creador del cielo y la tierra....
Lo dijo con el alma, como queriendo obtener de su adhesión de fe una nueva esperanza, algo que le impulsase con nuevas fuerzas.
Durante las peticiones a él se le ocurrió pedir al Señor que concediera a su pueblo la gracia de despertar... Los percibía dormidos con los ojos abiertos, sordos con los oídos sanos, inmóviles con los miembros sanos y fuertes. Señor, concédenos despertar....
Señooor te ofrecemos el vinoooo y el paaaaan....
Al poner un poco de vino en el cáliz recordaba cuando por primera vez celebró el sacrificio, era tan joven que hasta sintió que la casulla le quedaba muy grande. Esa mañana estuvo muy emocionado, de tanta emoción casi se le cae el cáliz. De pronto, pensando en ello, se supo transportado a otro mundo, como si se abriera una gran puerta luminosa y cálida y alguien que le llamaba desde adentro: Antonio, Antonio... Sí, él sospechaba que no había sido el mejor de los párrocos áun cuando lo intentaba. Desde joven seminarista se había fijado en su colega santo: El Santo Cura de Ars, ése buen sacerdote que convirtió a su pueblo por su amor a Jesucristo, por su piedad encendida, por su penitencia tremenda. Sí, él se sentía bien lejos de ese amado y respetado modelo, ahora sentía que la vida se le iba como agua de las manos, que quizá no había logrado todo lo que había soñado... Y ahora.. Esa voz: Antonio, Antonio... Sentía su corazón ya muy cansado, quizá también un poco desilusionado a falta de conquistas pastorales tremendas. Y esa voz: Antonio, Antonio... Se sentía bien poca cosa, bien limitado. Esa voz se le transformaba en sonrisa tierna. Él de pronto se sentía mirado y compadecido. Su colega del pueblo vecino le había dicho en alguna ocasión: Sólo un cura comprende el corazón de otro cura... ¿Era acaso un cura el que le llamaba? No, no podía ser, él era el único cura en el pueblo. Pero sentía que esa voz le miraba y le comprendía. ¿Quién eres?, preguntó atrevido. Soy un colega tuyo. He fracasado muchas veces y mi único gran éxito ha sido cargar con todo lo que tú cargas y con las cargas enteras de todos tus colegas de todo el mundo...
Tomad y comed... Esto es mi cuerpo que será entregado por vosotros...
Los monaguillos se miraban sorprendidos, no sabían si seguir tocando las campanillas. El P. Antonio se había quedado contemplando el Cuerpo de Jesús Sacramentado. Lo miraba como quien mira al ser amado, como quien mira su propia alma, como quien mira su propia niñez e inocencia. A unos metros Doña Ernestina miraba su reloj, la misa se le estaba haciendo muuuuuy larga, qué barbaridad. Y entre colegas se quedaron conversando. Claro, después de todo, Jesucristo es el único y eterno sacerdote.
Tomad y bebed... Esta es mi sangre derramada por vosotros... Y el P. Antonio miraba el cáliz como si fuese su primera misa.
Así, Antonio, lentamente vas derramando tu sangre conmigo, ¿lo ves? Así se salva al mundo, amigo. Don Pablo, el gerente del banco del pueblo, que había venido por la misa de su abuela difunta, se sentía un poco incómodo de tanta "espiritualidad", como le llamaba.
El crío aquél había terminado de comerse la pasta del cancionero parroquial, su mamá estaba feliz de haberlo neutralizado a tiempo. Pero ahora el chiquitín estaba muy atento a lo que el anciano párroco hacía, estaba como embelesado, como arrobado contemplando al viejo cura con cara de abuelo bueno. Sólo los niños entienden a Dios...
Así, Antonio, extiende los brazos para que te parezcas un poco más a mí, para que también a tí te crucifiquen, para que también tú puedas presentar la vida como ofrenda... El P. Antonio leía despacio el misal, lo rezaba con calma, como tratando de comerse cada palabra. El viejo cura en medio de todo se sentía felíz aunque con un dolor que le traspasaba el alma. Sí, para eso había nacido, para extender sus brazos, pedir por sus hermanos, para sufrir por ellos, para hablarles de parte de Dios, para hacerLe presente, esa era su vida.
Señor Jesucristo que dijiste a tus amigos la paz les dejo....
Él se sorprendía de estar ya a esa altura de la celebración. Gracias a Dios, pensaba, que se había dejado llevar por el misal y por su buena memoria, se había entretenido con El Amigo en medio de las rúbricas y ahora estaba mirando al Santísimo Sacramento sobre el altar, lo miraba y le pedia paz para él y para su pueblo.
Al partir el pan se sintió en medio de los dos amigos de Emaús, pero, si era él, sólo él... No, ya no era él, era Jesús salvando y dando vida por sus manos, sintió más verdaderas que nunca las palabras de Pablo: "Yo no soy yo, es Cristo quien vive en mí". Le temblaban las manos de emoción, partía el pan con sumo cuidado y al ver desgajarse la humilde oblea veía también que su vida estaba partida y repartida, que lo suyo era sin retorno, que el misterio de Jesucristo se hacía presente y palpitante por su ofrenda personal.
Al dar la comunión se sintió plenamente acompañado, arrobado en Jesucristo.
Luego, un monaguillo se le acercó asustado: Padre, ya han pasado diez minutos desde que se sentó a orar y la gente se está impacientando. Se incorporó de inmediato y pronunció la oración final. Dió la bendición con emoción de sacerdote joven y recién estrenado.
Te den graciasss todos los puebloooos, que tooodos los pueeblos te deeeen graaacias....
Llegó a la sacristía y al volverse al Cristo aquél de la pared, le pareció que le sonreía.
Y él también sonrió. Los monaguillos susurraban algo.
Los fieles se volvieron a sus casas, cada quien comentando algo distinto: que si el estandarte que se cayó, que si el perro, que si aquel niño que lloraba, que si el párroco hoy estuvo muuuuy distraído....
El P. Antonio se fue más contento, sabiendo que Jesús hacía su obra en él.
martes, 14 de julio de 2009
Una Misa dominical
Desde temprano las campanas del templo de San Hilario El Risueño están repicando a fiesta.
El párroco, el P. Antonio de Almagrande, se ha puesto la talar más elegante y se alista para la celebración tempranera.
En el templo ya se van acurrucando las buenas señoras de la Legión de María, infaltables y devotas; también están, con ceño adusto y porte recogido, los señores de la Hermandad de San Cunegundo de Cienfuegos. Ah! El sacristán se ha querido lucir hoy más que de costumbre: ha hecho un adorno tal del altar mayor que casi todos se han quedado boquiabiertos para admirar el arte de Filobonio, vaya que lo ha logrado. Entre las telas y las flores se asoma tímidamente la puertecita del sagrario...
Sí, ya han llegado los miembros del coro parroquial, se han puesto también sus galas, esos ponchos tan divertidos que les ha cosido doña Hermelinda con tanto esmero. Pero hoy están más nerviosos que nunca: Carlos, el guitarrista ventiúnico de la parroquia, no llega todavía. Los cantores no saben bien qué deben cantar y no se sienten seguros sin su improvisado director.
En la sacristía el P. Antonio trata de hacerles entender a sus monaguillos que durante la consagración no se habla porque es un momento muy santo. Juanillo y Pepe no saben bien que significa "momento muy santo" pero dicen sin pestañear: "Sí padre". El P. Antonio ruega en sus adentros que sea el mismo Jesús que les enseñe porque sabe bien que esos engendros no le han entendido una vez más. El párroco quiere comenzar sus oraciones antes de salir a la Misa pero no puede porque entra corriendo Susanita y le dice que no ha llegado Carlos, que no habrá guitarra, que posiblemente no habrá coro...
Tin, tin, tin, tin, tiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiin. El reloj de la Iglesia ha marcado las 7 de la mañana. El P. Antonio siente eso que llaman ataque de stress...
Doña Roberta ha tomado el micrófono y está diciendo la monición de entrada, los del coro se miran nerviosos. Un perro asustado ha entrado en el templo, entra corriendo, como perseguido por la perrera municipal.
Vayamos jubilooooosos al altarrrr de Diooooooos... Es Herminia la que con voz temblorosa ha comenzado el canto, los demás cantores le siguen con esfuerzo porque ha comenzado muy alto. El padre Antonio trata de no incomodarse demasiado.
Al sagrado altar nos guieeeee... Doña Carmen está entrando, como siempre, con un ligero retraso. Como siempre se ha puesto esos tacones tan... bulliciosos. Casi todos voltean a verla. Lo ha logrado: todos se han dado cuenta de que ha entrado. Además: ella tiene su sitio bieeeeeen adelante y hasta ahí tiene que llegar le duela a quien le duela.
El coro ha logrado terminar con voces aullantes la canción de entrada.
El P. Antonio se seca un sudor repentino, sonríe y dice: En el nombre del Padre y del Hijo y del...
Buaáaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa!!!!!!!! Ayyyy!, es uno de los cinco niños que hoy serán bautizados. Mamaaaaaaaaaaaaaaaaaaaá!!!! La pobre mujer intenta en vano hacer entender a su crío de dos años que estamos en la Iglesia y que es un momento muuuuy sagrado y que no debe llorar. Lo mece, le canta algo pero el crío no se convence de que no debe llorar justo ahora en plena liturgia solemne...
El Señor esté con ustedes... El perro ha llegado a los pies del altar y se queda mirando al sacerdote de turno, mueve la cabeza y comienza a ladrar: guau, guau, guau, gua gua gua guauuuuuu!!!!.
Corren dos monaguillos: Fuera, fuera perro!!! El Padre Antonio carraspea y trata de sonreír: Vamos a ofrecer esta misa por... Y va anunciando las intenciones de misa mientras que el perro no se deja amedrentar por los dos monaguillos y les muestra los colmillos, gggrrrrr. Doña Tremebunda comenta con su amiga: Qué horror, ese perro..., qué barbaridad!!! Pero no se mueve para botarlo.
El P. Antonio tiene ganas de agregar a las intenciones: También vamos a pedir por el dueño de ese perro... Felizmente aparece el Sr. Claudio, que no le teme a los perros, y de un sólo patadón ha hecho volar al perro a la puerta de la Iglesia. Ohhhhhh!!!! Han dicho todos, entre sonrientes y asustados. Mientras el coro intenta comenzar el Kyrie.
El niño del primer llanto se ha quedado asustado, mira a su mamá y comienza un nuevo: Buaaaaáaaaaa!!!!! Don Claudio se pregunta cómo podría ahora callar al niño...
Gloooooriaaaaa, glooooria a Diooooos en el cieeeeloooooo....
El Padre intenta recogerse en su espíritu, mientras que a unos metros los monaguillos se ríen disimuladamente de la patada que recibió el perro, qué buena estuvo, jajaja.
Tú que quitaaas el pecaaaado del muuuundoooo....
Don Eustaquio, el anciano sordo del barrio de Santa Calamuchita, le codea a la Sra. Cristina y habla fuerte: ¡¿El Padre ha dicho el nombre de mi mamita? Yo he pagado la misa por mi mamita, ¿eh?! La Sra. Cristina trata de hacerle callar pero él vocifera: ¡¡¡Yo le he pagado al secretario ayer nomás, ¿quéeee?!!! La Sra. Cristina está roja de vergüenza pero finalmente lo hace callar no sabemos cómo.
Porque sólooooo túuuu eres saaaaantooooo...
El niño del bautismo se está comiendo el cancionero de la parroquia... Su mamá no encontró nada más que darle a su crío para entretenerlo un poco.
Uuuuuuuun mensajiiiiiiiiiitooooooo, tienes un mensajiiiiiitooooooooooooooooooo!!!!! El teléfono celular de Rosanita está avisando que le ha llegado un mensaje, qué tierno, qué oportuno, sí...
Con el Espíritu Saaaaantoooooo en la gloriaaaaa de Dioooos Paaaaaadreeeeeeeee......
¡¡¡¡¡Plaaaaaaaaaaffffffffffff, pink pluf plam, plam, plick, clashhhh!!!!! Sí, señores, se cayó al suelo el estandarte de la Archicofradía de San Hilarión el Risueño. Ohhhhhh!!!! En la cara de las señoronas devotas está el gesto sorprendido y la risita nerviosa y disimulada por la ceremonia solemne fastidiada gracias al estandarte mal colocado. Don Claudio de nuevo, a recoger el estandarte. Gracias Claudio por tu vocación de arreglatodo, por ser tan sinvergüenza de no temer ponerte de pie y arreglar las cosas mientras que todos sólo llegan al: Ohhhhhh!!! y de ahí no pasan, piensa el padre Antonio.
Oreemooooooooos...
Mientras que el anciano párroco pronuncia algo resignado la oración colecta, la doña Esther se arregla un poco el moño: Va a salir a leer la primera lectura y quiere demostrarle a la Sra. Ana que ella sabe leer mejor la lectura en la misa, ya lo verán, sí señor, ¿qué cosa?.
Lectura del libro del deuteromonio... El P. Antonio carraspea fuertemente pero doña Esther ni se da cuenta del error, ella lee con una impostación solemne pero juntando de vez en cuando palabras que están separadas por comas, cambia de nombres a los personajes bíblicos y termina: Es palabra de Dios... Y sale doña Ana para el salmo: lo canta con lo mejor de su voz, nomás que en vez de decir impíos ha dicho "ímpios" y en vez de "se gloría" ha dicho "se gloria", pero acaba su salmo elegantemente. Cuando le toca el turno a Don Pepe él lee la Epístola y termina: "Y todo lo que vistéis, aprendistéis, escuchastéis de mi, ponedlo por obra..." Mientras le escucha, el P. Antonio se da cuenta que debe enseñar a sus lectores a leer mejor, pero... si son profesores!!!
(Continuará...)
domingo, 12 de julio de 2009
¿Será que ellos valen más que los no-nacidos?
Por otro lado, debo decir que sólo dos veces presencié una "corrida de toros" de la que salí espantado y escandalizado. Nunca me han gustado las famosas "pelea de gallos" y no entiendo bien la lógica de esa diversión.
No puedo decir que soy "amigo de los animales" porque para serlo tendría yo que ponerme a su nivel y, aunque no soy perfecto, no me creo animal. Sin embargo los respeto desde niño, por ello nunca me atreví a tomar una honda y matar palomas, por ejemplo.
Con todo, me siento muy mal, bastante escandalizado y confundido cuando veo por los medios de comunicación más sociedades de amigos y protectores de los animales que sociedades y asociaciones de amigos de los niños no-nacidos. Quiero decir que no dejo de quedarme pasmado y perplejo al ver que se defiende con entusiasmo, sentimiento y pasión la vida y el bienestar de los animales (perros, gatos, canarios, pericos, monos, osos, focas, ballenas, caballos, etc) pero al mismo tiempo no observo muchas personas -observo muy pocas- que tengan esa misma vehemencia para defender la vida humana de aquellos que por no poder hablar no se pueden defender: los niños no-nacidos que son diariamente asesinados en el vientre de sus madres con el pleno o parcial consentimiento de sus madres.
No dejo de quedarme sorprendido cuando veo que, por ejemplo, en las playas de un país civilizado cientos de personas luchan por salvar la vida de unas ballenas moribundas y lloran a su lado, hacen vigilias para pedir que salven a esos cetaceos... pero ellos mismos no dicen nada para defender los derechos de miles de miles de niños que mueren en el vientre de sus madres porque son considerados poco menos que muelas picadas que hay que sacar del cuerpo para dejen de doler y fastidiar.
¿Será que ahora los seres humanos sólo podemos ser "amigos de los animales" pero no -en absoluto- podemos ser amigos de los no-nacidos?
Y hasta parece que varios de los encarnizados defensores de los animales son, por otro lado, defensores de políticas abortistas.....
¿Será posible que tengamos lágrimas suficientes para llorar por un perro o un gato que se muere pero no tengamos esas mismas lágrimas disponibles para llorar por los miles de miles de abortos que se cometen en nuestros civilizados y muy cristianos países occidentales?
¿Tendremos que aceptar que ahora la vida de un gato, de una foca bebé, de un canario, valen mucho más y son más defendibles que la vida de un niño que se gesta en el vientre de su madre y que está a punto de ser asesinado porque es considerado enemigo de la libertad personal de sus progenitores?
¿Nos causa más lástima ver una ballena muriéndose que ver el cuerpo de un niño perfectamente formado quemado por un ácido y encharcado en su propia sangre dentro de un balde y listo para ser botado a la basura o ser llevado a un lugar donde lo convertirán en producto cosmético?
No, no me parece justo que se defienda tanto a los animales pero que nadie o casi nadie levante la voz para protestar por la mentalidad abortista que día a día crece en nuestros países.
Mil veces más levantaré mi voz por los no-nacidos.
lunes, 15 de junio de 2009
Sagradas costumbres
Me da la impresión de que Jesucristo al ser siempre impulsado por el Espíritu ha sido muy libre y quiere que seamos gente muy abierta a la sorpresa divina. Él no nos quiere anclados en costumbres que se repiten muchas veces sin alma y peor todavía, sin fe.
Pero nosotros generalmente vamos buscando seguridades. Incluso en el mundo religioso queremos muchas seguridades para sentirnos bien. Y un modo de asegurarse es seguir una costumbre religiosa, aunque a esa no le corresponda una fe viva.
Y Dios se goza siendo libre, se goza al esconderse y mostrarse en medio de nuestras costumbres, rompe nuestros esquemas, nos asombra, nos saca de nuestras seguridades acostumbradas, nos muestra siempre caminos nuevos, nos dice que todo aquel que ha nacido del Espíritu no sabemos ni de donde viene ni a donde va.
Y pienso también que Dios no puede ser Dios en el corazón de quien está atado a sus propias seguridades, porque obrando así le corta las alas al Espíritu Santo, ofrece resistencia a las maravillas de Dios.
Y lo paradójico es que Dios, el Divino Ocurrente, obra con mucha libertad y está dispuesto a sorprendernos en medio de algo tan inalterable como es nuestra Liturgia.
Pero si en algo debemos mostrar como creyentes más creatividad y audacia es en buscar nuevos y más efectivos modos de evangelizar y llegar con Jesucristo a más personas, allí debemos ir desbaratando nuestras "sagradas costumbres".
Dios infinito, el Imprevisible, nos ayude a ser cada vez más creativos para Su Gloria.
sábado, 23 de mayo de 2009
Sanidad
Y digo que me impresiona la obsesión por la salud física, me sorprende todo lo que algunos hacen por sentirse bien o lucir bien, como también me asombra su angustia cuando pierden salud, cuando son víctimas de alguna enfermedad grande o pequeña.
Y claro, no faltan los que ofrecen curaciones rápidas y prontas, los que ofrecen salud total, los que prometen sanación total. No faltan los "pastores" o "enviados de Dios" para sanar a los demás. Y nuestra gente, esas personas obsesionadas y angustiadas por salud, va muy fácilmente detrás de ellos para pedirles, para rogarles que los cure, que los sane, que les quite su enfermedad porque "si hay salud, hay todo", dicen.
No voy a hacer una apología de la enfermedad ni tampoco voy a decir que debemos preferir el sufrimiento, no voy a canonizar el dolor por el dolor ni a fustigar cualquier curación y sanación. Lo que pretendo decir es que muchas de esas enfermedades podrían desaparecer si antes y por sobre todo buscásemos una auténtica SANIDAD.
¿Qué entiendo por sanidad?
Ante todo, aquello que invocaba San Pablo en la carta a los Filipenses: "Por lo demás hermanos, todo cuanto hay de verdadero, de noble, de justo, de puro, de amable, de honorable, todo cuanto sea virtud o valor, ténganlo en aprecio. Todo cuanto han aprendido, recibido y oído y visto en mí, pónganlo por obra y el Dios de la paz estará con ustedes" (4, 8-9).
Pienso que esa sanidad es hoy mucho más necesaria que varias sanidades o sanaciones del cuerpo. Para no caer en la dictadura del cuerpo tendríamos que pensar más en lo que nos ha exhortado San Pablo.
La verdadera sanidad es la del corazón. Porque, ¿de qué nos valdría un cuerpo robusto, una salud de hierro si el interior está a oscuras?
Jesucristo lo había dicho muy claramente: "De dentro del corazón salen las malas intenciones, los asesinatos, adulterios, fornicaciones, robos, falsos testimonios, injurias. Eso es lo que contamina al hombre, no el comer sin lavarse las manos" (Mt 15, 19-20)
Es muy claro que en la mente y en el corazón de Jesucristo lo que más vale es la interioridad del hombre, su corazón sano y limpio. Todo lo demás, lo externo, será sólo el reflejo de lo que se lleva en el corazón. La sanidad es entonces cuestión del corazón más que una simple corrección externa o pulcritud.
¿Acaso no estamos muy necesitados de esta sanidad en nuestro mundo de hoy?
Esta sanidad no se consigue en una campaña de "explosión de milagros" (que es un excelente negocio religioso para ciertos "pastores"). Esta sanidad del corazón es un proceso del Espíritu Divino, es una obra de Dios que toma su tiempo y tiene sus etapas. Pero es preciso dejarse trabajar por el Espíritu, de lo contrario nos quedaremos con las fachadas huecas de una religiosidad insignificante.
Optar por una vida sana será optar por actitudes que contagien paz, alegría, esperanza, optimismo, luz, claridad, bondad, amabilidad, ternura, servicio. Esa es la mejor ecología humana que podemos ofrecer al mundo. Necesitamos gente así, gente sana de verdad, aunque quizá lleven una enfermedad física pero interiormente sanos y luminosos. Esa gente es como Jesucristo.
A este respecto los que nos llamamos creyentes en Jesucristo deberíamos preguntarnos si logramos dar el testimonio de una vida sana en este mundo. Porque es triste encontrar a veces círculos religiosos, grupos o asociaciones de fe, que incluso pueden llevar una etiqueta muy militante y ortodoxa pero que carecen de esta sanidad de alma. Sobre todo los que somos católicos podemos caer en ese error: el creer que son suficientes las fachadas de fe, los gestos y los ritos externos y a la vez olvidar que lo fundamental es honrar a Dios con un corazón sano y que una oración y un rito son más agradables a Dios cuando son avalados por un alma desprendida, humilde y veraz.
Pidamos a Jesucristo, el Señor, el don de un alma sana para darle gloria, ser felices y hacer felices a los demás.
lunes, 11 de mayo de 2009
Alberto
Hace unos días nomás que tu nombre ha saltado a una palestra tristemente famosa, la de los escándalos propios de los medios de comunicación. Tu actitud se ha vuelto el motivo de discusión en ambientes sagrados y profanos. Confieso que ví tu programa de televisión sólo una o dos veces hace tiempo y a retazos. Sé que mucha gente te seguía en tus apariciones en los medios, muchos te estimaban -seguramente ahora también- y se fiaban plenamente de tus consejos y orientaciones. Por lo poco que pude conocer de tu labor evangelizadora y pastoral me dí cuenta de que eras un valor para la obra de Dios; me alegré bastante al saber que contaba con un hermano en el ministerio que fuera tan bien dotado para la comunicación y que tuviera tanto carisma para atraer almas a Jesucristo.
Hace unos días me enteré casi de paso de lo que estabas haciendo, del nuevo giro -para nosotros- que le habías dado a tu vida. He sufrido al ver lo que te pasaba, lo que habías decidido hacer con tu vida sacerdotal. He sufrido porque sé que no pocas personas se han visto de algún modo defraudadas de un padre Alberto que daba una imagen más limpia y transparente de su vida en el seguimiento de Jesucristo.
No te estoy condenando hermano, sólo te digo que muy posiblemente hubieras quedado mejor si te presentabas a tu obispo y le comunicabas tu actual decisión así, sin dañar la sensibilidad y la fe de tanta gente sencilla. Pero también te recuerdo hermano que tú decidiste libremente por la vida del ministerio sacerdotal según el rito católico latino y sabías bien todo lo que ella implicaba e implica, celibato incluído.
No me parecería honesto de tu parte que aprovecharas -como algún medio lo ha sostenido- de tu situación para reclamar a La Iglesia un cambio de parecer en el tema del celibato sacerdotal en occidente.
Muchas cosas se han dicho en los medios, bastante gente ha ganado buenos puntos de raiting con tu "noticia", muchos medios gráficos o televisivos han ganado más dinero con tu "destape". Se ha especulado mucho sobre tí y de paso nos ha caído, como Iglesia-institución, una serie de burlas y barro sobre el ministerio de muchos sacerdotes que no pensamos ni vivimos como tú actualmente has decidido pensar y vivir. Ya te puedes imaginar.
Yo puedo entenderte y comprenderte, soy confesor también. Sin embargo debo decirte que me ha chocado el verte y escucharte en aquella entrevista que concediste a un programa de Univisión. Digo que me ha impresionado negativamente porque allí te mostraste poco delicado y poco considerado, por no decir fresco, en las cosas que afirmaste. No te las voy a repetir, tu sabes bien lo que dijiste. Eso me afectó, te lo digo. Y si tú usaste ese medio tan famoso y visto yo sólo uso este muy modesto blog para expresarme a nombre de quienes deploramos tu actitud en ese entonces. Uno de nuestros obispos peruanos ha afirmado que te ha faltado un poquito de humildad, creo que no le falta razón, te digo lo mismo.
¿Sabes? Hay varias personas que nos están mirando ahora con compasión a los sacerdotes católicos a raíz de todo esto. A mí en lo personal me disgusta que me miren con compasión porque elegí a los 18 años de edad consagrarme a Jesucristo. No me siento un discapacitado ni emocional ni afectivamente, no me siento reprimido ni obligado al celibato sacerdotal. No sé tú cómo lo tomaste Alberto, pero yo me encontré con Jesucristo hace ya buen tiempo y me dí cuenta, en medio de mi personal limitación, de que Él podía llenar perfectamente mi corazón y mi natural vocación de amar y ser amado. No me siento medio hombre por ser célibe, ni me siento en inferioridad de condiciones por haber entregado mi capacidad de amar a Jesucristo. ¿Sabes Alberto? Me siento feliz de haberme consagrado a Él y a su Reino. No reclamo compasión ni rebajas en las "disciplinas eclesiásticas". Tampoco me creo un superhombre ni me creo superior a tí o a otros fallidos colegas. Sé que la consagración a Jesucristo siempre ha sido un terreno resbaladizo, más todavía si uno está muy expuesto a tantas cosas. Cada día me acerco a Él, Jesucristo, y le reafirmo con ilusión y esperanza, mi entrega juvenil. Sé que soy poca cosa y que llevo mi tesoro en vasija de barro, pero eso me hace amar más el don que me ha sido concedido de lo alto. Y si tú hoy dices a los cuatro vientos que no tienes por qué pedir perdón a nadie por amar a una mujer, yo te digo otra cosa: Que grito con orgullo y alegría mi consagración a Jesucristo, que no me siento menos por haberle entregado mi corazón a Dios, que en absoluto reclamo compasión a nadie por ser célibe o casto, que quisiera gritar a los cuatro vientos que Jesucristo es mi vida y es mi alegría, que Él es capaz de llenar el alma y el corazón de cualquier varón normal, que no considero el celibato ni la castidad un tema tabú sino un don que inmerecidamente he recibido y que me ha realizado como persona humana. Soy feliz con Jesucristo.
Alberto, estoy rezando por tí. Yo te recomiendo que comiences una nueva y diferente vida, creo que te ayudará bastante y a ver si -de paso- nos ayudas ante la andanada de ex-sacerdotes o sacerdotes-rebeldes que se apoyan en tu "drama" para irse en contra de lo que La Iglesia con legítima autoridad ha establecido para sus sacerdotes. Y tú ya te habrás dado cuenta de que esos fallidos colegas tienen una facilidad enorme para atraer cámaras y llenar páginas de periódicos y revistas, cosa que nunca o casi nunca tendremos oportunidad de hacer los sacerdotes que somos fieles y trabajamos en silencio sin reflectores ni titulares.
Alberto, voy a seguir rezando por tí.
Sólo te pido que vivas honradamente la vida, del modo que elijas, y que el Señor te acompañe.
Hasta luego.
domingo, 3 de mayo de 2009
Modernas vicisitudes del Buen Pastor
¡Modernos investigadores cibernéticos, en circunstancias aún no esclarecidas, hallaron hace unos días un USB en forma de papiro antiguo en el que se ha encontrado un escrito revelador!
¡Según las primeras averiguaciones de la policía cibernética, se trataría de un reciente escrito que continúa de algun modo el Evangelio según San Juan!
Esta noticia ha remecido ciertos ambientes sagrados y profanos ya que se trataría de la continuación en el tiempo de la antigua Parábola del Buen Pastor. Luego de nuestras investigaciones hemos podido encontrar en calidad de primicia para este blog parte del texto de la continuación de la parábola antes mencionada. Se lo ofrecemos en primicia para ustedes:
Evangelio según San Juan
Capítulo 79, versículos del 110 al 119
"Y el Buen Pastor dijo:
"Yo soy La Puerta, nadie va al Padre sino por mí"
Y entonces un grupo de ovejas muy modernas levantaron la patita y dijeron en coro:
"No puedes ser tan verticalista. Dí mejor que eres "Una puerta" y que otros pueden ir al Padre por otros caminos, no sólo por tí"
Y el Buen Pastor replicó:
"Yo soy el Camino"
Y entonces una oveja representante de las Ovejas por la Libre Elección (OLE), dijo:
"No, Buen Pastor, ya han pasado esos tiempos, hoy debemos ser más democráticos, ¿entiendes? Cada quien tiene sus caminos y no puedes forzar sus vidas, tienes que respetarlas"
Y dijo el Buen Pastor:
"Yo soy la Vida"
Y ovejillas inquietas y machos cabríos respondieron:
"No te metas mucho en nuestras vidas, no puedes quitarnos nuestra autonomía, esta bien que seamos tus ovejas pero no es para tanto, ¿no? No hay que ser tan fanáticos..."
Y dijo el Buen Pastor:
"Yo soy la Verdad"
Y entonces muchas ovejitas comenzaron a balar incontenibles e incontrolables, tanto que ya parecían lobos (lobos vestidos de ovejas, claro). Entonces una de ellas, la más gorda y vieja, hizo callar a todo el rebaño y gritó con aires de autosuficiencia:
"¡No nos puedes imponer tu verdad, tenemos que andar en consensos, tenemos que consultar a las bases para ver si están de acuerdo en que tú seas "El Camino, La Verdad y La Vida" y también tenemos que decidir en consenso los reales alcances de tu función de Buen Pastor para evitar totalitarismos; no puedes ser tan autoritario, no puedes imponernos tu visión del pastoreo, eso ya no se usa hoy en día!"
Y todas las ovejas balaron de alegría por su líder. Y entonces todas, en asamblea general, decidieron que en adelante, ya no serían más ovejas, que ya no tendrían más pastores, decidieron que ya eran "mayores de edad", que a ellas nadie les podía trazar el camino. Les incomodó el hecho de tener que obedecer a cualquier pastor, que no sólo querían escuchar la voz del Buen Pastor sino que querían conocer otras voces, que tenían que conocer la realidad fuera del redil, que también los lobos eran buena-gente, que los lobos no eran tan malos como se decía, que todo dependía del lado por donde se miraban las cosas, que en todo hay bondad y maldad, que nada es absoluto...
Y entonces, haciéndose a un lado del plenario ovejuno, una oveja con aires de intelectualidad se le acercó al Buen Pastor, que había quedado pensativo, y le dijo casi al oído: "Mira Buen Pastor, yo te respeto y te admiro, en verdad sé que eres bueno, pero... ¿cómo te diré? Ehhh... Tienes que ser más cuidadoso y delicado, no debes ser tan vehemente, ¿me entiendes? Calma y prudencia, tú sabes: calma y prudencia" (lo dijo remarcando cada sílaba). "Entiendo lo que quieres decir pero... no es aplicable. No te hagas problemas, no te radicalices mucho en tu postura, no seas extremista, te van a dejar sólo si te pones así. En cambio, si les dices lo que ellos desean escuchar, entonces correrán a tus pies sin dudarlo, es cuestión de táctica, ¿me entiendes...?"
Y el Buen Pastor replicó:
"Yo soy el Buen Pastor, yo doy mi vida por mis ovejas, al asalariado no le importan las ovejas. Yo conozco a las mías y las mías me conocen..."
Y entonces, sintiéndose muy ofendida, la oveja con aires de intelectualidad fue y avisó a la oveja gorda y vieja y juntas pasaron la voz a todas las ovejas y las amotinaron y decidieron dar muerte al Buen Pastor.
Y tomaron preso al Buen Pastor y lo llevaron a presencia del lobo.
Y el lobo abrió el hocico y dijo:"
Lamentamos no haber conseguido las otras partes del texto.
Ofreceremos más detalles de este hallazgo impresionante en nuesta próxima edición...
viernes, 1 de mayo de 2009
Juan
Y una de las cosas que nos deja pensando es que Jesús es tajante al decir que sólo los que son "como niños", sólo ellos entrarán en el Reino de los cielos. Nótese que no dice "los que son buenos", "los que se portan bien", "los que no hacen mal", sino: "los que son como niños".
Y ese es el gran misterio de nuestro seguimiento de Jesucristo: Que por lo general cuando esuchamos eso simplemente no le damos importancia, nos parece una "cosa de niños", una cosa de poca monta, una cosa accesoria. Generalmente nos enfrascamos en moralismos sin fin, en establecer normas y seguir tradiciones o incluso en cuidar imágenes, pero aquello de "ser como niños" ni lo entendemos bien ni nos interesa grandemente, "hay cosas más importantes" después de todo, según nosotros.
Y sin embargo en el "ser como niños" está la clave de una verdadera imitación de Jesucristo, de un verdadero camino de santidad. Y para ser como niños habrá que detenernos a contemplar con calma y paciencia las actitudes, los gestos y las disposiciones de los niños, de los pequeños, de los inocentes.
Yo doy gracias a Dios por el hecho de que Él se me ha manifestado muchas veces en la presencia, en la voz, en el cariño y en la alegría de los niños. No le pido a Dios manifestaciones ni signos extraordinarios para caminar en la fe o para creerle, me basta contemplarle en los pequeños, en los inocentes. Sus sonrisas, sus palabras, sus juegos han sido y son para mí los mejores signos de la presencia de Dios, de su cercanía y también de su cariño incondicional. Y viéndolos me parece entrever mejor el corazón de Jesucristo, me parece que le entiendo un poco mejor, se me torna más claro aquello de ser "como niños" y pienso, si no es falta de respeto por Él, que Jesucristo fue siempre un niño grande, o mejor: un grande con alma de niño.
Hace unos días nomás estuve visitando una pequeña comunidad campesina ubicada a más de 3 mil metros de altura. Era una mañana cubierta de neblina y fina llovisna. Luego de saludar a las autoridades y profesores de la escuela rural me dirigí a la capilla. Al entrar, se me enterneció el corazón al verla repleta de niños pequeños. Niños pobres, hijos de campesinos, con sus ojotas, vestidos pobremente. Me emocioné más y tuve que hacerme fuerte al sentir que me aplaudían y me miraban como si fuera yo una gran visita. No me siento grande ni mucho menos tan importante. Pero aquellas caritas con los ojos bien abiertos me cautivaron. Luego de algunas palabras y de confesar a algunos que eran mayores, me dispuse a comenzar la Eucaristía. Cantaban fuerte y muy decididos y aunque quizá ese corito no era el de la Capilla Sixtina, a mí me parecía estar probando un poco de cielo adelantado.
Yendo adelante en la celebración reparé en el rostro y en la mirada de un niño pequeño que estaba en la primera banca, a sólo un metro y algo del altar de misa. Yo lo miraba de rato en rato para ver cómo él miraba lo que yo hacía. Aquel pequeño tenía los ojos bien abiertos, casi diría que se bebía con los ojos cada cosa que yo hacía. Pero no sólo miraba, todo él estaba metido en cada rito de la Misa, estaba como extasiado, sus manos tan pequeñas se habían quedado como suspendidas en algun gesto que estaba por hacer pero que quedó a medias porque sus ojazos estaban comiendo y bebiendo las cosas de Dios. Yo estaba impresionado.
Al momento de la homilía pude notar que él me seguía con la mirada, se reía y asentía las cosas que yo iba diciendo, diría que él gozaba cada cosa y que era libre por ello. Él disfrutaba ese momento de Dios, se sentía feliz. Y así transcurrió la misa: él estuvo atento a todo y no se perdió nada.
Al final de misa ellos cantaban y luego de aprender una canción que les enseñé iban saliendo para volver a la escuela. No pude aguantar más y lo "capturé": "¿Cómo te llamas?" Con esos ojazos bien abiertos y sonrientes me contestó: "Juan" y se fue corriendo. Luego intenté encontrarlo en el recreo de la escuela pero ya no lo ví más.
Quizá los niños pequeños como Juan entienden mejor aquello que dice la Biblia: "Amarás al Señor tu Dios con todo el corazón, con toda el alma, con todas las fuerzas..."
Así habrá sido y debe ser el corazón de Jesucristo.
Juan: Donde quiera que estés, te agradezco por tu alma clara y por ese modo de meterte en las cosas de Dios. Gracias pequeño porque eres una hermosa transparencia de Dios, gracias porque muy seguramente sabes lo que significa ser "como niño" y porque te pareces mucho a Jesucristo.
Gracias Juan, nunca pierdas esa alma grande y abierta para con Dios.
jueves, 23 de abril de 2009
Aires de resurrección
Estoy intimamente persuadido de que la gracia vence al pecado y que allí donde está el signo de la muerte también puede brillar, puede despuntar, la resurrección.
San Pablo nos dice que allí donde abundó el pecado sobreabunda hoy la gracia. Creo -con firmeza- que esa es la fe fundamental: Creer que es posible la vida allí donde todo es muerte, creer que es posible la resurrección allí donde todo dice lo contrario.
Allí está el reto de la fe. Creer en la resurrección tanto como creer que es posible la propia santidad aún cuando ya sabemos de memoria nuestro historial repetido de pecado y debilidad.
Se hacen fuertes nuestros aires de resurrección cuando apostamos por "lo imposible" y no hacemos caso al Acusador que de modo infame "no cesa de acusarnos ante nuestro Dios día y noche" como dice la Escritura.
Apostar por la resurrección es no hacer caso a esa vocecilla del enemigo y de nuestra propia mediocridad que nos dice que "no se puede", que "es imposible", que siempre será lo mismo, que no tenemos arreglo, que es inútil levantar cabeza.
Yo conozco gente que me ha demostrado, muy modesta y verdaderamente, que esos aires de resurrección son reales y que oxigenan el alma más que cualquier cosa.
"Yo solita salí de allí"
Eran más de las 11 de la noche, llevaba yo más de cuatro horas confesando a muchos jóvenes, chicos y chicas, que en unos días recibirían la Confirmación, era la última noche de retiro y las confesiones no podían faltar. Me sentía humanamente agotado, mi colega nunca llegó a darme una mano, así que tenía que confesar a 140 jóvenes esa noche. En eso, luego de un larga confesión de un chiquillo muy arrepentido, entró al confesonario una joven y comenzó su historia. Luego de absolverle y de certificarle que Dios le había perdonado y que él no tenía nada en contra de ella, se puso a llorar. No lloraba de dolor sino de alegría y en medio de sus lágrimas me dijo: "Yo solita salí de allí, me propuse y lo logré, nadie me ayudó" Su infancia había sido muy dura, experimentó la pobreza, el abuso sexual, el maltrato, una adolescencia muy oscura. Y ahora luego de confesarse, me decía que ella con esfuerzo y buena voluntad había salido de ese ambiente, no se había degradado más, y ahora estudiaba y llevaba una vida recta. Cierto que Jesucristo le había ayudado, aunque se había quedado humanamente sola, aunque su entorno le decía todo lo contrario: no saldrás de esto. Lo había logrado y lloraba de alegría por el perdón de Dios y porque él le había sacado del barro.
Jesucristo había resucitado en ella, aleluya.
"Yo me fumaba todo el antiguo testamento"
Él no recuerda muy bien cuando había comenzado a fumar. Su familia fue siempre un poblema, porque casi nunca los vio juntos y menos, felices. En el barrio habían muchos que fumaban de todo, él pronto aprendió a hacerlo también. Un día le invitaron a un retiro. Él fue sin pensar bien de qué se trataba. En los momentos que podía se iba a su cuarto y se ponía a meditar: iba arrancando las páginas de su pequeña biblia y con el papel cebolla iba fabricando sus cigarros y así... se fue fumando todo el antiguo testamento. Y así lo hizo en varios retiros. Hasta que un día le presentaron al Flaco y él, que por poco y le invita un troncho, se quedó asombrado de la grandeza y la santidad de su nuevo amigo. Hoy le sigue de cerca y es feliz trabajando por el Reino del Flaco, perdón, por el Reino de Jesucristo. Ahora, cuando me lo encuentro le digo bromeando: "¿Me permites revisar tu Biblia?"
Jesucristo ha resucitado en él, aleluya.
"Yo fui responsable de muchas muertes"
Estaba yo en mi oficina avanzando trabajos acumulados y en eso un novicio se me presenta y me dice: "Padre, le buscan, es un señor, se llama Lucho, quiere hablar con Ud". Mientras iba a atenderlo me preguntaba qué Lucho era, no lograba ubicarlo. Luego del saludo me dice: "Ud. no me conoce pero yo sí le conozco a Ud. Quisiera poder hablar con Ud. de un asunto personal" Nos pusimos a conversar, yo tenía cierto recelo pero él casi de inmediato se abrió en confianza. Había sido cabecilla de una organización subversiva por varios años. Ahora estaba arrepentido. Era ahora un cristiano ferviente. En un momento me pareció todo un cuento. Luego tuve la oportunidad de comprobar que no era así. Había contraído una enfermedad de muerte. Sabía que su vida acabaría más temprano que tarde. Lo conocí los últimos ocho meses de su vida. Recuerdo la vez que me llamó de un hospital público y que me contaba que el capellán le había confesado y que se sentía feliz, que incluso le estaban preparando a la primera comunión, que había vuelto a la fe católica, que el párroco le hizo abjurar de su confesión evangélica anterior y que se sentía feliz de "volver a casa". Meses después, con el rosario en mano, Lucho moría con sida en un hospital público, con los ojos limpios e ilusionados por ir a ver a Jesucristo, a quien le había entregado su vida en los últimos años.
Jesucristo había resucitado en él. Aleluya.
Y como ellos, sé que hay muchos que pueden testimoniar que también hoy Jesucristo vive en sus vidas y que los aires de resurrección pueden ser más fuertes que el smog del pecado y de la desesperanza.
Porque si Jesucristo ha resucitado, todo es posible de alcanzarse con su gracia.
Aleluya!!!